Médicos cubanos varados en Bogotá temen por su visa

Médicos cubanos varados en Bogotá temen por su visa

Son unos 1.700 galenos que tramitan visa a EE. UU., pero se las han negado o aún no les responden.

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14 de agosto 2015 , 09:32 p.m.

La bandera de Estados Unidos ondeando desde el viernes en La Habana les cayó como un baldado de agua fría a no menos de 1.700 médicos cubanos que han buscado la ruta para llegar al país del norte, pero que están varados en Bogotá.

Ese es el número de profesionales cubanos que, según Alexánder Martínez Rojas, un fisioterapeuta de la provincia de Mayabeque que llegó a la ciudad el 27 de abril, se han ido acumulando en Bogotá mientras esperan una visa para viajar a Estados Unidos. La Cancillería colombiana y la Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) dicen no tener cifras oficiales.

Algunos llegaron al frío de la capital colombiana en enero pasado, justo cuando los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, de Cuba, acababan de darle la largada al proceso para restablecer las relaciones diplomáticas de los dos antiguos enemigos.

Pero mientras más se acercan los dos gobiernos, más sienten los cubanos establecidos en Bogotá que se aleja la carta que se jugaron para empezar una nueva vida “con libertad” en el país del norte, porque, dicen ellos, han sentido que de enero a la fecha son más las visas que niegan que las que otorgan.

Aylén García Vásquez, una odontóloga, y su esposo, Junior Socarrás, un optómetra, cruzaron la frontera por Cúcuta, en el departamento de Norte de Santander, el 28 de enero, después de desertar de la misión médica Barrio Adentro, en Venezuela.

Llegaron por tierra de manera irregular, reconocen los dos profesionales, quienes de inmediato viajaron en bus a Bogotá y se presentaron a la Embajada de Estados Unidos para solicitar la visa, amparados en el Programa para Profesionales Médicos Cubanos (CMPP, por las siglas en inglés), que abrió en el 2006 el Gobierno estadounidense.
Ese programa se ha convertido en la ruta de escape de médicos y personal sanitario cubano, que aprovechan las misiones médicas de Cuba en el mundo para desertar y acercarse a una embajada estadounidense, donde presentan sus certificaciones como profesionales para obtener el tiquete de entrada a ese país.

Hasta noviembre del 2014, antes de que comenzaran los acercamientos entre los dos países, la embajada estadounidense en Bogotá tenía fama entre los médicos cubanos de ser la más rápida en el trámite.

“Apliqué al programa por colegas que tengo en Miami que me decían: ‘aplica, ve para Bogotá, que es muy sencillo, no vas a demorar ni dos meses. Enseguida te van a dar la visa’. Pero hay personas que llevan ocho meses”, cuenta Alexánder.

 

Sin poder trabajar, y con la escasez de plata, solo pueden salir a caminar o reunirse en algún parque.

Aylén y Junior completaron seis meses y veinte días esperando respuesta, mientras que Alexánder a los dos meses recibió un no rotundo. “El 2 de julio tengo la noticia en mi correo de que me habían denegado la visa”, cuenta entre decepcionado y perplejo.

Alexánder no esperaba permanecer en Bogotá más de 90 días, que es el plazo oficial que fija la embajada para responder al pedido de visa, pero lleva casi cuatro meses, a pesar de la negativa.

“Veo que el gran problema ha sido la relación que hay entre Cuba y Estados Unidos. Desde el 16 de diciembre pasado a la fecha, eso está impactando”, dice este fisioterapeuta de 37 años, que vive en Patio Bonito, un sector del suroccidente de Bogotá, en la localidad de Kennedy, donde paga un arriendo de 350.000 pesos.

Según este cubano, unos 300 profesionales connacionales suyos terminaron viviendo allí y en Banderas (también en Kennedy), después de encontrarse en la embajada. En esta zona el arriendo les sale por la mitad o menos de lo que pagaron algunos de ellos en el norte, donde les cobraban 650.000 pesos y más por una vivienda.

El temor de que el mejoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos frene o acabe con el programa de ayuda está haciendo mella entre el personal médico cubano varado en Bogotá. Algunos decidieron no esperar respuesta a la ruleta rusa en que se ha convertido el trámite de la visa, y emprendieron camino.

“Conozco amistades que se han ido de frontera en frontera con coyotes y no sabemos de ellos, no sabemos dónde están. Se han ido sin esperar una respuesta, porque estamos en un limbo migratorio, que no sabemos cuánto va a durar”, comenta Alexánder.

