¿Cómo devolverle la autoestima a Bogotá?

¿Cómo devolverle la autoestima a Bogotá?

El proyecto más ambicioso de Enrique Peñalosa: un gran circuito ambiental entre el río y los cerros.

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09 de agosto 2015 , 09:39 p. m.

¿Qué opina de este yoyo de las encuestas? En unas sale usted con amplia ventaja, y en otras quedan los tres primeros empatados dentro del margen de error...

Todas las encuestas coinciden en que estoy creciendo. Lo cierto es que los bogotanos que no quieren más de lo mismo tienen una alternativa viable de cambio, que representamos nosotros. (Lea también: Candidatura de Peñalosa sacude la campaña en Bogotá)

¿Es mala fama que le han construido sus enemigos o es cierto que usted en el fondo fondo no quiere hacer el metro?

Eso es completamente falso. Vamos a hacer el metro. Lo que pasa es que hay dos versiones del metro; ambas aprovechan los estudios existentes. El Gobierno Nacional, a través de la Financiera de Desarrollo Nacional, hizo unas propuestas para reducir su costo, porque el de un metro subterráneo puede ser enorme y dejar quebrada a la ciudad por 20 o 30 años, y sin dinero para hacer una sola obra más. Como el metro solo va a movilizar al cinco por ciento de la población, hay que hacer las obras que necesita el otro noventa y cinco por ciento. (Lea también: 'Mi afán es evitar riesgo de que el metro no se haga')

Entonces, ¿cuál será su metro?

El que propone el Gobierno Nacional: un metro que tiene un componente de tramos elevados para reducir los costos y los riesgos de sobrecostos. El metro que les sirve a los ciudadanos será el que a menor costo se pueda construir lo más rápido posible, y que tenga los menores riesgos para Bogotá. En cambio, otros candidatos como Clara López y Rafael Pardo han estado de acuerdo con Petro, quien rechazó la propuesta de la Financiera de Desarrollo Nacional. Quieren el metro más costoso, el más arriesgado para la ciudad y el más demorado.

¿Cree que el Gobierno debe soltarle a Petro la plata del cheque simbólico que ofreció para el metro o esperar al próximo alcalde?

Todo lo que hace Petro tiene un único objetivo y es su campaña presidencial. Pero a Bogotá la deja convertida en una ciudad desbaratada, desesperanzada, que requiere unos cambios profundos.

¿Qué es lo que requiere operación urgente en Bogotá del próximo alcalde?

Urgentemente, hay que hacer más TransMilenio. Lo que pasa es que como dice el candidato de izquierda Carlos Vicente de Roux en entrevista con usted misma para EL TIEMPO, los últimos gobiernos de izquierda en Bogotá lo dejaron caer porque era una obra de Peñalosa. Qué irresponsabilidad con la ciudad. La gente tampoco recuerda la revolución educativa que hicimos. Ampliamos en más de 200.000 los cupos de la educación pública. Hicimos 47 colegios, 18 megajardines sociales. En esta ocasión haremos desde la alcaldía otro gran esfuerzo: la ampliación en 35.000 cupos en la educación superior técnica y universitaria.

¿Qué hará en materia de orden y seguridad?

Esos son dos de los temas más urgentes de Bogotá, y van juntos. Durante mi administración disminuimos los hurtos de 28.000 a 12.000 en tres años. Para hacer una reducción tan drástica se necesita orden y se requiere un alcalde que realmente asuma como cabeza de la Policía en la ciudad.

Bogotá está vandalizada. La incultura florece. No hay incentivos para la solidaridad. Aquí todo el mundo se mueve a codazos. ¿Cómo piensa cambiar ese sentimiento de los bogotanos?

Para recuperar la cultura ciudadana que tuvimos cuando estábamos Antanas Mockus y yo en la alcaldía también es necesario que la ciudad demuestre respeto por el ciudadano. ¿Sabe que en Ciudad de México los ‘transmilenios’ no tienen puerta y la gente no se cuela? Aquí en Bogotá la situación ya es el caos. Entre 200.000 y 300.000 personas se cuelan al día en TransMilenio. Un sistema de transporte donde eso pasa es un campo fértil para la delincuencia, casi que una invitación a delinquir.

