Nos juzgarán como ancestros

Nos juzgarán como ancestros

Somos ancestros de los que nacerán dentro de 20 años en este territorio de altísima biodiversidad.

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05 de agosto 2015 , 06:50 p. m.

Los colombianos de hoy somos los ancestros de los que nacerán dentro de 20 y más años en este territorio de altísima biodiversidad.

Como lo ha analizado el profesor Manuel Rodríguez Becerra, Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en diversidad de especies, por la cantidad de ecosistemas distintos y complementarios, debido a la privilegiada ubicación geográfica en la esquina noroccidental de Suramérica sobre la faja intertropical del globo, la forma como se abren los Andes en farallones, páramos, mesetas, piedemontes, altillanuras y valles profundos; las costas sobre dos océanos y la conexión con sistemas fluviales de los más caudalosos del planeta; en un espacio donde todas las formas de vida dependen unas de otras y donde el concierto de microorganismos –como lo advierte el científico James Lovelock– interactúan en una corteza viva que va desde miles de metros bajo tierra hasta más arriba de los nevados de nuestras cordilleras para sostener, en conjunto, una impresionante y única biodiversidad.

El resultado es un jardín vivo diversificado, con un capital natural cuidadosamente estudiado por el equipo de biótica de la Universidad Nacional, que tenemos la responsabilidad de proteger y dejar acrecentado a las generaciones futuras del planeta, como nos lo ha recordado el Papa a los pueblos que vivimos en los pocos espacios que poseen esta singularidad en el conjunto de la Creación. Proteger este jardín significa cuidar los páramos, montañas, bosques, ríos, humedales, ciénagas, playas y manglares, con la perspectiva regional e internacional de política y economía ecológica que los profesores Bermúdez y Avci presentan en el último número de Revista Javeriana, al analizar las luchas de los campesinos cundiboyacenses.

Colombia tiene la oportunidad privilegiada de acrecentar sistemáticamente esta masa orgánica de diversidad de especies, en una actividad productiva de capital biótico que puede absorber toda la mano de obra disponible en el país. Si lo hacemos, tendremos una acumulación de capital natural capaz de generar una cadena eficaz y sostenible de servicios ecológicos y de colocar al país con ventajas en el mercado mundial de bienes ecosistémicos de farmaceútica, confecciones, construcción, cosmético, látex, vestidos, corchos, papeles biodegradabes, etc.; y, por supuesto, de manera inmensa, en alimentos y turismo.

Desafortunadamente, con pocas excepciones, ni los gobiernos ni los empresarios han entendido la riqueza del jardín, su concentración orgánica oligopólica, su belleza y al mismo tiempo su fragilidad. Por eso, lo que aquí llamamos ‘desarrollo’ no es una estrategia para expandir la biodiversidad, sino una aplanadora que la destruye con la minería formal o informal, la ganadería extensiva, monocultivos gigantes, coca, extracción criminal con retroexcavadoras y, próximamente, con proyectos de fracking aniquiladores masivos de microorganismos.

La caída espectacular de los precios de los commodities alejó la inversión minera internacional y mostró la incertidumbre del desarrollo basado en extracción primaria. La coyuntura es un buen momento para reflexionar, detener proyectos minero-energéticos agresivos y considerar a fondo el lugar que nuestro territorio tiene, primero como receptáculo de vida en el planeta y luego como potencia económica biodiversa y sostenible en los mercados del mundo.

Esta riqueza natural la recibimos de nuestros ancestros. Hoy, nosotros somos ancestros de los que vendrán en las próximas décadas. Decidimos por ellos y por ellas. Imaginémoslos en el futuro, perplejos ante nuestra codicia que reventó ecosistemas y especies, aterrados ante nuestra torpeza que destruyó la base productiva del capital orgánico que sus abuelos dilapidamos para siempre.

Francisco de Roux

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