'Fumando ya no espero...'

'Fumando ya no espero...'

Lo más efectivo para disminuir el consumo de tabaco es un fuerte impuesto a los cigarrillos.

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13 de agosto 2015 , 08:17 p.m.

Estaba Sarita Montiel, tras los cristales de alegres ventanales, fumándose el cuarto o quinto pucho del día, mientras aguardaba al hombre que ella quería. Y entre chupada y chupada cantaba “Fumar es un placer, genial, sensual... fumando espero, al hombre que yo quiero…”. De pronto apareció el hombre, y Sarita, exhalando el humo sensual, estiró aquella boca voluptuosa que tenía, para saludar a su amante con un beso apasionado. Él, sin embargo, hizo un gesto de asco y le dijo: “Hija, joder, que espantoso olor a chicote”. Y se fue. Sarita tiró el pucho a la caneca y corrió a enjuagarse la boca con buches de agua oxigenada disuelta en agua tibia, buenísimos para cortar el mal aliento.

El microdrama anterior no es un comercial de la liga de enemigos del tabaquismo y sus efectos sobre la salud humana, entre los cuales la halitosis es bastante menos perversa que el cáncer de pulmón, causante de la muerte de cien millones de personas en el siglo XX, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que podría matar a mil millones de fumadores en el siglo XXI. Bueno, ellos, como todo vicioso empedernido, se encogerán de hombros y alegarán, con toda razón, que de algo tendrán que morirse.

Está bien que se mueran de lo que les dé la gana; y está mal que pongan en peligro la salud de quienes, sin ser fumadores, quedan expuestos a contaminar sus pulmones inocentes con el humo ajeno.

Las campañas contra el tabaquismo han conseguido algunas victorias inocuas como la prohibición de hacer publicidad al tabaco, la obligación de poner en las cajetillas de cigarrillos la advertencia miedosa de que “el tabaco es nocivo para la salud”, etc. Ninguna de tales medidas ha conseguido que disminuya el número de fumadores. Por uno que lo deja hay tres que lo adoptan. Principalmente los mensajes subliminales de las películas incitan al placer de fumar. No hay casi filme donde alguno de los protagonistas, hembra o macho, no prenda repentinamente un cigarrillo y se lo fume con el mismo placer morboso que Sarita Montiel en la célebre El último cuplé.

La OMS estima que lo más efectivo para disminuir el consumo de tabaco, y al mismo tiempo aumentar los ingresos del erario, es un fuerte impuesto, de mínimo el 75 por ciento, a los cigarrillos. Dicho tributo en Colombia es muy bajo, informa la OMS. De apenas el 45 por ciento, y no parece que la reforma tributaria, que grava sin pudor las magras rentas de los trabajadores, contemple aumentar el tributo tabacalero, con lo que el Estado pierde alrededor de cinco billones de pesos al año. A los admiradores del orondo Ministro de Salud nos resulta difícil explicarles a sus injustos pero numerosos detractores, por qué ese funcionario estrella propone que se aumente el impuesto a las gaseosas, y no se mete con el tabaco. Curioso. Que lo explique él.

El próximo 20 de agosto se realizará en Bogotá el ‘Foro internacional impuestos al tabaco’, organizado, entre otras entidades, por la Federación Nacional de Departamentos, la Corporate Accountability International (CAI) y su capítulo latinoamericano con sede en Colombia, la Veeduría Ciudadana para el Control del Tabaco, y la Iniciativa Bloomberg. El Foro tendrá lugar en el salón Luis Carlos Galán, del Congreso, y será coordinado por el representante John Jairo Cárdenas, miembro de la Comisión Tercera de la Cámara. Cárdenas opina que “la actual crisis fiscal, la caída en los precios de los ‘commodities’, más la necesidad de abordar el posconflicto (pues hacia allá vamos) y el nuevo papel que deben tomar las regiones, nos lleva a adoptar la reforma tributaria estructural que prepara el Gobierno, y en la Comisión Tercera de la Cámara estamos de acuerdo con la necesidad de tener en cuenta el cigarrillo y los licores, en proyecto de ley sobre finanzas territoriales, para fortalecerlas”.

El ‘Foro internacional sobre impuestos al tabaco’ dará luces a los legisladores para crear un proyecto que permita, mediante una tributación adecuada al consumo del tabaco, fortificar las economías departamentales y regionales para enfrentar los retos exigentes que nos traerá el posconflicto, tanto en el sector rural como en las zonas urbanas, y parejamente disminuir los costos por atención a enfermedades producto del tabaquismo, como resultado del descenso en el consumo.

Enrique Santos Molano

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