Anderson Galindo, un bogotano que salvó vidas en el terremoto de Nepal

Anderson Galindo, un bogotano que salvó vidas en el terremoto de Nepal

Este estudiante de medicina cuenta cómo fue su experiencia como rescatista en el país asiático.

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14 de agosto 2015 , 02:00 p. m.

Acompañado de su hermano y otros tres rescatistas, Anderson Galindo, estudiante de 25 años que cursa Medicina en la Universidad El Bosque, hizo parte del único grupo de salvamento colombiano que acudió al terremoto que sacudió a Nepal (al norte de India) en abril de este año.

Por poco más de un mes, este joven rescatista perteneciente al Círculo Nacional de Auxiliares Técnicos (CINAT) atendió a centenares de nepalíes cuyas vidas fueron afectadas por este sismo de 7,8 grados en la escala de Richter. A pesar de haber sido el más joven de su grupo, sus conocimientos médicos marcaron la diferencia para muchos.

“Aterrizamos el 5 de mayo en Katmandú (capital de Nepal), 10 días después de la catástrofe. Me impresionó mucho el silencio que se vivía en el aeropuerto. No había caos, sino mucha resignación en el aire”, afirmó Anderson. La tensión de Galindo y su equipo aumentó, ya que para esa fecha, el Gobierno nepalí y las Naciones Unidas decidieron reducir el flujo de rescatistas que ingresaban al país.

“Nos dijeron que no podíamos ingresar porque había demasiados grupos de rescate y muy pocos con conocimientos médicos. Así que mostramos mi experiencia en la Universidad y los cursos de paramédico de mi hermano y líder del grupo, John Alexander, y así obtuvimos el permiso para operar”, señaló Anderson.

Así comenzó el trabajo del CINAT en Nepal, cuya misión era establecer puntos de salud en villas aledañas a Katmandú, donde el terremoto había ocasionado derrumbes, así como daños a las redes de acueductos, situación que hacía a la población propensa a infecciones, alergias y fracturas de extremidades.

“Para llegar a estos lugares recorríamos trayectos de más de seis horas por carreteras peligrosas. Hubo momentos en los que caminamos a una temperatura por encima de los 35 grados centígrados, cargando sobre nuestra espalda un equipaje mayor a los 20 kilos. Aunque, hay que decir que la vista del Himalaya era un aliciente a estos largos paseos”, contó Galindo.

Pero las extensas caminatas apenas eran un preámbulo a la complicada labor que le esperaba al CINAT, más cuando encontraban villas como Nuwakot, donde las redes de acueducto estaban contaminadas por bacterias generadas por desechos orgánicos y las cenizas de los fallecidos del terremoto, que los nepalíes cremaron al aire libre como parte de sus tradiciones mortuorias.

“En varias ocasiones pronosticamos atender 150 personas, pero los casos de deshidratación, diarrea y fracturas llegaban a más de los 300. Además, nos turnábamos entre los cinco miembros del equipo para también remover escombros. Era más trabajo del que pensamos”, comentó Anderson.

Aun así, el grupo de rescatistas siguió con sus actividades sin obstáculos mayores. Sin embargo, esto cambió cuando el 12 de mayo, un segundo terremoto golpeó a Nepal, esta vez de 7,3 grados en la escala de Richter.

“Estábamos retirando unos escombros de un colegio infantil, cuando volvió a temblar. Pensé que era una réplica hasta que vi a mi hermano, junto con otro rescatista, sosteniendo una viga de soporte de este edificio, mientras decenas de niños asustados evacuaban”, relató Jhon, líder del CINAT y hermano del estudiante de El Bosque.

Para entonces, el ánimo de los rescatistas había disminuido. Varios puntos de salud y edificios que no habían llegado a colapsar resultaron afectados con el segundo sismo. Pero, recobraron las fuerzas luego de que el actor hollywoodense Dwayne Johnson, ‘La Roca’, les enviara un video transmitido por YouTube, reconociendo su incansable trabajo.

“Saber que al otro lado del mundo reconocían nuestra labor nos dio las energías para continuar y salvar más vidas. En efecto, para esa época logramos construir un colegio en Bhaktapur, para 360 estudiantes, en tan solo 24 horas, acompañados por otras organizaciones internacionales”, agregó el estudiante de Medicina.

Entrados los primeros días de agosto, Anderson y su equipo ya terminaban sus labores de rescate. Aunque eran sus últimos días, el trabajo no mermaba. El terremoto más reciente había ocasionado un fuerte impacto y los hospitales no daban abasto.

“Uno de mis últimos pacientes fue un bebé recién nacido con una grave herida en la cabeza. La madre estaba sin esperanza, pero pude diagnosticar a su hijo, y así combatimos la infección”, contó.

Cuando Anderson y el resto de su equipo volvió a Colombia, el 5 de junio, familiares y amigos los recibieron como héroes, aunque ellos mismos se consideran afortunados por vivir aquella experiencia. “Sentimos que todos los obstáculos y problemas que vivimos en Nepal fueron necesarios para que salváramos tantas vidas y les diéramos más valor a las nuestras”, aseguraron ambos hermanos Galindo.

Pablo Arciniegas
EL TIEMPO ZONA

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