Pincel espacial

La Pinacoteca de París rescata una expresión de ruptura a través de la evolución del grafiti.

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13 de agosto 2015 , 05:32 p. m.

Una centena de obras hacen parte de la exposición ‘El presionismo’, título que hace alusión al uso de la bomba de aerosol como nuevo medio de creación y que da paso a la carrera de grandes maestros del llamado ‘arte urbano’. Y aunque el carácter efímero y callejero de los grafitis hace que parezca descabellada esta muestra, lo cierto es que es tan amplio y tan variado este movimiento, que desde los años setenta hubo incluso artistas del grafiti que crearon una verdadera producción sobre lienzo; son esas precisamente las obras que exhibe por estos días la Pinacoteca de París y que permiten descifrar las claves de la historia oculta de este movimiento, que no ha sido dignamente reconocido ni narrado en la historia oficial del arte.

Cuenta Alain-Dominique Gallizia, comisario de la muestra, que los grafiteros, apenas con 15 o 16 años, se agruparon en torno a la UGA United Graffiti Artist para exponer sus obras en las galerías. La primera que se decidió a hacerlo fue la Razor Gallery, en el neoyorquino barrio de Soho, en 1973. Sin embargo, tuvieron que pasar unos 40 años antes de que se reconociera el carácter artístico de una de las más fantásticas revoluciones estéticas, ejecutadas exclusivamente con pinturas en aerosol, por artistas estadounidenses y franceses, de la talla de Phase 2, Rammellzee, Dondi, Futura 2000, Bando, Ash, Jay One y Jonone.

En ese sentido, Marc Restellini, director de la Pinacoteca, no deja de cuestionarse acerca de “¿cómo las instituciones museales pudieron olvidar a genios como Rammellzee, sin darse cuenta de que cometían los mismos errores que sus predecesores cuando aparecieron los impresionistas al final del siglo XIX?”. A lo que se suma, además, el hecho de que este movimiento fue despreciado, juzgado de ilegal –incluso hoy todavía–, hasta llegar al extremo de ser reprimidos por la justicia y acorralados y perseguidos por la Policía, por considerarlos parias, y a su arte y a su manera de hacer como ‘fuera de la ley’.

‘Manifiesto’ (‘Manifeste’) Taki 183.
Sin fecha. Pintura en aerosol y marcador sobre lienzo. Colección privada, París
 .  Foto: Pierre Guillien – Studio Objectivement.


Es que no se puede olvidar que desde entonces, los artistas del aerosol eran asimilados como ‘bandidos de la calle’, que solo se dedicaban supuestamente a manchar las fachadas de inmuebles prestigiosos en algunas lujosas calles de la Gran Manzana, olvidando así que esas imágenes adquirieron su lugar justamente por estar ahí: “fugitivas, presentes, decorativas, intrusas, potentes o coloridas, modificando el aspecto de la ciudad, de los muros y embelleciendo lugares condenados a la tristeza o a la destrucción”, dice Restellini. Explotan con la presión de la bomba del aerosol.

Fue en EE. UU. donde arrancó este movimiento, que se propagó después hacia Europa, principalmente hacia Francia, y se instaló en el barrio Saint-Germain-des-Prés, de París, donde nació la primera experiencia ‘presionista’ europea. Y a pesar de que las obras de los grafiteros estuvieron siempre relegadas a un mundo underground, no deja de ser sorprendente que este movimiento se mundializó desde los años ochenta, a una escala comparable solamente con la del Art Nouveau y la del Art Déco.

Con la única diferencia de que sus creadores no eran ni son artistas ‘burgueses’ y de alto nivel social, sino artistas venidos de la calle y que se expresan con lenguajes crudos. En esa medida, el movimiento logró su estabilidad y se consolidó, gracias a que estuvo por fuera del mundo del mercado de las galerías y los museos, y a que usó sus propios lenguajes y códigos. Otro de los retos que tuvo que superar fue el hecho de que parecía simple y se escuchaban afirmaciones del tipo: “¡Un niño puede hacerlo!”, cuando, en realidad, se necesitan al menos 5 años de práctica para “bombear” algo bello.

A propósito, Gallizia asegura que el uso de la “bomba de aerosol o pincel espacial” implicaba una dificultad mayor: “la imposibilidad técnica de mezclar los colores conduce a un trabajo particular, requiere elaborar las tonalidades, a través de la yuxtaposición de colores primarios, los únicos disponibles en la gama de las bombas de aerosol de la época”. Además, explica que la llegada de la bomba de aerosol, a comienzos de los años setenta, permitió aportar colores a grandes superficies, transformar los rayones de la calle en grafitis artísticos, pintar el interior de hangares y abrirse al nacimiento de múltiples estilos que hoy todavía imperan.

‘Mal humor’ (‘Mean Disposition’) Mode 2, 1995.
Pintura en aerosol sobre lienzo. Colección privada, París
© Foto: Pierre Guillien - Studio Objectivement.


Otro capítulo de este movimiento en el que la exposición hace un énfasis especial es en las letras, a tal punto que aquellos que se dedicaron a madurar las caligrafías en los muros, fueron llamados “pintores-escritores neoyorquinos” o writers, pues hicieron verdaderas creaciones en los ámbitos de composición, formas, encadenamientos e interiores cromáticos.

Un recorrido detallado por estas transiciones estéticas es lo que se puede ver en esta muestra de la Pinacoteca, teniendo en cuenta que todas ellas fueron posibles gracias a que los grafiteros se hallaban entre ellos “en una verdadera batalla artística. Una disputa estética en la cual, la inventiva y la originalidad de los estilos eran las únicas armas para establecer su rango y conseguir el título supremo de rey (king), donde las obras ostentaban la famosa corona de tres ramas, símbolo y afirmación de su prestigio”, remata Gallizia.

MELISSA SERRATO RAMÍREZ

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