La amenaza extremista en Israel

La amenaza extremista en Israel

En los últimos días el conflicto palestino-israelí ha tomado visos inquietantes.

10 de agosto 2015 , 07:17 p. m.

En el nuevo ajedrez que se juega desde hace algunos años en Oriente Próximo derivado de las primaveras árabes, de las guerras civiles, de la irrupción del grupo Estado Islámico, de la lucha entre suníes y chiíes y de la reciente puerta que se le abre a Irán tras llegar a un acuerdo nuclear con Occidente, la cuestión palestino-israelí pasó a una dimensión que no por menos mediática ha dejado de ser clave y que en los últimos días ha tomado visos inquietantes.

El ya largo bloqueo de las negociaciones entre los dos pueblos para llegar al objetivo final de dos Estados, a pesar de la diplomacia y la mediación de EE. UU., está precipitando sobre el terreno episodios dolorosos que, de no ponerles coto, pueden terminar convertidos en una confrontación generalizada. O para hablarlo escuetamente: en una tercera Intifada (levantamiento) de los palestinos. Un escenario indeseable.

El reciente asesinato de un bebé y de su padre, luego de que un grupo de presuntos extremistas israelíes lanzó botellas incendiarias a su casa, se ha convertido en el punto de quiebre para una sociedad a la que, como a todas, le ha costado reconocer que dentro de los suyos puede convivir ese tipo de extremismos demenciales. Sus propias autoridades hablan de “terrorismo” judío, una expresión impensable hasta hace unos días, y también se habló de pena de muerte para los responsables de un crimen que aún no ha sido esclarecido.

Y es allí donde apunta la principal queja palestina y de las ONG de derechos humanos. Se acusa al Gobierno de tolerar este tipo de ataques, de dejarlos en la impunidad y de promover la colonización. Estos ya antes habían destruido bienes palestinos, atacado mezquitas y templos cristianos, e incluso secuestrado y quemado vivo a un adolescente como retaliación a otros asesinatos.

Es claro que son una minoría, pero también hay que decir que estos grupos religiosos que se estructuran en los asentamientos de colonos han tenido un crecimiento importante en los últimos años dentro de la lógica de que la organización actual del Estado de Israel no es su ideal, por lo cual hay que destruirlo para que renazca uno teocrático. Se aprovechan del derechista discurso del miedo y en ese sentido son una amenaza no solo para palestinos, sino para la propia institucionalidad israelí.

Los palestinos, por su parte, intentan, a través de la diplomacia y de las instituciones internacionales, ganar el terreno y el reconocimiento que no han conseguido con los infructuosos diálogos con Israel. Pero también tienen sus grupos radicales, como Hamás. E incluso ya hay grupúsculos que confiesan su fidelidad al EI en un escenario que sería escalofriante. La propuesta del nuevo líder de la OLP, Saeb Erekat, el principal negociador palestino con los israelíes, es que Hamás y la Yihad Islámica se integren al organismo que representa a los ‘once’ millones de palestinos en el mundo, en pos de la unidad. Y también replantear la relación de la Autoridad Nacional Palestina con Israel, pues asume que si no los dejan gobernar es mejor devolver la administración de los territorios ocupados, algo que para muchos sería un retroceso de lo poco que queda de los Acuerdos de Oslo (1993).

Por eso, del control sobre los propios extremismos y de la cordura de sus líderes depende que las tensiones entre los dos pueblos no se conviertan en un amplio escenario de más caos y dolor. Ya la región tiene demasiados polvorines.

editorial@eltiempo.com

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