El umbral de fuego

El umbral de fuego

14 de agosto 2015 , 05:54 p.m.

El umbral de fuego del escritor Eduardo Márceles Daconte es una novela de personajes derrotados que, tras la idea del sueño americano, se derrumban en un mundo abigarrado de ilusiones y dolores. Una novela de colombianos de clase trabajadora que se arriesgan a la aventura del comercio de la droga en un país necesitado de estímulos y de personas que hagan el trabajo sucio dentro de una sociedad devoradora. Con tintes de picaresca del siglo XX, los personajes se desenvuelven como madejas que se revientan con el paso de los días, en altibajos que van de la euforia a la congoja. Aventuras de ilusiones y fracasos en personajes de carne y hueso, vividos, sentidos, hombres y mujeres contagiados por el falso boom de la riqueza en medio de oropeles.

El libro está dividido en pequeños episodios que bien podrían ser cuentos por la redondez argumental. Los protagonistas llegan y abandonan a sus compañeros de desplazamiento y espejismos, engullidos por el silencio o el umbral de fuego. Se nota la experiencia de Márceles Daconte con este género, plasmado en su excelso libro Los perros de Benares y otros retablos peregrinos, publicado por La oveja negra en 1984, en su colección Biblioteca de Literatura Colombiana (100 títulos).

Sólo el autor de la novela El umbral de fuego, que vivió largos años en Estados Unidos, pudo amalgamar este racimo de historias. El lector siente que lo narrado tiene las exigentes dos verdades: la verosimilitud literaria y la exactitud de la investigación que sustenta el mundo fabulado. Porque las calles, los resquicios y los espacios, parecen exprimidos del mapa de muchos sobrevivientes. También se nota el oficio que el novelista tiene para fusionar literatura y crónica. El llamado periodismo narrativo en cuyas fuentes abrevó Márceles de manera lúcida. Se trata de esa tendencia de la segunda mitad del siglo XX que se propone armonizar la literatura con el periodismo y en la cual se destacan significativos escritores estadounidenses, tales como Tom Wolfe, Gay Talese, Norman Mailer o Truman Capote, con un lenguaje directo, rápido, contundente.

Una novela moderna con apartes subtitulados que descansa la lectura pero a la vez la agiliza por la intensidad de los sucesos. Diferentes personajes visitan el libro, como un pintor paisa fracasado (se sabe que Márceles, además de narrador, es curador e historiador del arte), que transita el débil camino de la riqueza momentánea, las venganzas de negocios entre mafiosos y el triste final, abandonado y discapacitado; el portero de un edificio, de origen cubano, que sueña con escribir una novela o como el personaje del escritor que procura en Estados Unidos un porvenir exitoso; todos antihéroes desvalidos.

Con un ritmo cinematográfico, la narración intuye el hoyo negro pero el lector no se aparta, sigue como en un acumulado responsorio de dolor y desamparo. La contradicción entre los momentos esporádicos de alegría frente a los punzantes y permanentes, se presentan de manera sutil unas veces, brutales otras, en el complejo manejo de la psicología de quienes pueblan un libro a manera de crónicas noveladas y chispeantes. Bolas de nieve y carcajadas en inviernos jubilosos, disparos y desesperanza, salpicando las vidas miserables y derrotadas en una sociedad insaciable e infame.

Ahí están los inmigrantes rurales que llegaron a Bogotá en los años 50, huyendo de la violencia bipartidista entre liberales y conservadores, el telón de fondo que vislumbra la historia reciente de Colombia con sus hitos de guerra, represión y éxodo. La ciudad que se pobló desordenadamente, que llenó de miseria calles e invasiones, conducida al sicariato, al dinero fácil o las aventuras atrapadas en El umbral de fuego.

Márceles Daconte también se refiere al grupo de utópicos revolucionarios de los años sesenta, permeados por el avasallante mundillo del oropel. Pasan mujeres de distintos estratos, condiciones y entregas, seres hermosos que van siendo carcomidos por la desidia, el sexo, el fracaso. Escenas eróticas bien manejadas, sin caer en la obviedad, salpican la vida azarosa de los personajes. Lugares y momentos secretos en luchas desiguales, en la zozobra del triunfo o el fracaso, los almíbares y los despedazamientos.

Uno de los episodios más conmovedores es La mujer de Broadway. Una mujer sola y desarrapada que busca entablar una conversación con el protagonista de la novela. Con la solidaridad que caracteriza a algunos seres humanos en cualquier situación límite, acepta la conversación. “Le ofrezco estos dos mil dólares si me ayuda a tirarme al río. Quiero suicidarme”. Él necesitaba esos dólares y la disyuntiva entre la decisión correcta o desatinada la culmina el escritor de manera impecable. No todos los acontecimientos están sostenidos en actos delincuenciales. Los seres que deambulan por las páginas de la novela tienen piel, cuerpo, sentimientos, odios, lágrimas. Son, en definitiva, hombres y mujeres reales.

Esteban y Lorenzo llevan a zancadas unas veces, con lentitud y mesura otras, el duro deambular de seres anónimos. Es un libro que huele a nostalgia desde la patria ajena, con aromas de fríjoles, paisajes, idioma, retratos y recuerdos, hacen la vida más desamparada. El falso brillo se opaca y la existencia se consume sin retorno posible.
El umbral de fuego (Collage Editores, Bogotá, 2015) pertenece a las ágiles novelas que navegan entre el periodismo y la literatura, o la literatura con técnicas periodísticas. Sin querer compararla me recuerda El relato de un náufrago de Gabriel García Márquez o algunos relatos de Truman Capote.

*Escritor tolimense, sus novelas más recientes son El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del circo Atayde (ambas de Cangrejo Editores, 2015) Bogotá, julio de 2015.

Jorge Eliécer Pardo

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