Cuando la 'Amenaza Verde' ganó su primera estrella

Cuando la 'Amenaza Verde' ganó su primera estrella

Jorge Colmenares es uno de los protagonistas del libro histórico 'Una pasión vestida de verde'.

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14 de agosto 2015 , 09:37 p.m.

El 12 de diciembre de 1965 Cali saltó de alegría. Por primera vez en 18 años de historia del fútbol profesional colombiano un equipo del Valle del Cauca se coronaba campeón.

Al final de la tarde y a una fecha antes de terminar el torneo, Deportivo Cali venció como visitante al Cúcuta Deportivo por 3-1. Era suficiente. (…)

La gente se aglutinó en los alrededores del estadio Pascual Guerrero para empezar un desfile por las principales vías de la capital a pie y en carros. (…) La alegría era tal que hasta los hinchas del América se sumaron al festejo.

El lunes la fiesta fue mayor para recibir al equipo, que llegó pasadas las 3 de la tarde al viejo aeropuerto de El Guabito. La alcaldía había decretado día cívico y empresas transportadoras ofrecieron llevar gratis a los hinchas, como efectivamente ocurrió.

La gente había llegado temprano para no perderse nada de la bajada de los campeones por la escalerilla del avión de Avianca. Se calculó que unas 50.000 personas los recibieron y que otras 200.000 los saludaron a través del largo recorrido de tres horas en un carro de bomberos hasta el Hotel Miami, en el centro de la ciudad.

Para entonces Cali tenía apenas 615.000 habitantes, estaba lejos de ser la ciudad que es hoy y preparaba su novena Feria (…). El gran impulso para la ciudad vino con motivo del otorgamiento de la sede de los Juegos Panamericanos de 1971, que implicó una inédita inversión en infraestructura.

A las 3:30 aterrizó el avión y fue la locura. Nadie puede contar minuto a minuto lo que pasó allí. Lo único es que la felicidad fue enorme. El primero en bajar fue el argentino Óscar Ferreyra. Se asomó tímidamente, sonrió y luego levantó su mano derecha como una reina de belleza. (…) Después bajaron todos.

(…) Nunca antes y nunca después, Cali volvió a vivir una alegría de tal magnitud. Fue tal vez la manera de exorcizar el dolor que arrastraba la ciudad por lo ocurrido nueve años atrás, en la madrugada del 7 de agosto de 1956, cuando la explosión de siete de los diez camiones del Ejército que transportaban 1.053 cajas de dinamita entre Buenaventura y Bogotá rompió el sueño de Cali (…). Ocho manzanas enteras desaparecieron del planeta, murieron 1.300 caleños y más de 4.000 quedaron heridos.

El dolor que dejó la tragedia motivó que al año siguiente se inventaran la Feria de Cali como un paliativo para menguar aquella escena dantesca.

Por eso el triunfo de los verdiblancos en el 65 no fue solo un premio para la hinchada. No. Significó una reivindicación a la condición de caleño. Era una manera de decirle al resto de la humanidad que la ciudad estaba viva por encima del luto (…).

La vuelta olímpica se dio el 19 de diciembre en el Pascual Guerrero en el partido de cierre de torneo frente al América. (…) No importaba el resultado sino hacer la fiesta en el estadio ante casi 40.000 hinchas.

El equipo, que ese año empezó a llamársele la ‘Amenaza Verde’, obtuvo 62 puntos, dos más que Atlético Nacional, el subcampeón.

El 3 de octubre Cali había dado muestras de su categoría futbolística en un partido memorable. A 6 minutos del pitazo final perdía 2-0 con América. Al final ganó 3-2 en una reacción magistral. Esa tarde de domingo el local era el rival y según los periódicos de la época, 37.262 personas fueron testigos de la victoria azucarera. (…)

Era el ejemplo de la efectividad del equipo que había formado el argentino Francisco ‘Pancho’ Villegas, que había llegado a finales del 64 procedente del Cúcuta Deportivo. Ha sido el técnico más victorioso de Cali (campeón en 1965, 1967 y 1969).

Uno de los protagonistas fue Jorge Colmenares, que llegó al Cali en ese año. Nació en Bogotá, pero su vida transcurrió muchos años en Palmira. Su historia es diferente a la de muchos futbolistas. Llegó al fútbol profesional de carambola porque su verdadera meta era hacerse agrónomo, como efectivamente ocurrió. Fue titular en el equipo de Pancho Villegas y dejó el balompié muy temprano. Esta es su historia.

 

Colmenares nació en Bogotá, pero se hizo agrónomo y futbolista profesional en el Valle. Con el Cali obtuvo dos estrellas.

Jorge Colmenares: las casualidades no existen

Vivíamos en el sector del Divino Salvador, cerca de El Campín en Bogotá, en donde algunas veces jugamos el partido preliminar. Esos fueron mis comienzos. Sin embargo, todo cambió cuando me invitaron, de 15 años, en 1953, a pasar vacaciones de fin de año en el Ingenio Riopaila, en el Valle. Un compañero del equipo, Gerardo Martínez Monedero, era hijo de uno de los administradores que controlaban las labores de campo en el ingenio y me invitó a pasar vacaciones allá.

