La revolución verde de los barrios marginales de Medellín

La revolución verde de los barrios marginales de Medellín

El sendero que rodea al valle de Aburrá ha dignificado vidas y combatido la violencia.

notitle
15 de agosto 2015 , 05:51 p.m.

Las cadenas montañosas que abrazan a Medellín, al valle de Aburrá, se resisten a ser devoradas por el concreto, las viviendas irregulares y la deforestación que amenazan con convertir esta tierra de tradición floricultora en una muralla que separa a la gente de la naturaleza.

La semilla de un Cinturón Verde Metropolitano está siendo plantada por las manos de 2.800 vecinos de barrios marginales, carentes de espacio público, que hallaron una segunda oportunidad en un proyecto de infraestructura y conservación para las 13.143 hectáreas que rodean a la capital antioqueña. (Lea también: Educación ambiental en las comunas de Medellín)

Carmen Agudelo es una de ellos. Tras 10 años de trabajar como empleada doméstica y con cinco hijos por alimentar, halló una oportunidad de sentirse más útil y de trabajar cerca de casa, para evitar que sus muchachos se descarríen.

Hace año y medio comenzó su nueva vida: puso adoquines y ahora administra el aula ambiental del barrio 13 de Noviembre. Ese ha sido, por ahora, su tránsito por las obras del Jardín Circunvalar que se construye en el Cinturón Verde, que este año contará con 5 kilómetros de senderos peatonales construidos, más de 206.000 metros cuadrados de parques y espacio público y más de 31.000 metros cuadrados de huertas agroecológicas.

Pero la transformación más profunda ha sido la de adentro, una que le debe a los trabajadores psicosociales de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) de Medellín –a cargo de las obras–. “Aprendí a escuchar a mis hijos. Antes resolvía todo con una pelea. Ellos también aprendieron a escucharme... ¡Qué me iban a escuchar si yo llegaba con la correa!”, cuenta. (Lea también: Crean programa de TV para educar en salud a las comunas de Medellín)

Si los siguientes alcaldes continúan con el proyecto, lograrán rodear a toda la ciudad con el Jardín Circunvalar, que incluirá más de 56 kilómetros de senderos e igual número de ciclorrutas, para poder recorrer la ciudad a pie, desde sus montañas.

También se llenará de parques ecológicos y de huertas comunitarias que enseñarán maneras productivas a las comunidades de bajos ingresos.

Cinco estrategias para el cambio

Según la EDU, el plan para el Cinturón Verde no puede prescindir de cinco ejes, o mejor, cinco estrategias que permitirán no solo contener la expansión de la ciudad hasta desbordar los cerros, sino recuperar a las comunidades de la segregación, la violencia y la inseguridad urbanas.

La primera, consiste justamente en controlar la expansión con una visión integral del desarrollo, que les provea a las comunidades de estas zonas periféricas contar con equipamientos culturales, deportivos y de espacio público. En esto también es clave la presencia institucional: policía, funcionarios públicos, etc.

Nada de lo anterior funcionará sin el segundo objetivo: proveer vivienda segura, sostenible y accesible, con acceso a servicios públicos y mitigando riesgos en áreas vulnerables a desastres, para que no se repita la tragedia de Villatina, un barrio en el cerro Pan de Azúcar (donde hoy se construye el Jardín Circunvalar) en el que 500 personas quedaron sepultadas en un deslizamiento, en 1987.

La Alcaldía de Medellín espera haber construido o al menos iniciado las obras de 1.000 unidades de vivienda nuevas y más de 80 mejoramientos de viviendas que ya están hechas. (Lea también: El arte urbano le cambia la cara a la comuna cinco de Medellín)

En tercer lugar está la adecuación de espacio público, con ecoparques, plazoletas y gimnasios al aire libre. Por estético que parezca, esto ayuda a los jóvenes a ocupar su tiempo en actividades sanas y alejarlos del vicio del delito.

Una cuarta estrategia es lograr la sostenibilidad integral del territorio. Para esto se ha involucrado a la comunidad. Se hace urbanismo pedagógico, para capacitar a los vecinos en construcción, recuperación ecológica, administración, manejo de residuos sólidos y cultivo. Así, cuando acaben las obras, les quedarán el aprendizaje y la posibilidad de generar ingresos.

Por último, y esto no es menos importante, a toda la ciudad le quedarán el sendero, que bautizaron el Camino de la Vida, y la ciclorruta apodada ‘Ruta de Campeones’. Estos se conectan con dos nuevos cables que están en construcción: el de 13 de Noviembre y el de Villa Sierra, barrios ubicados en el cerro Pan de Azúcar, uno de los siete cerros tutelares de Medellín. “Los cables son fundamentales porque abastecen de transporte a unas comunidades que no tenían otros sistemas de movilidad para llegar al centro de la ciudad”, explicó uno de los funcionarios de la EDU.

¿Por qué se iniciaron las obras justamente en el Pan de Azúcar? A esta montaña la atraviesa una de las reliquias arqueológicas más importantes del país. Se trata de un camino ancestral hecho en piedra y que ha sido conservado y restaurado por arqueólogos.

