River supo caer para después levantarse y ganar la Libertadores

River supo caer para después levantarse y ganar la Libertadores

El equipo argentino tardó 1.501 días para convertirse, por tercera vez, en el rey de América.

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07 de agosto 2015 , 09:20 p.m.

Jonathan Maidana, recio defensor central, es el único de los 14 jugadores que entraron al campo del estadio Monumental de Núñez el 26 de junio de 2011 que permanece en el plantel profesional de River Plate. Ese día, con el descenso a la B, el club tocó fondo. Pero lo hizo para volver, con más bríos, con más fortaleza, para recordar que es un grande.

Ese mismo día, pero en un sillón de su casa en Porto Alegre (Brasil), Fernando Cavenaghi, por entonces jugador de Internacional y que vivió momentos de gloria con River, ganó títulos y alcanzó a llegar a una semifinal de la Copa Libertadores, en 2004, no podía creer lo que estaba viendo por televisión. Apenas se consumó la caída al Nacional B, llamó a su empresario y le pidió que lo ayudara para volver a jugar en el club. El miércoles, 1.501 días después de vivir su peor día como hincha de River, se despidió de su hinchada, con el equipo fortalecido y con una tercera Libertadores para poner en sus vitrinas. (Lea también: River es el equipo que más rápido ganó la Libertadores tras descender)

A River le costó mucho trabajo volver a lo más alto y recuperar el camino de una historia gloriosa que nació el 25 de mayo de 1901, tras la fusión de los clubes Santa Rosa y La Rosales, en el corazón del barrio de La Boca, que dejó atrás en 1923 para mudarse a la esquina conformada por las calles Alvear y Tagle, y luego, para asentarse definitivamente en Núñez, en 1938. Pero la rivalidad con Boca Juniors, equipo nacido cuatro años después, permanece hasta hoy.

Su primera camiseta fue blanca pero, en 1905, un grupo de hinchas del club que participaban de un carnaval decidieron tomar una cinta roja de seda y pegarla con alfileres a la camisa, en forma diagonal. Así apareció uno de los uniformes más curiosos del fútbol mundial. (Lea también: Luego de 19 años, River Plate regresa a la final de la Libertadores)

En 1908, River obtuvo el ascenso a la máxima categoría y en 1920 logró su único título en la era amateur del fútbol argentino. Cuando nació el profesionalismo, en 1931, terminó cuarto, en un torneo que ganó su máximo rival, Boca Juniors. Pero al año siguiente comenzó a construir la leyenda de ser el más grande de Argentina, al conseguir el primero de sus 35 títulos oficiales.

Con la banda cruzada triunfaron leyendas del fútbol argentino: Amadeo Carrizo, José Manuel Moreno, Hugo Reyes, Adolfo Pedernera, Alfredo di Stéfano, Aristóbulo Deambrosi, todos ellos con paso por el fútbol colombiano, y otros como Ángel Labruna, Félix Loustau. Fue River el que mereció el apodo de ‘la Máquina’, al arrollar a sus rivales en los años 40 y 50.

Y fue River, también, el que sufrió una racha de 18 años sin títulos, entre 1957 y 1975, cuando apareció una nueva generación con Ubaldo Fillol, Roberto Perfumo, Reinaldo Merlo, J. J. López, Norberto Alonso, que dominó junto a Boca el fútbol argentino de finales de los 70 y comienzos de los 80. Alonso fue el líder del equipo que ganó la primera vez la Copa Libertadores, en 1986.

River siempre confió en los jugadores de la casa. Ariel Ortega, Hernán Crespo, Marcelo Gallardo (el mismo DT de hoy) fueron, junto a otro ídolo del club, Enzo Francescoli, los artífices de la segunda Libertadores, en 1996. Las dos copas, coincidencialmente, se las ganaron al América de Cali.

La grandeza de River parecía no tener mancha. Pero en 2008, después de obtener su título número 34, con Diego Simeone como técnico y con Radamel Falcao García como goleador, comenzó una caída que lo llevó a vivir las peores horas de su historia. ¿En qué momento el más grande de Argentina terminó hundido en la B Nacional?

Tocó fondo

También con Simeone como técnico, seis meses después de salir campeón, River terminó, por primera vez en su historia, en el último lugar de la tabla. Pero en ese momento no hubo alarma: al igual que en Colombia, el descenso se define por la campaña acumulada de tres años (de hecho, de allá se copió ese sistema). Estaba el colchón de puntos de la campaña que lo había llevado al título.

Pero las campañas que siguieron a ese inédito último lugar, sumadas a las malas administraciones del presidente José María Aguilar, en primer lugar, y de su sucesor, el histórico Daniel Passarella, que hicieron que River quedara con una deuda superior a los 10 millones de dólares, arrastraron al equipo a la debacle en lo deportivo.

Sin embargo, River no cayó directamente. Para hacer más doloroso el desenlace, tuvo que jugar la promoción contra Belgrano. En Córdoba cayó 2-0 y en el estadio Monumental, que se preparaba para recibir la Copa América, no fue capaz de darle la vuelta al marcador. De hecho, ese día, ese fatídico 26 de junio de 2011, Mariano Pavone erró un penalti. El juego ni siquiera pudo terminar, porque algunos fanáticos, con rabia y dolor, terminaron generando disturbios.

