Rey Sol

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Francia conmemora el tricentenario de Luis XIV

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12 de agosto 2015 , 04:26 p.m.

Francia celebra en 2015 tres siglos de la muerte del rey Luis XIV, cuyo reinado fue uno de los más largos de la historia. Solo comparable con el de Ramsés II (que duró 66), el gobierno de 72 años del hijo de Luis XIII y Ana de Austria se caracterizó por el despliegue estratégico y militar de Francia, su expansión territorial en Europa entre los siglos XVII y XVIII, y el esplendor de las costumbres del Palacio de Versalles, máxima obra arquitectónica del clasicismo francés. Con motivo del tricentenario de su muerte, expertos e historiadores reviven la gloria, los excesos, el esplendor y las contradicciones del denominado ‘Rey Sol’.

Decía Voltaire que “Europa le debe su cortesía y el espíritu de su sociedad a la corte de Luis XIV”, en alusión a cómo el Rey llevó la decoración, los modales y costumbres de Versalles a su máximo grado de fineza y sofisticación. Pero un derroche como tal para la época no solo servía como placer decorativo o sibarita sino que le permitía al monarca ‘mostrar los dientes’ de su poder a toda Europa y conquistar nuevos territorios, ya fuera con el decoro de sus atenciones o la fuerza de sus espadas.

París tenía para la época 600 mil habitantes, que la convertían en la capital más grande del mundo cristiano; el antiguo predio de caza de Luis XIII, con 800 hectáreas y ubicado a 25 kilómetros al sureste de la capital, fue el lugar escogido por su heredero para instalar, en 1682, el centro de poder político y administrativo más poderoso de Francia y de Europa. Versalles se convirtió así, a finales del siglo XVII, en el epicentro monárquico más suntuoso y rico del mundo. Un sofisticado complejo arquitectónico de salones y recámaras, pasajes secretos y rincones estratégicos lujosamente ornamentados que le permitían al Rey contar con los espacios necesarios para aparecer y desaparecer cuando lo requería, y cumplir cabalmente con todas sus actividades. En sus fiestas y salones se consolidó la más sofisticada etiqueta francesa y acudieron los más importantes mandatarios europeos del momento. De ahí que el Palacio con sus predios fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979, seguido únicamente por el que 4 décadas después de la muerte del Rey emularon los zares de Rusia en San Petesburgo.

En el marco del tricentenario del fallecimiento de Luis múltiples actos conmemorativos se realizan en Versalles y en toda Francia, incluida la publicación del libro El Gran Siglo de Luis XIV, del historiador Jean-Christian Petitfils, ganador del gran premio de la biografía histórica de la Academia francesa, quien con 20 de los mejores expertos en ese período histórico analizaron los brillos y sombras de Luis XIV, su personalidad y modo de gobierno; los aspectos políticos, económicos y sociales de su reinado; las guerras que emprendió; el séquito y los hombres del Rey; su familia y amantes; el auge que dio a las artes y las letras y, en general, la grandeza de su reinado. Bajo la protección de Luis XIV descollaron figuras como el músico Jean Baptiste Lully, los escritores Racine y Molière, el pintor Hyacinthe Rigaud (quien hizo su retrato más emblemático), el ebanista André-Charles Boulle (creador de los muebles estilo Luis XIV) y los arquitectos Luis Le Vau, Charles Le Brun y André Le Nôtre, quienes diseñaron el Palacio de Versalles y sus jardines, máximos íconos del arte y del lujo ‘a la francesa’.

El Palacio de Versalles, emblema del absolutismo que provocó la revolución.

El tricentenario recuerda la imagen de un rey poderoso, racional para las decisiones, combativo en sus ambiciones y sensible para la cultura, revestido de sus funciones desde niño, y quien consolidó la monarquía absoluta, desatando numerosas guerras y centralizando el poder en su figura real. Su reinado, a la vez poderoso y cuestionado por las dificultades que vivía el pueblo, fue uno de los más memorables de la historia. El libro de Jean-Christian Petitfils retoma el mismo título que Voltaire utilizó en Berlín en 1751 y donde ya desde la Ilustración se elogiaba el brillo del Rey Sol. Un “Reino de la razón”, como decía querer gobernar.

El hijo de Luis XIII y Ana de Austria tenía sólo 5 años cuando ascendió al trono de Francia y Navarra en 1643, tras la muerte de su padre. Su madre ejerció como regente con el cardenal Mazarino, mientras su hijo cumplía edad para gobernar. Su coronación se llevó a cabo en Reims en 1654 y posteriormente en 1661, con 22 años de edad, tomó formalmente las riendas de su propio reinado, autodenominándose ‘Rey Sol’, tras escoger al astro rey como su emblema ‒símbolo de vida, luz y orden‒ y la imagen de Apolo ‒dios griego de la paz y de las artes‒ que quedarían plasmados en múltiples objetos y decorados de su palacio. Con una figura no muy alta, más bien robusta y de hombros amplios, el Rey era a la vez elegante e imponente. No se cuestionaba su liderazgo, ni la fuerza y resistencia física que lo convertían en el mejor soldado de su propio ejército. Pese a ello su gobierno fue siempre paradójico y contradictorio. Exitoso en su expansión territorial y en el auge de la economía manufacturera, agrícola y de comercio exterior, estuvo atravesado también por sequías, heladas, hambrunas, exceso de impuestos y pestes que tocaron incluso a Versalles, como la de 1771 cuando murieron en plena infancia 3 de sus hijos, herederos al trono. Sin embargo, el rey consolidó diferentes ministerios y un aparato administrativo que vinculó a personas de todas las condiciones en cargos importantes por encima de nobles y de aristócratas, siempre bajo su ojo controlador. Evitó guerras civiles y permitió el acceso de cualquier ciudadano a los jardines del Palacio y al Salón de los Espejos. Limitó el poder papal sobre la Iglesia francesa y el de muchos nobles que pudieran sublevarse contra él.

Luis XIV convirtió a Francia en la mayor potencia europea de la época, en el país del lujo y del ‘saber hacer’. Conquistó a las élites europeas, que adoptaron el francés como idioma de la cultura, del buen vivir y de las relaciones internacionales, incluida Rusia, pero fracasó también en una política colonial y social que pudiera mejorar las condiciones de vida del pueblo francés. Tuvo 6 hijos legítimos (5 murieron en la infancia) con su prima María Teresa de Austria, con quien se casó en 1660; tras la muerte de ella en 1683 contrajo matrimonio con Madame de Maintenon, institutriz de sus hijos ilegítimos. A lo largo de su vida fueron muchas sus amantes y favoritas, la principal de ellas la Marquesa de Montespan, amoríos que le dejaron 17 hijos naturales, 8 de ellos reconocidos como Borbones y en línea de sucesión. Sin embargo, la trágica secuencia de muertes de varios de sus hijos y nietos dio como resultado que solo su bisnieto Luis, duque de Anjou, pudiera convertirse en Luis XV. El 1o. de septiembre de 1715 Luis XIV murió de gangrena, días antes de cumplir 77 años; sus funerales se realizaron en París, en la basílica de Saint-Denis, donde están sus restos.

SOPHIA RODRÍGUEZ POUGET

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