“Es un punto turístico importante y esto genera unas dinámicas económicas que dan oportunidades a las comunidades de tener mejores ingresos”, explicó el funcionario.

En medio de toda esta revolución, jóvenes como Mauricio Mejía han tenido una segunda oportunidad. Salió desplazado por la violencia de Nariño (Antioquia) y llegó hace más de tres años al valle de Aburrá. No fue fácil conseguir empleo y el Jardín llegó como el milagro que necesitaba para criar su primera hija que venía en camino. Hoy tiene 13 meses.

“Eso es muy bacano. La delincuencia bajó mucho, porque hay más empleo. Además, uno construye es para los hijos de uno: vienen y juegan en el parque que uno construyó”, cuenta orgulloso.

Camino para segundas oportunidades

El sendero peatonal y la ciclorruta que conectan con el Cinturón Verde en los barrios 13 de noviembre y Villatina, en la comuna 8 de Medellín, parecen obras pequeñas, modestas a simple vista, pero cumplen un propósito intangible que engendra la revolución de la ciudad.

El testimonio de Alexis y Anderson da fe de ello. El primero era miembro de ‘Los poetas’, una pandilla de más de 30 muchachitos de 13, 14, 15, 16 años que sometieron el barrio al temor. Se bautizaron así porque les gusta el rap y el hip hop.

Vecinos que construyen el Jardín (de izq. a der.): Luis Aristizábal, Mauricio Mejía, Orlando Olarte, Leison Romaña –funcionario de la EDU–, Carmen Agudelo, Yeison Echaverraga, Anderson –expandillero–, Joaco el ‘alcalde’ y Alex –guía ambiental–.

‘Los poetas’ eran los adversarios de ‘Nación 48’. Una fiesta en uno de los bandos, era la oportunidad para que el otro saboteara, sin inocencia infantil, con la crudeza de quien quiere hacer daño. Algunos robaban, por diversión y por necesidad.

Anderson era un vecino de barrio, distante de las mañas, pero en permanente confrontación con Alexis y su combo porque vandalizaban las obras del Jardín Circunvalar, en el que trabaja como guía ambiental.

“Un día yo iba barriendo y había un pelado de unos 14 años con un cuchillote. Pensé que iba a dañar los palos del puente o algo así. Me quedé mirándolo sin decir nada y me bravió con el cuchillo.

– ‘A este que le pasa. Qué es la miradera’, me dijo.
Yo me le devolví y le dije:
– Vea, yo trabajo cuidando eso y lo veo con el cuchillo y pienso que va a hacer daños.
– ‘No, tan fastidioso’, me respondió”.

Su carácter viene de una educación militar que lo enorgullece, pero a la que renunció porque quiere hacer lo suyo, tener lo propio.

A Alexis, la realidad lo golpeó con biberones y pañales. Solo tenía 16 años, una boca que alimentar y pocas oportunidades. Cuando su mamá intercedió por él para que la presidenta de la Junta Administradora Local lo ayudara a conseguir un trabajo, vio la oportunidad como una obligación.

“Los pelaos me la montaban por meterme en esto. Cuando yo iba a trabajar, iba todo bravo... yo quería era estar en la calle”, cuenta. Ahora tiene 20 años y otro pequeño de un año. Sus dos hijos merecían la pena el esfuerzo.

“Eso lo pone a uno a pensar mucho, a cambiar. A uno le toca salir a rebuscársela y de cualquier manera. Pero este trabajo me sacó de eso”, confiesa Alexis, que ya no es poeta si no ayudante de obra, y pierde los ojos en las viejas pilatunas con un brillo que delata su pasado en las calles.

Anderson, con la seriedad que ameritan las transformaciones de verdad, asegura: “Nosotros no nos hablábamos, nos la llevábamos en la mala. Pero ya con este trabajo, todo esto cambió hay más amistad. Uno se saluda. No es que nos la pasemos juntos, pero ahora uno se emparranda con el que lo dañó”.

Se puede decir que el Jardín Circunvalar le salvó la vida al expandillero. “Soy un drogadicto y le he bajado porque me mantengo ocupado. Y en el trabajo pues no puedo consumir, porque me regañan. Me quedan chuecas las cosas y me toca repetir”, dice Alexis y se ríe fuerte.

Pero el cambio es más profundo que eso, según ‘Joaquín’, contratado por la EDU para funcionar como líder comunitario, como camaleón que viene de afuera pero se mezcla en una comunidad llena de desconfianza, donde la violencia y la inseguridad han roto los lazos. “Estos muchachos amenazaban a la gente y la atracaban. Eran un mal ejemplo. Una oportunidad de trabajo social, casi que de resocialización, cambió la perspectiva. Hasta afectaba a los adultos, porque sus hijos se peleaban y cada padre defendía lo suyo”.