Juan José López había sido jugador del club en los años 70 y luego terminó en Boca. Eso no se lo perdonó jamás la hinchada. Y además quedó con la marca negativa de ser el técnico de River que cayó a la B, aunque no era del todo su culpa: con los puntos que logró, a River le alcanzaba para jugar la Copa Suramericana en 2011. Pero por norma, los equipos que descendían no podían representar a la Argentina en torneos de Conmebol. River había tocado fondo. Y tenía que arrancar desde abajo para volver a ser lo que era.

De gira por el país

López se fue y al banco de River llegó otro histórico del club, esta vez de la década del 90, Matías Almeyda. Cavenaghi cumplió y regresó. Y el equipo logró contratar a David Trezeguet, campeón mundial con Francia en 1998. River tuvo que enfrentar a equipos a los que solo conocía al revisar las tablas de posiciones de las divisiones de ascenso: Brown de Puerto Madryn, Independiente Rivadavia, Deportivo Merlo, Patronato de Paraná, Sportivo Desamparados... Y también, a otros rivales de sus años gloriosos, también caídos en desgracia, como Rosario Central, Huracán, Atlanta, Ferro Carril Oeste.

El torneo era todos contra todos. Los dos primeros ascendían directamente. El tercero y el cuarto iban a la promoción. River, obvio, era el gran favorito. Pero tuvo que esperar hasta la última fecha para asegurar su regreso, con un triunfo en la última fecha frente a Almirante Brown, en un Monumental que quería dejar atrás ese año de castigo por hacer las cosas mal. Desde entonces, en Núñez se pusieron a la tarea de cambiar completamente la historia.

Nuevos años gloriosos

El regreso de River a la A no fue fácil. De hecho, a Almeyda lo sacaron de su cargo en noviembre de 2012, después de cinco triunfos, ocho empates y cuatro derrotas. El equipo apenas terminó de octavo. El reemplazo de Almeyda fue otro histórico de River, Ramón Ángel Díaz, el DT que había ganado la Libertadores en 2006.

Con el ‘Pelado’, River estuvo a punto de ganar el torneo Final de 2012. Acabó de segundo, a tres puntos del campeón, Newell’s Old Boys. En el torneo Inicial de 2013 terminó de 17, y las sombras volvieron. Pero a Díaz le tuvieron paciencia: al semestre siguiente, River volvía a dar una vuelta olímpica, relegando a Boca al segundo lugar.

Sin embargo, Ramón Díaz dejó el cargo y en su lugar llegó Marcelo Gallardo, que había sido su discípulo en River en la campaña que lo llevó a la Libertadores de 2006. El ‘Muñeco’ tenía una corta experiencia como técnico, en Nacional de Uruguay, pero había sido exitosa, pues fue campeón en 2012.

Con Gallardo, River siguió ganando y mostró un buen juego. En la liga local terminó de segundo en el segundo semestre del 2014, a dos puntos de Racing. Pero en ese mismo periodo se reencontró con la gloria internacional, al ganar por primera vez la Copa Suramericana, venciendo en la final, qué coincidencia, a otro equipo colombiano, Atlético Nacional, tras un empate a un gol en el Atanasio Girardot y un triunfo 2-0 en el Monumental.

Con ese impulso, River llegó a jugar la Libertadores este año. Pero casi se queda por fuera en la primera fase. En los primeros cuatro partidos no ganó y apenas tenía tres puntos. Hubo un juego que cambió la historia. Fue contra Tigres, el mismo rival de la final: perdía 2-0 en el minuto 87. Teófilo Gutiérrez y Rodrigo Mora empataron el juego y lo mantuvieron con vida hasta la última fecha.

River necesitaba un milagro: ganarle a San José y que Juan Aurich no le ganara en Chiclayo a Tigres. Todo se dio: ganó 3-0 y los mexicanos le dieron la clasificación, al ganar ¡4-5! Con el peor puntaje de los 16 clasificados, tuvo que enfrentar a Boca en octavos. Y lo eliminó tras un polémico partido que no se completó, por un ataque con gas pimienta a los jugadores, el cual generó la eliminación de Boca y la clausura de La Bombonera.

Aún faltaba un milagro más. En cuartos de final, Cruzeiro le ganó 0-1 en Buenos Aires. Tenía que darle la vuelta en Belo Horizonte: ganó 0-3, de nuevo con Teo como figura, autor del tercer gol. En la semifinal dejó atrás a Guaraní y en la final, frente al mismo Tigres que le perdonó la vida en fase de grupos, volvió a lo más alto del continente.

Después de 1.501 días, River pasó del infierno a la gloria. Y celebró Maidana, que con Nicolás Bertolo se convirtieron en los primeros jugadores que ganan la Libertadores con Boca y con River.

Y celebró Cavenaghi, quien se había ido en 2013, volvió para conseguir la Copa y el miércoles se despidió definitivamente. Y celebró Gallardo otra vez, como ya lo había hecho como jugador.

JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
Subeditor de Deportes
@josasc

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