Editorial: Menos fatales, igual de agresivos

Editorial: Menos fatales, igual de agresivos

El descenso en cifras de homicidio en Colombia es alentador. Pero aún preocupa la agresión ciudadana

06 de agosto 2015 , 08:32 p. m.

Que el año pasado, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF), el país haya registrado el menor número de muertes violentas en la última década es un indicador que debe recibirse con optimismo, en un contexto en el que se debate en torno a la paz y el posconflicto.

Según Forensis 2014 –el riguroso y ordenado informe anual sobre violencia–, el año anterior el INMLCF hizo 25.225 autopsias por causas relacionadas con agentes violentos, 5 % menos que los decesos similares ocurridos en el 2013, siendo a su vez la cifra más baja entre el 2005 y el 2014, década en la que se contabilizaron 279.565 casos.

Estos datos representan una tasa de 52,92 muertes violentas por cada 100.000 colombianos, de las cuales el homicidio aporta algo más de la mitad, con 12.626 asesinatos cometidos en el 2014. Esto es, 26,49 homicidios por cada 100.000 habitantes, tasa que merece una mirada especial.

Al comparar estas estadísticas nacionales con el contexto regional, que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, tiene una tasa de 28,5 homicidios por cada 100.000 habitantes, es esperanzador encontrarlas por debajo de la media latinoamericana. Tendencia favorable que ojalá lleve a que Colombia se aleje de ser uno de los países más violentos del continente.

Aunque es claro que aún estamos lejos de los 4,6 asesinatos por 100.000 habitantes que ostenta Chile, una disminución de estos decesos, por pequeña que sea, debe ser bien recibida y convertirse en estímulo para continuar por esta senda y para atenuar la preocupante pérdida de más de 900.000 años de vida saludable que se esfuman cada año por estas circunstancias, que son evitables.

Pero estos tímidos logros contrastan lamentablemente con los registros de lo que Forensis 2104 agrupa como lesiones no fatales; que son las agresiones de diferentes tipos y que han sido objeto de acciones judiciales. De hecho, el año pasado se practicaron 284.718 reconocimientos médico-legales que, no obstante ser el número más bajo en los últimos 5 años, no logran ser un punto de inflexión en la curva ascendente que este indicador ha mostrado en los últimos años.

Vergonzoso resulta evidenciar que la violencia intrafamiliar crece y que se ubique en el segundo lugar entre las causas de traumas que no matan, pero que ocasionan daños graves, apenas superada por la violencia interpersonal; como también saber que tienen, entre las dos, a la gente joven como su principal blanco. Echar por la borda cerca de 372.000 años de vida saludable, solo porque la gente se agrede, es algo que exige acciones serias de toda la comunidad.

En síntesis, de nada vale que cada día haya menos homicidios si en las calles y tras las puertas de muchas casas el país sigue igual de violento. Dichas cifras nos recuerdan que la responsabilidad es de todos.

En ese sentido, hay que ser claros. Esta información, que refleja el verdadero impacto de las políticas y de la capacidad del Estado para promover la convivencia y el nivel de civilidad de la ciudadanía, debe convertirse en la base para reforzarlas, enderezarlas o generar las que faltan sobre principios de realidad y no de retórica. El nivel de desarrollo social es inversamente proporcional a la violencia y en eso tenemos rezagos que se pueden compensar.


editorial@eltiempo.com

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