¿Y eso cómo se acaba? ¿Con policía o con civismo?

Con ambos. Con cultura ciudadana, desde luego, y arreglando las puertas. Pero también estamos trabajando con los congresistas en la reforma del Código de Policía, para garantizar sanciones efectivas a los que se están colando, como la obligación de tomar cursos de varias horas de educación cívica, que les recuerde a los ciudadanos que hay que cuidar la ciudad que todos compartimos. Que nosotros vivimos aquí, que nuestros hijos van a vivir aquí y que nuestros nietos vivirán aquí, y que como una gran familia, tendremos que dejar atrás ese ambiente de odios y de conflictos. Un modelo de ciudad es una manera de vivir. (Lea también: Solo el 7 por ciento de los colados han hecho curso pedagógico)

¿Qué es lo más novedoso que está proponiendo si se le da la era Peñalosa II?

Además de hacer el metro y de los 35.000 cupos en la educación superior técnica y universitaria, hay que garantizar el acceso a la salud. Construiremos 20 CAP (Centros de Atención Prioritaria), adonde a los ciudadanos que tienen un dolor grave de oído, por ejemplo, o alguna enfermedad que no es de vida o muerte, los van a poder atender incluso sin cita y en menos de una hora. Si le tengo que resumir todo lo que estoy pensando hacer por Bogotá si me eligen otra vez alcalde, se lo diría de esta manera: construiré ciudad, para devolverle a Bogotá su autoestima.

Hoy no parece fácil eso de recuperarle a Bogotá la autoestima…

Para eso hay que dejar atrás la desesperanza. Eso se logra no solo arreglando los problemas de hoy, sino construyendo la ciudad del futuro. Con mucha ambición, de manera que sea una de las mejores. Por ejemplo, tenemos planteado construir el gran circuito del río y los cerros. Vamos a iniciar un proyecto, no solo para descontaminar el río Bogotá, sino para hacerlo tres veces más ancho y el doble de profundo y volverlo incluso navegable, con unos malecones en ambos lados, arborizados, 100 kilómetros de malecón Soacha-Chía, por donde la gente pueda andar en bicicleta. La ciudad se va a concentrar en torno al río, con grandes edificios alrededor de este malecón, para que no sigamos invadiendo la Sabana. Este proyecto es autofinanciable, porque convertiremos las tierras que hay alrededor del río en Bogotá y en Cundinamarca, que hoy valen muy poco, en las más valiosas de Colombia, y con este valor que se genere, financiaremos el proyecto.

¿Cómo completará ese malecón el circuito con los cerros?

Cuando el malecón termine en Chía, ascenderá a los cerros y atravesará de norte a sur hasta Usme. Será un sendero además rompefuegos, con un gran tubo de agua con muchas salidas. Tendrá también avisos instructivos para el cuidado y el disfrute de las quebradas, los helechos, las bromelias, los encenillos, las mariposas, las aves. Y de Usme, ese sendero descenderá a cerrar el circuito en la desembocadura del río Tunjuelo en el río Bogotá.

Este es un proyecto de clase mundial, que va a transformar el carácter de Bogotá para siempre, pero además será el gran sitio de integración de la ciudad. Una buena ciudad debe tener por lo menos uno o dos espacios públicos tan extraordinarios, que aún los más ricos no puedan dejar de ir a ellos. Allí se encontrarán como iguales ciudadanos de todas las condiciones.

¿Es por cálculos políticos o por que realmente está enamorado de Bogotá, como se le siente, que nunca ha aceptado ninguno de los ministerios que le han ofrecido?

Decir que estoy enamorado de Bogotá es verdad. Es que tengo clara la ciudad que hay que construir. Aspiro realmente a que mis conciudadanos me den ese honor, esa posibilidad de poder servirles, porque esa es mi pasión. Para mí la alcaldía de esta ciudad no es un cargo más.

Como usted dice, no me han interesado otros cargos públicos que me han ofrecido. Quiero volver a ser alcalde de esta ciudad. He trabajado en estos asuntos urbanos en muchas ciudades del mundo. En Asia, en Australia, en Estados Unidos, en América Latina, donde más que enseñar, he aprendido. Conozco a Bogotá como a la palma de mi mano, la he estudiado toda mi vida, ha sido mi pasión y sé cómo es que la podemos recuperar. Estoy preparado para volver a asumir este reto.

