Espíritu avión

Espíritu avión

¿Cuántos más deberán someterse a los malos tratos de las aerolíneas antes de que haya un cambio?

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05 de agosto 2015 , 06:29 p.m.

El hombre de 78 años estaba por abordar. Sentado en una silla de ruedas, miraba a los otros pasajeros hablar en inglés e imaginaba qué significarían sus conversaciones. En su regazo sostenía su bastón, mentalizándose para un viaje de quince horas hasta Bogotá. De pronto, un empleado de Spirit lo detuvo y le preguntó si querría viajar más tarde porque había sobrecupo. Le darían un bono para un viaje gratis y lo ubicarían en otra aerolínea.

Sin comprender muy bien qué le ofrecían, accedió. Lo sacaron de la fila y lo llevaron al terminal del aeropuerto de Dallas-Fort Worth. Desorientado y angustiado por no poderse comunicar en inglés, firmó unos documentos. A los pocos minutos, el avión de Spirit despegó sin él.

Lo llevaron a American Airlines, donde Spirit le compraría un tiquete nuevo para Orlando. Sin embargo, le dijeron que la tarjeta de crédito de Spirit no funcionaba y que no podrían venderle el nuevo boleto. Y así se quedó, a la deriva, sin poder tomar sus medicamentos para controlar la presión arterial y, por ende, en grave riesgo de una nueva isquemia cerebral que ya le había causado lesiones motoras y cognitivas hacía pocos meses.

Su equipaje viajó sin él a Orlando, así que, al llegar allá, el hombre tendría que caminar largos trechos para recogerlo y hacer un nuevo check in en su conexión, con destino a Colombia. Debía hacerlo a pesar de un dolor agudo en su pierna izquierda que le impedía caminar más de veinte metros sin quedar exhausto.

Abusos de Spirit, como este, son bien conocidos en Estados Unidos, e indigna ver cómo estas aerolíneas siguen activas a pesar de que sus irregularidades les han acarreado demandas de cientos de miles de dólares. Su desdén e irresponsabilidad con un pasajero de la tercera edad, persuadiéndolo de viajar en una aerolínea diferente y dejándolo a la deriva, no solo reflejan paupérrimos estándares de calidad, sino que pusieron en riesgo su vida.

Como Spirit, numerosas aerolíneas someten a los pasajeros de la tercera edad a tratos que vulneran su salud y su integridad, e ignoran que es su deber llevarlos a puerto con la mayor consideración y respeto.

Mientras tanto, los usuarios, obligados por el monopolio de las aerolíneas, aceptan su destino mansamente frente a arbitrariedades como esta. No podemos sino agachar la cabeza ante los retrasos de Avianca, los sobrecupos de Spirit, el equipaje extraviado, las guitarras destrozadas por United, los objetos que desaparecen de nuestras maletas, las sillas cada vez más pequeñas y pegadas, el escrutinio de cada milímetro de nuestro equipaje, y de nuestro cuerpo.
Tenemos que volar, y ellos lo saben.

¿Cuántos millones de individuos viajan en el sistema aeronáutico al año? ¿Cuántos más deberán someterse a los malos tratos y a las peligrosas conductas de aerolíneas como Spirit, antes de que haya un cambio de fondo? ¿Cuántos niños, ancianos, mujeres embarazadas y jóvenes con discapacidad pasarán por situaciones de riesgo por prácticas irresponsables como el sobrecupo? Cada vez es mayor el costo de viajar en avión, y menores la comodidad y el respeto en aerolíneas como Spirit.

Si la progresión aritmética se mantiene, pronto tendremos que viajar de pie, pagar por el sobrecupo de los vuelos, alimentar a las azafatas y ser arrestados por terrorismo por llevar en la cartera un depilador.


María Antonia García de la Torre
@caidadelatorre

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