Sobre el vino argentino / Hablemos de vinos

Sobre el vino argentino / Hablemos de vinos

Tengo la sensación de que en todo el mundo del vino hay un deseo de emancipación de los enólogos.

15 de agosto 2015 , 03:30 p.m.

Estoy por estos días en Mendoza, catando vinos argentinos para una nueva edición de Descorchados, que aparecerá en el mercado a mediados del próximo año. Como siempre, la experiencia de la cata junto a casi doscientos productores ha sido alucinante. Nada mejor que sentarnos a conversar de sus vinos, de sus puntos de vista.

Los vinos argentinos tienen muchas cualidades. Entre ellas, la libertad con la que cuentan los enólogos para producir sus vinos, para darles partida a sus proyectos personales. En Chile, al otro lado de la cordillera de los Andes, eso es un fenómeno reciente. Pero en Argentina eso es algo que viene en el ADN de los hacedores de vinos, es algo que es parte de su cultura.

Una primera lectura al fenómeno de multiplicación de pequeñas embotellaciones, de la diversidad de marcas, es la inquietud de los enólogos por expresarse más allá de las exigencias que la bodega para la que trabajan les imponen. Y sí, puede que se deba a eso. Tengo la sensación de que en todo el mundo del vino hay una cierta emancipación de los enólogos, cada uno exigiendo libertad.

Pero creo que la razón de fondo está en la cultura del vino en Argentina. A diferencia de la chilena, que ha sido industrial, más enfocada en las exportaciones y con una producción artesanal muy restringida hacia las zonas rurales y alejadas, en Argentina la cultura del inmigrante europeo que llegó al Nuevo Mundo con sus costumbres es lo que marca. La idea de plantar trigo, de plantar olivos y parras para continuar con su cultura gastronómica que abandonaron al otro lado del mar. Todo eso se ha perpetuado.

La inmigración, sobre todo la italiana, tiene raíces muy profundas en el vino argentino. Por lo tanto, la idea de elaborar un vino propio, más que moda o emancipación, es algo que tienen en la sangre. Es por eso que este año, más que ningún otro, hemos tenido en Descorchados una seguidilla de pequeños productores, aquellos que corresponden a “vino casero” (máximo 4.000 litros) o a “bodega artesanal” (máximo de 11.000 litros), dos categorías que han ido en alza en el último tiempo o, mejor, que parecen salir del anonimato y atreverse a mostrar lo que hacen más allá del circuito habitual de tabernas locales o de su círculo de amigos.

Esto, en resumen, tiene convertida a la escena de vinos argentina en un entretenidísimo muestreo de marcas y etiquetas que aparecen todo el tiempo, todo a un ritmo tan vertiginoso que cuesta mucho seguirlo. Mucho de esto, claro, apenas se encuentra en el mercado local y ni hablar del extranjero. Sin embargo, si yo fuera un importador en un mercado que nace al vino como el colombiano, me vendría una semanita a Mendoza a probar, antes que otros lo hagan.

PATRICIO TAPIA
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.