'Nido de víboras' / Voy y vuelvo

'Nido de víboras' / Voy y vuelvo

En la polémica entre el Fondo de Vigilancia y la ETB hay intereses económicos y razones ideológicas.

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08 de agosto 2015 , 07:20 p.m.

El Fondo de Vigilancia y Seguridad (FVS) del Distrito es quizás una de las entidades más poderosas de la Administración. Maneja más recurso, incluso, que la propia Secretaría de Gobierno. Y por lo mismo, suele estar en el meollo de los escándalos públicos.

Buena parte de los últimos gerentes que han pasado por allí han terminado enredados, cuestionados, señalados o investigados. No es un cargo fácil, pues tiene la tarea nada envidiable de apropiar millonarios recursos para la seguridad de la ciudad.

Es el Fondo el que debe velar por el flujo de dineros para que la Policía cuente con las herramientas necesarias para su funcionamiento, para fortalecer las acciones de inteligencia y, en general, para garantizar la tranquilidad de los bogotanos. Allí se definen desde las inversiones para la compra de uniformes, la adquisición de cámaras de vigilancia, la dotación de estaciones, la financiación de campañas de convivencia, hasta la provisión de seguros de vida de los agentes que cumplen con su labor.

Calculen ustedes el tamaño de intereses que rodean al Fondo. ¿Ahora entienden por qué los gerentes salen tan enredados? Y a todo lo anterior añádanle la politiquería que vive incrustada en la entidad, con cuotas burocráticas y contratos que se reparten a destajo. Más de un político ha salido chamuscado de ahí por meter sus narices.

Averiguando sobre el papel del FVS, encontré esta otra función: Automatizar los flujos de información y fortalecer los canales institucionales de comunicación como estrategias de lucha contra la corrupción.

Pues qué ironía, porque es el Fondo el que ha protagonizado en los últimos días un episodio de aparente corrupción cuyos alcances aún se desconocen. Y tiene que ver con el famoso otrosí al convenio 561 de 2014 entre el FVS y la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), con el que se busca terminar el proceso de modernización de la línea de emergencias 123, la que usamos los bogotanos para alertar por un incendio, un robo, una balacera, el ruido excesivo, una agresión, un accidente... Todo esto podría quedar paralizado en cuestión de días si no se aclara qué va a pasar con el otrosí que garantiza los recursos para el 123.

El problema es que ese otrosí significa darle la puntada final a un ajuste tecnológico de la línea de emergencias por 250 mil millones de pesos. Y hay muchos interesados, incluso el actual operador, que cobra $800 millones al mes por sus servicios, podría estarlo. Otras entidades se sienten con derecho a pujar por lo mismo. Hasta la Policía ha expresado ese interés en el pasado.

Pero el alcalde Gustavo Petro se ha empeñado en que sea la ETB la que quede al mando del proceso de modernización, que en el fondo es quedarse con el control de la Línea 123. Y lo hace dentro de la lógica de la izquierda: la defensa de lo público, esto es, que sea la burocracia la que maneje las basuras, el transporte público, la operación del agua, la salud.

Y está en su derecho de sugerirlo y de hacerlo. Para eso es el Alcalde. El problema es que alcanzar tales objetivos no significa desconocer la realidad. Y la realidad indica que también la empresa privada u otro tipo de figuras pueden tener las mismas pretensiones. Y la ETB igual. Su presidente, el doctor Kattan, lo ha dicho con claridad: la empresa tiene ánimo de lucro. Igual que los privados.

En el caso del 123, se sabe que ha habido oferentes que han pretendido hacer la modernización a costos mucho menores que lo que ofrece ETB. Lo que corresponde entonces es abrir una puja en la cual todos hagan sus apuestas de forma transparente. Y la telefónica de Bogotá tiene cómo competir, ¿o no?

De lo contrario, pasa lo que está pasando, y es que el gobierno termina enfrentado a sí mismo por un tema que saca a la luz muchas verdades a medias, oscuras tramas y declaraciones que rayan en lo lunático –como el lupus del señor Arbeláez, el renunciado gerente del Fondo–. O nos devuelve al viejo debate del Alcalde, que asegura que detrás de todo está el ‘carrusel’.

Lo que es evidente hasta el momento es que el Alcalde está ‘enranchado’ en que nadie más juegue en este negocio y buscará un gerente que vaya en esa dirección. Y por otro lado, está la actitud del Fondo, al que con tantos antecedentes, la gente no sabe si creerle o no. Cuando sus directivos aseguran que es un “nido de víboras”, imagínense ustedes el tamaño de lo que allí pasa. ¿Será que el próximo alcalde se le mide a sanearlo? ¿Será que lo dejan?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
@ernestocortes28

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