Pasé unas vacaciones de maravilla. Los dos nos la pasábamos jugando fútbol con los equipos de mayores del ingenio. No solo nos dejaban jugar porque él era el hijo del mandamás, sino porque jugábamos bien, modestia aparte. Y se sorprendieron tanto que luego nos llevaron a jugar con la selección de Zarzal. (…)

Entonces se volvió obligatorio ir en las vacaciones al ingenio. (…) Cuando terminé el bachillerato en el Camilo Torres, mi papá me llevó los papeles para presentarme a ingeniería civil y agronomía en la Universidad Nacional en Bogotá. Le dije: “Quiero estudiar agronomía, pero en Palmira, que es la mejor facultad de Colombia”.
Era el primero de la familia que iría a la universidad. Mi papá aceptó y me fui. Llegué a Palmira a estudiar agronomía en 1961. (…)

Era un estudiante normal, un futbolista normal que jugaba porque me gustaba. (…) Jugaba muchísimo mejor voleibol que fútbol. (…) A pesar de eso, me veían más en fútbol porque a las canchas de la universidad iban a entrenar los equipos de Palmira: Industrias Metálicas de Palmira, Sporting Palmira y el Atlético de Palmira. Todo fue dándose. Jugaban contra el equipo de la facultad, en el que yo estaba.

Me ofrecieron jugar en el peor, que era Atlético Palmira, y acepté. Me pagaban 200 pesos. Curiosamente ese año se volvió un equipo fuerte y nos fue muy bien. A nivel departamental ya no era un equipo ignorado, sino que estaba entre los mejores del Valle. Luego me aceptaron en la selección Palmira, en la que jugaba de 8 o de 10.

(…) Jugué en las selecciones Palmira y Valle de voleibol y en la Palmira de fútbol. Pero nunca en la del Valle de fútbol porque el director de la Liga dijo que no necesitaba de jugadores que no fueran del departamento. Podía tener razón, pero cuando él dijo eso me llamaron a la selección Colombia juvenil, en la que estuvieron también Alfonso Cañón y Hernando Piñeros.

Los técnicos eran Efraín ‘Caimán’ Sánchez y Antonio Julio de la Hoz. Debimos ser campeones suramericanos, pero perdimos 1-0 la final contra Uruguay. No quiero a veces ni acordarme porque tuve dos opciones de gol.
En ese mismo año, 1964, el Cali comenzó a ir a entrenar los miércoles en la tarde a la cancha de la facultad. El técnico era Pancho Villegas. Pidieron que el equipo de la facultad sirviera de sparring.

En 1965 me ofrecieron un contrato y acepté. Me vinculé en abril, cuando el torneo ya había empezado. (…) las negociaciones se hacían con un requeteexperto en convencer hasta a los directivos de la Federación, que era don Álex Gorayeb.

Creo que ganaba 400 pesos mensuales y vivía al mes con 120 pesos. Estaba ganando mucho más de lo que tenía de la beca.

Ese Cali de 1965 era un equipo con poca nómina, pero de una cohesión increíble. (…) En el Cali tenía permiso de no entrenar cuando se me cruzaba con cosas del trabajo. (…) Aceptaron que yo trabajara medio tiempo en la CVC como ingeniero agrónomo de reconocimiento de suelos (…). Nunca le dije al técnico que no me pusiera un domingo porque tuviera tareas en la universidad. Siempre cumplí y fueron muy amplios conmigo. (…)

Debo reconocerlo, sí tendíamos a ser descuidados en lo disciplinario (…). Las muchachas se desvivían por los futbolistas. Pero teníamos controles. De pronto el bus del club pasaba por tu casa a las 9 de la noche. “Está durmiendo”, decía alguien. Entraban y levantaban la cobija para confirmar que estabas ahí. Era por orden de Pancho Villegas y de la junta directiva.

(…) ¿Por qué el equipo andaba bien? No era por Olmos, no era por Óscar López. Todos eran importantes. El cerebro del equipo era Ricardo Pegnotti. Paraba el juego, distribuía y cuando había que acelerar, aceleraba.

(…) Jorge Gallego era callado, con una estructura física sobresaliente. (…) Le vi meter un gol que no me explico cómo le quedó la nariz puesta porque seguro que él se tiró a ras de pasto para meter un gol de cabeza, como si fuera paralelo al piso, a una pelota que venía muy fuerte y baja. Metió un golazo. Metía goles que otros no hacían, porque él hacía cosas que nadie esperaba.

Pancho Villegas era un hombre extremadamente sereno, nunca lo oí gritar ni tratar mal a alguien. Era muy bromista, con una velocidad mental impresionante para hacer chistes. Hacía unas bromas y unas respuestas increíblemente graciosas. En los partidos nunca estaba dando instrucciones cada minuto. Lo que dijo al comienzo, y mire a ver cómo lo aplica. Y luego en el intermedio: “Ojo, todo el tiempo se te va por la izquierda”.

(…) Y salió el Cali por primera vez en su vida campeón. Para uno, que es su primer año con el equipo, que el equipo tiene tantos años de estar en el profesionalismo y nunca ha ganado, que uno participe de la primera vez que gana es motivo de orgullo. Dimos la vuelta olímpica en Cúcuta, pero después, realmente, en forma en Cali, en el partido contra América, que perdimos 1-0.

(…) El estadio estaba lleno. Era la locura. No usamos un uniforme especial, pero sí una cinta blanca de campeón 1965. Hubo luego una fiesta en el club para celebrar íntimamente entre jugadores, directivas y socios. Nos dieron a cada uno un paquete de tarjetas personales conmemorativas del título.

Jugué tres años con el Cali y gané dos campeonatos. Luego jugué un año con América. (…) Ya me había graduado de ingeniero agrónomo y quería dedicarme a la profesión. Pensaba que si jugaba fútbol 10 años cuando fuera a salir a trabajar nadie me conocería. Sabría de fútbol, pero de agronomía nada. (…)
Ahí se acabó el fútbol para mí en Colombia.

FERNANDO MILLÁN
Director del diario ‘ADN’

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