'Por los niños de Palenque, sí al progreso'

'Por los niños de Palenque, sí al progreso'

Cien niños de 0 a 5 años reciben atención en centro para la infancia en Bolívar.

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08 de agosto 2015 , 10:54 p.m.

Los niños por fin podían estudiar resguardados del calor agobiante, ya no tenían que compartir un aula de tablones con cincuenta más o estar al cuidado de solo una madre comunitaria a la que le sobraba amor pero le faltaban brazos.

El sonido del tambor traía las buenas nuevas: el centro de desarrollo infantil (CDI) Mahanasito Kon Kuturu I Gongoroko Ri Palenge –Niños con Amor y Amistad de San Basilio de Palenque (Bolívar)– era verdad.

Al comienzo había desconfianza; llegaba gente extraña de Bogotá a preguntarles cómo se imaginaban un sitio para los más pequeños del corregimiento. Ellos opinaban, pero eran una región pobre, olvidada, que solo había sido noticia por los triunfos de Kid Pambelé. Todo lo ponían en entredicho.

Durante años, las madres comunitarias fueron las que cuidaban con cariño a los niños, en viejas casas que acondicionaban para prestarle el servicio a la comunidad, mientras los padres salían a buscar el sustento para sus familias, una labor mal remunerada que hacían por amor. “Se llamaban hogares agrupados y otros comunitarios. Llegamos a tener noventa niños en dos salones de tabla y una cocina”, contó Tibisiái Márquez, una de las madres, ahora docente.

Loli Lu Márquez Salas, licenciada en ciencias sociales, hoy coordinadora del CDI y una de las cuidadoras más respetadas de Palenque, recordó el inicio del proyecto: “Me dijeron que había una reunión en la casa de la cultura y que iban a tener en cuenta a las madres comunitarias. Había miedo, pero, si era por el bien de nuestros hijos, que viniera el progreso”.

Se les hacía raro que les preguntaran cómo querían la infraestructura. Los pobladores pidieron colores vivos y una estructura trenzada que rindiera culto a la vieja tradición de las mujeres al peinar sus cabellos.

“En la época de la esclavitud, nuestros antepasados guardaban mensajes ocultos en su pelo para lograrse escapar del yugo español. Por eso, las trenzas son tan importantes en nuestra historia”, contó Loli Lu, una mujer que defiende con amor sus tradiciones.

Palenque tuvo voz y voto para decidir dónde querían los baños, la cocina, las zonas verdes. “Incluso les dijeron a los niños más grandes que dibujaran cómo se imaginaban el CDI”, dijo Tibisiái, licenciada en educación. Cuando empezó a llegar el material y a erigirse semejante templo para la infancia, ellas, a cualquier hora del día, husmeaban por las rendijas para ver cuál era el progreso al finalizar la tarde.

Y el día llegó. El 16 de febrero de 2015, cien niños del corregimiento iban a ser beneficiados. “Brincamos de la felicidad cuando vimos la dotación”, dijeron. Eso que había sido tan esquivo estaba allí.

El CDI está en el sector de Maluisa y tiene un área construida de 1.361 metros cuadrados, en un lote de 4.630 m². La infraestructura cuenta con cinco aulas, todas con baños y bodegas. El centro tiene un área administrativa, sala de profesores, enfermería, cocina, comedor, cuartos para lavandería, basuras y planta de energía.

Ya no era una casa vieja medianamente acondicionada, era un inmenso y moderno lugar el que iba a cambiar la historia de la primera infancia palenquera. Solo les faltaba saber si ellas harían parte del proyecto. Y así fue: las mujeres que se prepararon para sacar adelante sus carreras y ser tomadas en cuenta fueron las llamadas para conformar el equipo de trabajo.

Los niños llegan a las 8 de la mañana y salen a las 4 de la tarde. “Son tan felices que no se quieren ir para la casa”, dijo Ermelia Salgado, una madre de familia.

Todos aprenden a hablar en lengua palenquera porque el lugar tiene un enfoque diferencial. El cambio es inmediato. A los pocos meses los niños hablan, interactúan y, si hay noticia, en el CDI suenan las mesas porque en Palenque esa es la tradición. “Antes, cuando alguien moría en San Cayetano, el pueblo en Palenque se enteraba porque sonaban los tambores o los llamadores. Son tradiciones simples que permiten que nuestra cultura perdure en las nuevas generaciones”, cuentan los profes.

Muchas cosas han cambiado. Hoy los niños son atendidos por la coordinadora Loli Lu, que a su vez dirige las funciones de un nutricionista, un sicólogo, manipuladores de alimentos, personal de seguridad, y lo más importante: docentes graduadas en pedagogía infantil.

El ambiente cultural del lugar se siente, los niños cantan en palenquero y cada vez que suena la música, sus cuerpos se mueven con naturalidad, se aferran a sus profesoras mientras los padres de familia van a otras ciudades a trabajar, a cultivar la tierra de las fincas, a rebuscarse la vida.

Pero la labor de las maestras no se queda en el salón. De camino a casa, ellas chequean a las mujeres que se les cruzan en el camino. “Mira, y tú por qué no me llevaste hoy a los niños. ¡Ya no tienes excusa!”, le decían a una mujer que se asomaba con sus hijos por la puerta de su casa.

Para Lucía Grandes, madre comunitaria tradicional y ahora profesional, el CDI es el comienzo del cambio. Palenque sueña con que la violencia abandone sus tierras, que sus calles sean pavimentadas, con que los turistas visiten sus bellos paisajes, con que las niñas no sean madres en la infancia, con que las drogas y el alcohol no dañen el futuro de sus jóvenes.

Cristina Salgado esperaba con ansias a su hijo Emmanuel, parada en la puerta.

Ella, quien se levanta todos los días a rayar cocos para salir y vender cocadas en la calles, no sabía cómo agradecerles a las profesoras. “Ahora, mi hijito solo me dice: y cuándo nos vamos con la seño Aidé. Aquí los aman y los tratan bien”.

Cada madre tiene una historia: María es desplazada de La Bonga, Zulay es madre a los 21 años, otras cuentan sus dramas de violencia, de trabajo, de necesidad, pero hoy hay una gran diferencia: sus hijos se están educando y su esperanza es que la historia, la de sus padres, no se repita.

EL TIEMPO
San Basilio de Palenque (Bolívar).
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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