A usted los bogotanos le pueden premiar sus éxitos, como lo fue indudablemente TransMilenio, hoy urgido de ampliación. Pero también pueden castigarlo cobrándole sus equivocaciones. Hablo de los bolardos y de las lozas de algunas rutas del TransMilenio…

Cuando llegamos a la alcaldía, no había una sola calle en Bogotá y muy seguramente en Colombia, donde alguien en una silla de ruedas pudiera ir de una esquina a la otra. El elemento de infraestructura que más diferencia a una ciudad avanzada de una retrasada son las aceras de calidad, porque demuestran respeto por la dignidad humana.

En cambio, un carro en una acera es un símbolo de desigualdad que sugiere que el ciudadano de carro es más importante que el que camina. Construimos cientos de kilómetros de aceras pero tuvimos que poner bolardos para educar a los ciudadanos sobre este asunto. París está totalmente forrada en bolardos, que siguen poniendo aún hoy.

¿Y lo de las losas?

El tema de las losas es un desafortunado problema técnico, en donde no hubo ninguna corrupción. En contraste, los críticos no mencionan que la calle 80 estaba diseñada para que la pavimentación de la troncal durara cinco años, y lleva 15. ¿Por qué no reconocer que fue un logro especial? En ambos casos se trata de asuntos técnicos con los que como alcalde no tuve que ver.

De lo que sí me siento orgulloso es de haber creado TransMilenio, un sistema que ha sido copiado en más de 150 ciudades del mundo. Fueron tantas las misiones internacionales que visitaban a Bogotá para conocer TransMilenio, que es quizás la única empresa pública del mundo que cobraba por atender visitantes extranjeros 1.000 dólares diarios. TransMilenio hizo posible que por primera vez los ciudadanos en transporte público fueran más rápido que los que iban en carro. O que los ciudadanos en silla de ruedas o con un coche de bebé pudieran acceder al transporte público.

¿Qué interés puede tener un alcalde en acabar algo que funciona como el TransMilenio?

Infortunadamente el sistema ha sido pésimamente administrado. Los gobiernos de izquierda que me sucedieron han estado más interesados en que se desbarate, que en arreglarlo, porque TransMilenio era un símbolo de Peñalosa. Lo que sí es cierto es que soy yo el que sabe cómo arreglarlo.

En días recientes ha surgido el escándalo del 123 y los millonarios convenios de la ETB, entre otros, con el Fondo de Vigilancia. ¿Eso no le parece todo muy sospechoso?

No entro a discutir si en lo del 123 tiene la razón el Fondo de Vigilancia o la ETB. Lo que sí es asombroso y grotesco, y demuestra una falta de liderazgo y de gerencia, es que dos entidades distritales, dependientes totalmente del Alcalde, estén enfrascadas en semejante pelea pública, tan extravagante. Eso, en el mejor de los casos, lo que demuestra es una falta total de liderazgo y gerencia, y en el peor de los casos, puede que otras cosas.

Finalmente, ese puente que usted ofreció hacer con Pardo al principio de esta campaña, basado en que quien estuviera más alto en las encuestas apoyaría al otro para no allanarle otra vez el camino a la izquierda, ya no parece viable…

Con Rafael Pardo la puerta sigue abierta, siempre y cuando sea sobre la base de que lo que queremos es un cambio de fondo. El problema es que los planes de Pardo me generan muchas dudas, porque a veces parece estar más cerca de Petro y de Clara que de nosotros.

Por supuesto, yo respeto mucho a Pardo. Pero en Bogotá queremos un cambio. El reto es cambiar sin improvisar. Soy el que puede garantizar eso. Aquí están bienvenidos todos los que quieran el cambio. Y con mayor razón en este momento en que el país está embarcado en un proceso de paz y la ciudad atraviesa una situación tan crítica, debemos dejar atrás las pequeñas rencillas y pensar realmente en que todos tenemos que unirnos. Se trata no de nuestra ciudad, sino de nuestra vida, la de nuestros hijos, la de nuestros nietos.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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