Anderson y Alexis tienen sus nombres grabados en una gran placa en el sendero, junto a los de otros vecinos que transformaron la comuna 8. “La gente que me veía en una esquina tirando vicio, y ahora me ponen de ejemplo. No hay nada como eso. Ahora con esa placa, uno se pone a chicanear, para ver el nombre de quién estuvo primero, quién ha trabajado más tiempo, y ahí estoy”, dice Alexis.

¿Qué hacen otras ciudades?

Anillo verde, Vitoria-Gasteiz

Vitoria-Gasteiz, una ciudad en el extremo nororiental de España, ha hecho una barrera natural que abraza su perímetro urbano. Lo llaman el Anillo Verde y ha convertido algunas zonas deprimidas y erosionadas en áreas de reserva forestal, de agricultura y de pastos que protegen los recursos hídricos.
Esta área, que se concibió desde los años 90, está comprendida por ocho parques –Zadorra, Salburua, Olarizu, Armentia, Zabalgana, Alegría Errekaleor y Lasarte– que se conectan entre sí a través de 79 kilómetros de senderos peatonales y para bicicleta, lo que incentiva el turismo y la apropiación de ese espacio por parte de los ciudadanos. Se espera que llegue a tener de 960 hectáreas de extensión.

Cinturón verde, São Paulo

Desde 1994, São Paulo (Brasil) destinó 1,6 millones de hectáreas para una reserva que se convertiría en el cinturón verde más grande de la región. Más de 150.000 ciudadanos firmaron una petición para consolidar la reserva y evitar la construcción de una autopista perimetral. Es parte de la Reserva de Biósfera Unesco y, además de conservar varios ecosistemas, ha contenido la urbanización en periferia. Tiene zonas para producción agrícola, y de transición, así como senderos y circuitos turísticos y gastronómicos.

Parque Bicentenario, Santiago de Chile

El terreno árido del cerro San Cristóbal, en Santiago de Chile, era una cantera y se pensó como un pulmón verde desde 1870.

Solo hasta 1916 se empezaron a expropiar los terrenos a los privados para cumplir el sueño y convertirlo en un parque urbano. Se reforestó, se le construyó un funicular, y para los años 60 ya tenía piscina y una plaza. Hoy tiene 722 hectáreas de extensión y es uno de los mayores parques metropolitanos del mundo.

En el 2012 se buscó la manera de generar una mayor apropiación por parte de los niños de barrios cercanos, sin hacer terrazas para poner juegos infantiles. Los arquitectos de la firma Elemental aprovecharon la ladera para hacer rodaderos seguros y un sendero, para corregir dos problemas: el déficit de espacio público de calidad y la inequidad social y económica.

Reserva Santa Rosa, Los Ángeles

Unas 3.400 hectáreas en la meseta de Santa Rosa, al sureste de Los Ángeles, California (EE. UU.), que estaban empezando a ser urbanizadas, fueron adquiridas por una ONG llamada The Nature Conservancy (TNC), para ser recuperadas.

Esta zona de pastizales de Los Ángeles estaba urbanizándose. Una ONG compró tierra para hacer la reserva. Foto: Justin Lowery, usuario de Flickr

Es un área llena de pastizales, bosques de robles, mesetas, cañones estrechos y 49 especies de flora y fauna en vía de extinción, que recibe a más de 40.000 visitantes al año.

TNC empezó a comprar tierras desde 1984 y pocos años después se amplió con recursos públicos. TNC y el gobierno tienen la propiedad, pero bajo una sola administración biológica. Evitan que se convierta en una isla ecológica al hacer un corredor de transición.

¿Fin de la expansión urbana?

Pocas son las críticas a proyectos como el de Medellín, por su talante ecológico y urbanístico. Pero algunos temen que, en lugar de controlar la expansión urbana, produzca lo contrario y la estimule.

Tiene sentido que a mayor cantidad de parques, senderos, vías de acceso y modos de transporte, muchos lo vean como un lugar atractivo para ocupar.

Aún más en una ciudad que debe gran parte de su crecimiento a la violencia del conflicto armado y a las urbanizaciones informales: a 2012, había casi 190.000 víctimas de desplazamiento forzado (el 8,7 % de la población total).

Voceros de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) de la ciudad señalaron que son conscientes de este riesgo.

Muro en Río de Janeiro, apodado ‘Muro de la Vergüenza’. Foto: O Globo

“Siempre existirá esa posibilidad, esa es la realidad del crecimiento en las urbes del país”, aseguraron.
No obstante, el alcalde Aníbal Gaviria ha defendido el proyecto en varias ocasiones y ha señalado que “si se quiere que no pase nada en esas zonas, que se le dé la espalda, es condenarlos a la subnormalidad y al subdesarrollo”.

Ciudades como Río de Janeiro (Brasil) han intentado medidas drásticas: en el 2009 hicieron muros de hormigón para evitar que las favelas se expandieran por las laderas y acabar con la deforestación. Pero al tiempo aumentó la segregación social, pues se instalaron en áreas que los separaban de zonas turísticas y de clases ricas y medias.

EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.