'Muppies', la generación del recambio

'Muppies', la generación del recambio

Tienen entre 22 y 35 años, hacen deporte y están hiperconectados. Son el relevo de los hípsters.

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08 de agosto 2015 , 09:51 p. m.

El término muppie fue acuñado por la autora Michelle Miller en su libro The underwriting, editado este año y de gran éxito en Estados Unidos, y une los movimientos millenial y yuppie. La escritora lo define como “una generación que se pasa una hora al día navegando en internet, otra media hora comprando online y tres cuartos de hora pensando qué va a comer al día siguiente”. Además, les gusta el running y el yoga, tienen conciencia social, trabajan en lo que les gusta, prefieren la comida sana y pueden pasar horas en Instagram, Twitter o Facebook. En rigor, se trata de un término que viene a englobar una serie de características que hoy parecen habituales en una generación: si esas son las definiciones de un muppie, probablemente todos conocemos a alguien que calza con el perfil.

En Estados Unidos algunos critican cómo cada tanto se inventan nuevos nombres para definir a una generación, y este sería el relevo de los hípsters (gustos por todo lo vintage, la bicicleta, el look cuidadosamente descuidado), pero es indudable que la definición de los muppies calza con un prototipo de personas. “En una sociedad moderna y cada vez menos politizada, las causas sociales, la alimentación y el deporte se han convertido en nuevas obsesiones de los jóvenes, que también se expresan en redes sociales como antes no se había visto porque internet no estaba tan masificado. Hay un efecto imitativo también, aunque no se quiera reconocer y por el interés de ser distinto del resto”, postula la socióloga Patricia Marín.

Catalina Muñoz tiene 28 años, es publicista y aunque tiene reparos con la etiqueta de muppie, acepta que concuerda con la definición: se hizo vegana hace dos años, participa como voluntaria en una ONG ambientalista, sale a trotar los fines de semana y, aunque no tiene Facebook, sí es asidua de Twitter e Instagram. “Hay más información y tal vez más conciencia sobre lo que es sano y lo que no, también tras independizarte de tus papás, la libertad para tomar un camino propio. Es difícil ser vegana y no apoyar determinadas causas, interesarte en el deporte. Una cosa lleva a la otra”, cuenta ella.

Gabriel Monardes es fotógrafo y músico, acaba de cumplir 30 años, y es un adicto a los deportes: crossfit en la semana, running todos los domingos. La alimentación se ha vuelto una obsesión para él: “Me preocupo del desayuno sano, de las proteínas que estoy consumiendo; el deporte hace que te interese más qué comes y qué no”. También es asiduo a las redes sociales, pese a que antes las miraba con rechazo: “Me daba vergüenza la gente que escribía cosas muy personales, pero hoy creo que es una manera de vivir en los nuevos tiempos. Uno elige a quién seguir ahí, puedes controlar a tus seguidores, y, aunque parezca loco, también puedes conocer gente”.

Adictos a los viajes

Preocupados por la vida sana, los muppies prefieren los productos ecológicos, los jugos de fruta, las verduras y les gusta la naturaleza. Viajar, dice la definición de este grupo, es otra adicción, así como conocer nuevas culturas. Eso sí, aunque todo esto implica tener una buena situación económica (comer sano puede costar mucho más caro, dicen todos), la escritora Michelle Miller ha dicho que a esta generación no le importa tanto el dinero. “Están dispuestos a sacrificar parte de eso con tal de trabajar en algo que les guste y los realice, y por eso muchos terminan levantando un proyecto propio, que se acomode a lo que ellos buscan”, continúa Miller.

Todo grupo se hace distinguible también por el look que cultivan. Si antes los hípsters tenían la barba –en el caso de ellos– o los jeans gastados –en el caso de ellas– como su indumentaria prioritaria, en el caso de los muppies recogen parte de eso, pero también la ropa deportiva, las prendas semiformales y la ropa de determinadas marcas. Además, se preocupan de los accesorios para personalizar sus celulares y computadores portátiles.

“Es muy llamativo que, en la búsqueda por diferenciarse, muchos terminan vestidos iguales o con un look muy característico. Hay una rebeldía por lo establecido, pero en el camino para tener tu propia imagen inciden mucho las marcas, las películas o series y la publicidad al momento de elegir tu imagen”, dice la socióloga Patricia Marín. “Por eso, desde afuera, resulta fácil verlos como un grupo con características similares. A nadie le gusta que lo rotulen y encasillen, pero obviamente hay elementos que los hacen pertenecer a algo mayor, a una generación que está conectada de alguna manera”, agrega la socióloga.

Como parte de una generación tecnologizada, los muppies también están muy familiarizados con los videojuegos. Una industria que en los últimos años ha crecido al nivel de superar al cine en términos de facturación. “Crecieron cuando el Atari ya estaba pasado de moda, han convivido siempre con la última generación, y es un grupo que cada día exige mejor tecnología al mercado, que cambia de celular cada año y de computador cada dos. Lo que antes era inusual e incluso un lujo o una frivolidad, hoy pasa a ser aceptado y a veces necesario”, define la socióloga Patricia Marín.

RODRIGO MUNIZAGA
El Mercurio (Chile)

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