Pero ese viaje hacia América del Norte es sin retorno. “Siguen su camino cruzando fronteras hasta llegar a Miami”, agrega Jasmani Reyes Ortiz, optómetra de 39 años, que estaba de misión en Carabobo (Venezuela) y llegó a Bogotá el 28 de mayo.

Los esposos Aylén y Junior mantienen viva la esperanza porque a ellos no les han negado la visa, pero con los días la preocupación los agobia. Ella completa 26 semanas de embarazo y dinero no tienen; solo traían para 90 días y ya llevan 200.

“Hemos optado por comer una sola vez al día, porque en Colombia no tenemos derecho a trabajar”, cuenta Junior, quien está más preocupado por el bebé, “porque si nace aquí (en Bogotá) no tiene estatus, pero si nace en Estados Unidos sabemos que sí va a tenerlo”.

“Se supone que no deberían denegar a nadie, es verificar que los documentos estén en orden y darle su visa”, reclama Adriana López, una enfermera con 27 años de experiencia que entregó tres títulos universitarios, con especializaciones y maestría en la embajada el pasado 21 de abril. Ella no entiende ni acepta las negativas de visa porque el programa se creó para ayudar a los médicos cubanos, y eso los viene alentando a desertar.

“A los 58 días de haberme presentado me llegó la denegación, sin darme una respuesta, ni un porqué ni nada”. A esta enfermera cubana no se la ha pasado el enfado. Encima de que le negaron la visa, le dijeron que, si quería reclamar, debía hacerlo por fax. Ya averiguó y el envío de cada hoja le cuesta 5.000 pesos. Hizo la cuenta y por todos los documentos que debe enviar, el trámite le sale por 100.000 pesos.

Ella, al igual que sus colegas, no tiene plata y tampoco empleo porque están de manera irregular en la ciudad y necesitarían visa para trabajar. Administran con rigor los escasos recursos que les llegan de familiares o amigos que los apoyan, porque lo que llevaban consigo para vivir tres meses ya se les acabó. “Lo primero es la renta (el arriendo)”, dicen. Caminan, para no gastar en transporte y no hacen turismo, porque en sus actuales circunstancias es un lujo que no se pueden dar.

“No me doy gusto ni de un helado porque tengo que pagar la renta y malcomer una vez al día, preferiblemente en la noche, para poder dormir”, afirma Adriana, que no tiene problema en reconocer que no la pasa bien en Bogotá, pero disfruta de algo que no tiene en Cuba: “Aquí puedo hablar todo lo que quiero, tengo libertad, y eso es lo que yo quiero”.

Por eso tiene una decisión definitiva: “Le digo sinceramente, si a mí me dicen que me voy para Cuba, yo prefiero matarme. A mí me dicen ‘deportada’, y prefiero desaparecerme. A Cuba no entro más. Porque al entrar a Cuba te ultrajan, te humillan, de hacen talco, te pueden meter presa”.

“Chica, extraño Cuba, cómo no la voy a extrañar, pero mi confianza es que me aprueben la visa para Estados Unidos”, comenta Discel Rodríguez Vega, de 42 años, licenciado en enfermería y nacido en Bayamo, capital de la provincia de Granma. Desde el 5 de marzo está en Bogotá.

“La expectativa es que me llegue pronto la visa para poder ir a Estados Unidos, y entonces trabajar y poder ver si se adelanta en la vida, porque eso es lo que queremos, prosperar y seguir para adelante”, dice Abnolis Castillo, odontólogo de 29 años.

Ninguno de estos cubanos improvisó el abandono de la misión médica que cumplían en Venezuela, porque la mayoría provienen del país vecino. “Me preparé en Cuba, estudié mucho inglés para, si llego (a EE. UU.), poder hacer las pruebas y ejercer, dice Alejandro Prado Combrera, un odontólogo de 26 años que pidió la visa el 11 de marzo. Antes de entrar a la misión ya tenía claro que pasaría por Bogotá.

Todos saben que si las autoridades colombianas los detienen podrían terminar deportados; sin embargo, esa no es su mayor preocupación. Siguen atentos a las noticias de Washington y La Habana. “Si cambian las cosas, creo que los cubanos aquí nos vamos a perjudicar. No sabemos qué va a pasar”.

Ayer, con la bandera de las bandas rojas y blancas y las cincuenta estrellas izada en suelo cubano, las arrugas de preocupación y la incertidumbre se hicieron más visibles en la frente y los ojos de estos profesionales cubanos varados en los barrios de Bogotá.

YOLANDA GÓMEZ T.
Editora EL TIEMPO

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