Dale más duro, Trinidad

Dale más duro, Trinidad

Durante diez años, este país se había vuelto una pequeña Hollywood para cineastas extranjeros.

notitle
13 de agosto 2015 , 07:51 p.m.

Después de haber filmado en Colombia Più forte, ragazzi!, Bud Spencer, el célebre ‘Bambino’ de la exitosa serie de Trinidad, con su compinche Terence Hill, se enamoró del país y especialmente de su orografía, su sistema montañoso. Bud, piloto aficionado, es un gran amigo de Colombia y fue promotor de varias cintas a lo largo de diez años, durante los cuales este país se había vuelto una pequeña Hollywood, o como los italianos la querían llamar: su ‘Cinecittà tropicale’.

Con la pareja filmamos Pon la otra mejilla, una superproducción de época con Dino de Laurentiis, que tenía el mismo argumento de la más laureada The Mission y esta que estoy relatando, una comedia de aventura que nos llevó de Bogotá a Girardot, a Ibagué en el idílico, en esos tiempos, cañón del río Coello, hasta las faldas de la Sierra Nevada y, finalmente, a Cartagena y la isla del Pirata. Fue un esfuerzo de producción que se pudo dar gracias a la colaboración de muchos colombianos amigos, como Carlos Muñoz, en la actuación; Andrés Rocha, en la dirección de arte; y mi amigo, el mayor Ramírez, el mejor piloto de la aviación militar.

La historia era la de dos pilotos de la jungla que hacen mandados a los esmeralderos a cambio de piedras, a bordo de un desvencijado DC-3 de un improbable color entre rosa y fucsia. Los pobres viajeros de El Dorado de un aciago día de los años 70 vieron incendiarse la nave y tratan de aterrizar en la misma pista de un cuatrimotor que estaba despegando. Una maniobra que realizamos con el permiso de las autoridades aeroportuarias, que causó preocupación y hasta pánico entre los asistentes no informados, pero que fue un éxito cinematográfico y de seguridad de la mano de mi mayor Ramírez.

Otra hazaña aérea de este filme fue la restauración de una avioneta doble ala de los años 50, que logramos hacer aterrizar en un faldón del cañón del río Coello de máximo cien yardas, frente a la bellísima villa de don Mario Laserna, que se proyectaba sobre las aguas cristalinas del río. Pero la verdadera hazaña no fue el aterrizaje, sino el despegue, que obligó al Mayor a tirarse al vacío.

Desafortunadamente, tengo que cerrar esta nota con un parte de defunción de las aguas cristalinas del río Coello, que, debido a la incompetencia y el poco respeto por el medioambiente, se ha vuelto una cloaca máxima.

Salvo Basile

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.