El hombre que le canta al desplazamiento y a la restitución

El hombre que le canta al desplazamiento y a la restitución

'Fiquito', como es conocido, abandonó sus tierras hace 15 años por amenazas de paramilitares.

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13 de agosto 2015 , 07:11 p. m.

Cientos de campesinos recuerdan con dolor aquel 11 de marzo del 2000, cuando las Autodefensas del bloque de los Montes de María los obligaron a abandonar sus tierras en el corregimiento de Mampuján, departamento de Bolívar. En ese lugar, lleno de recuerdos en donde muchos se criaron, 24 horas después de las amenazas murieron los sueños de 180 familias.

Federico López Masa, más conocido como ‘Fiquito’, nació hace 60 años en Mampuján, donde creció y vivió con sus padres y hermanos. Este hombre asegura haber heredado el talento de su abuelo materno, de quien recuerda haber sido un gran compositor.

Aunque la principal inspiración de ‘Fiquito’ para componer canciones está en las cosechas de yuca de sus cultivos, también le ha dedicado algunas letras a su experiencia como desplazado y a la reivindicación que le ha representado ser beneficiario del programa de Restitución de Tierras.

Cultivando fue como ‘Fiquito’ conoció al amor de su vida: Dominga Masa Fernández, una mujer pujante que comenzó una vida junto a él en Mampuján, quien a sus 56 años es madre de siete hijos.

A pesar de que hoy en día siente tranquilidad, Federico recuerda con exactitud y temor cómo fue ese 11 de marzo, el día en que el conflicto lo obligó a salir de allí con apenas una muda de ropa para cada integrante de su familia, un gallo y una mata de yuca.

“En el momento yo no me encontraba, entonces los paramilitares cogieron a dos de mis hijos que estaban allí y se los llevaron a una reunión en donde les dijeron que debíamos salir del pueblo, ya que la orden inicial había sido que nos mataran, pero por nuevas instrucciones de alias Diego Vecino solo nos obligaron a desalojar la zona”, recuerda.

En menos de 24 horas, él y las cerca de 180 familias afectadas huyeron y se refugiaron en el municipio de María la Baja. Federico recuerda que, debido a una fuerte enfermedad que aquejaba a su madre, quien murió hace cinco años, se vieron en la obligación de alquilar una casa con la ayuda de sus demás hermanos. “Había mucha dificultad para trabajar, realmente todo se nos vino encima”, afirma.

En María la Baja reconstruyó su vida, se dedicó nuevamente al cultivo de yuca, ñame y maíz, y tras varios esfuerzos, pudo adquirir nuevas reses y gallinas. Dominga se dedica a producir queso y suero, mientras Federico y algunos de sus hijos trabajan bajo un intenso sol en los cultivos.

 

No todo fueron oportunidades

La crisis hizo que varios de los hijos de Federico y Dominga tomaran caminos diferentes. Ellos decidieron continuar su vida lejos de la pobreza y el conflicto de la zona: unos partieron a Barranquilla, Cartagena y Bogotá, lo cual ha sido de gran ayuda para Federico, su esposa y algunos de sus hijos que continúan en casa.

Luego de haberse cumplido 12 años del desplazamiento, la Ley de Restitución de Tierras llegó para devolverle la esperanza a Federico. “Allá (a María la Baja) llegó un señor a decir que el Gobierno iba a realizar un proyecto piloto de restitución, entonces escogieron esta zona y comenzaron a venir a medir las tierras y a preguntar quiénes eran los verdaderos propietarios de ciertos predios y cómo los habían conseguido”, comenta.
De esta manera, Federico conoció la Ley y decidió ampararse en ella. “Como yo tenía las escrituras de mi terreno, no tuve que hacer tantas vueltas para recuperar lo mío. Mi proceso no se demoró tanto como el de algunos otros”, agrega.

Federico fue una de las primeras víctimas a las que les devolvieron sus tierras, además de recibir un subsidio de vivienda, agrícola y ganadero.

“Además de mi tierra, el Gobierno me dio $ 10 millones para comprar ganado y $ 12 millones para poder sembrar mis cultivos. La vivienda que me prometieron la voy a construir en María la Baja y cuando esté lista se la daré a mis hijos”, son las palabras de Federico, quien cuenta que desde hace cerca de tres años se dirige a diario a sus predios en Mampuján para trabajar en sus cultivos y ordeñar sus vacas.

“Yo estoy muy agradecido porque me ha ido muy bien, tanto en la agricultura como en la ganadería. Tengo mi predio en buen estado. Me siento bien y contento”, dice.

Este campesino, que comienza sus jornadas desde las 4:30 a. m. para tratar de recuperar la producción de lo que desde hace más de hace 15 años ha sido suyo, aprovecha sus tardes para escribir aquellas letras que le salen del corazón, ya con la tranquilidad de haber regresado a la tierra que lo vio nacer.

DANIELA RANGEL R.
ELTIEMPO.COM

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