La Línea, un alto de amor de amor y dolor

La Línea, un alto de amor de amor y dolor

Este viernes será el juez de la Vuelta a Colombia, en la etapa Ibagué y Salento, de 136 km.

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06 de agosto 2015 , 09:59 p. m.

El alto de la Línea en Colombia es el más temido ascenso del país. En los últimos años poco es lo que ha servido para ser el máximo juez de una carrera ciclística, pero nadie duda que a través del tiempo se ha convertido en un infierno para unos y la gloria para otros.

No existe un secreto para cruzar primero por la cima, para dejar regados a los demás y coronarlo, pero tampoco hay un manual que diga cómo ‘atravesarse’ y ‘morir’ en el intento por, al menos, cruzarlo, sea como sea. Este viernes, este paso será importante en la sexta etapa de la Vuelta a Colombia, entre Ibagué y Salento, de 136 km.

En el lote de la Vuelta a Colombia Infraestructura en marcha este viernes es uno de esos días en los que la caravana poco duerme y predomina la ansiedad, la intranquilidad, pues en el kilómetro 55 de los 136 de los que consta la etapa entre Ibagué y Salento se encuentra la cresta de este mítico premio de montaña, calificado de fuera de categoría, que de alguna forma siempre deja huella en las competencias.

“Es un puerto muy exigente, duro. Espero que este año no sea la excepción. Cruzar de primero tiene su ciencia. Lo ideal es ahorrar fuerzas al principio para utilizarlas al final. Se sabe que los últimos 8 kilómetros son exigentes, y si no estás bien por esos lares, puedes perder los ahorros que traes”, le dijo a EL TIEMPO Fernando Camargo, el corredor del equipo Formesan, que ha ganado en tres ocasiones ese puerto.

Tal vez Camargo sea el mejor escalador del lote local y es tan bueno en el ascenso, que no le tiene miedo cuando se habla de subir la Línea, al contrario, el encanta, pero a lo que le teme es al descenso.

“Para mí no es un problema subir por ahí, es un ascenso que conozco, que me gusta, que ya sé cómo afrontarlo, pero el verdadero calvario es la bajada. Puedo ser el mejor escalador que hay en el país en estos momentos, pero si no bajo, pues de nada me sirve. Lo que gano subiendo lo pierdo bajando y eso es lo complicado”, señaló al que llaman ‘Veneno’.

Camargo no tiene un plan para ganar la Línea, “nunca lo he tenido”, pero sabe que hay que dosificar fuerzas, respirar bien en el alto y aguantar en los kilómetros finales, porque “es el momento en el que se puede perder hasta la risa”, advirtió el corredor de 37 años.

Fabio Montenegro es otro con experiencia ganadora en la Línea en Vuelta a Colombia. Sabe lo que es cruzar de primero por allí, a 2.822 metros de altura, donde el oxígeno escasea, el frío entume el cuerpo y la mayoría de veces la neblina no deja ver a más de 10 metros.

“Siempre he dicho que uno debe estar en el día que es para subir por ahí. Lo más difícil desde la salida de Ibagué es que son 55 kilómetros hasta el alto y negociarlos tiene su cuento.

Las rampas más complicadas se encuentran en los últimos 8 kilómetros y hay que dosificar fuerzas, pero al final lo que cuenta es lo que tenga cada quien en sus piernas y cabeza. Si hay fuerza, pero la mente no funciona, pues abajo perderá el año, como se dice”, comentó Montenegro, quien advirtió que cruzar de primero la Línea es como “ganarse una etapa”.

El español Óscar Sevilla no la ha pasado bien subiendo por la Línea. Tampoco su transitar por el alto ha sido fatal, pero es uno de los ciclistas a los que este premio de montaña le ha pasado factura, lo ha puesto a sufrir.

“Los últimos 10 km son terribles. Hay rampas durísimas y, de paso, se encuentra uno con el frío, el fuerte viento, una carretera inestable por el paso de los camiones. Es de los altos más duros del mundo”, recordó Sevilla.

El corredor del EPM-Tigo-Une señaló que cuando los kilómetros se devoran y se va en busca del cielo, de la cima, se sufre en la bicicleta. “Desde Ibagué son como 55 km, la altura es de 2,800 metros y eso lo convierte en un puerto demasiado cruel.

Uno siempre intenta pasarlo bien, pero hay días que uno claudica, que como que las piernas no responden, Además, el fuerte paso que ponen los colombianos lo hacen mucho más complicado”, aseguró.

Sevilla no es un escalador nato, se defiende en la montaña, pero a la Línea le tiene respeto.

“Me ha dado duro, pero a pesar de eso siempre he subido cuarto, quinto, pero es que uno en Colombia se encuentra con gente especialista, que agarran la Línea para hacer estragos y es normal, es su terreno. Fernando Camargo, Óscar Soliz, en fin, la mayoría de escaladores están como peces en el agua por ahí”, dijo el principal candidato a ganar la Vuelta a Colombia.

¿Hay algún remedio para escalar por ahí bien? Sevilla intenta ponerle sentido a lo que pasa.

“Es poco lo que uno tiene que hacer, no hay tiempo para reaccionar. Me toca regular, corro con mis vatios y prefiero coger mi ritmo y no correr a la rueda de los escaladores, aguantarles y faltando pocos kilómetros fundirme y perder todo en una sola etapa, en una palabra, no puedo morirme en la Línea”, señaló Sevilla, quien asegura que la Línea no es un puerto al que le tenga odio, pero tampoco cariño, más bien, es un ascenso de muerte lenta.

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial de EL TIEMPO
Ibagué
@LisandroAbel

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