Río 2016: la mayor fiesta del deporte en el corazón de Brasil

Río 2016: la mayor fiesta del deporte en el corazón de Brasil

Los Olímpicos, en los que se han invertido 1.200 millones de dólares, prometen gran espectáculo.

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04 de agosto 2015 , 07:47 p.m.

Falta todavía un año, pero el corazón del Brasil ya comienza a latir más fuerte. El generoso corazón brasileño que insiste en acelerar cuando en él se cruzan dos emociones que nos apasionan: abrazar a personas de todo el mundo y disputar, con fervor y fairplay, un magnífico espectáculo del deporte.

Así fue en la Copa del Mundo. Y así será, a partir del 5 de agosto de 2016, cuando encenderemos la llama olímpica de la pasión por el deporte y levantaremos la bandera de los cinco círculos coloridos en nuestro magnífico Maracaná.

Creo que no es por casualidad que Brasil esté teniendo el honor de ser el primer país de América del Sur en ser la sede de una olimpiada. Somos un país que, además de la naturaleza grandiosa y diversa, recibió a diferentes pueblos y culturas con un historial de tolerancia y respeto que nos hace un símbolo mundial de convivencia, hospitalidad y alegría.

Nuestro pueblo –nuestros trabajadores, empresarios, estudiantes, científicos y artistas– consiguió levantar una de las naciones más abiertas del mundo con su capacidad creativa, amabilidad y solidaridad. Construimos una vigorosa cultura de paz y de trabajo.

Con estos valores estamos trabajando duro para hacer de estas olimpiadas la mejor fiesta que el deporte mundial haya vivido. Conseguimos esto en la Copa del Mundo y tenemos todo para conseguirlo, otra vez, en los Juegos Olímpicos de 2016.

Se trata de un gran desafío que estamos venciendo día a día, hora a hora, mucho antes de que las competencias, efectivamente, comiencen.

La lección empezó con la inversión en lo más importante: nuestros atletas. Se ha prolongado con masivas inversiones en la infraestructura deportiva y alcanza su clímax en la gran reforma urbana por la cual pasa Río de Janeiro, sin duda el más bonito escenario, desde la antigua Grecia, donde ya se realizó una olimpiada.

Durante los últimos años realizamos una masiva inversión pública para apoyar a nuestros mejores atletas, a sus técnicos y a sus equipos, a partir de programas como la Beca Atleta y el Plan Brasil Medallas. Nuestros atletas de punta, que vienen logrando mejorar sus marcas en cada competición, son nuestros grandes ídolos e inspiradores.

Prueba concreta de ello son los resultados obtenidos en los últimos Juegos Panamericanos. Esas inversiones traerán resultados aún más duraderos, que inclusive van a superar los límites temporales de los Juegos Olímpicos.

Estamos divulgando la práctica del deporte entre los jóvenes de todo el país, con inversiones en centros deportivos en todas las regiones, en las más diversas modalidades.

Un legado para Brasil

Ese será uno de los más importantes legados que cosecharemos con los Juegos Río 2016. Creemos que la educación y el deporte son nuestros mejores aliados para asegurar la inclusión e integración sociales, estimulando los jóvenes a luchar por sus objetivos, a vivir la alegría de la superación, a actuar en equipo y a respetar al adversario.

El deporte inspira la cultura de la cooperación, la ética del honor y del arduo trabajo para alcanzar objetivos y celebrar conquistas.

Cuando juntamos estos valores con la felicidad y la autoestima de un pueblo acogedor y hospitalario, he aquí el más importante legado de las olimpiadas.

Tendremos también el legado monumental de la modernización urbana de Río de Janeiro, una de las ciudades más lindas del mundo y nuestra mayor postal.

Dos tercios de los gastos de los Juegos Río 2016 están siendo invertidos en obras de infraestructura urbana en la ciudad.

Son las más diversas obras –una nueva línea de metro, un vehículo ligero que conecta todo el centro de la ciudad y líneas expresas de autobús que unirán las áreas de competición.

Toda esa inversión es para mejorar el transporte público y la circulación de las personas durante y después de los juegos, en especial de aquellas que viven en las zonas más apartadas y que más necesitan un transporte de calidad. La transformación urbana no termina ahí.

El área del puerto, por ejemplo, antes un lugar degradado, se está tornando un nuevo polo de recreación y de cultura para la población local y para miles de turistas que recibimos cada año.

En un futuro, el Puerto Maravilla va a abrigar nuevos edificios de oficinas y residencias. Estamos recuperando el brillo de la Ciudad Maravillosa, que siempre encantó al mundo desde los tiempos en que era la capital de nuestra República.

Los Juegos Río 2016 atrajeron fuertes inversiones del sector privado brasileño y no solamente para los patrocinios y la modernización y construcción de la nueva red hotelera.

El Parque Olímpico de la Barra, por ejemplo, fue construido, en gran medida, con inversiones privadas, incluyendo las obras de infraestructura del escenario.

La Villa Olímpica, que alojará a los atletas de todo el mundo, también está siendo construida por medio de la iniciativa privada, que ya comenzó sus ejecuciones de infraestructura en los distintos departamentos.

De esta forma, ya es posible afirmar que los Juegos de Río 2016 tendrán uno de los niveles más altos de inversión privada de las ediciones de dicho evento en los últimos 20 años.

Cooperación deportiva

El Complejo Deportivo de Deodoro, uno de los escenarios de la competición, ubicado en el corazón de un barrio con carencias y con la mayor concentración de jóvenes de la ciudad, se transformará en un espacio para la práctica de deportes de la población local. Será también un lugar de entrenamiento para nuestros mejores atletas.

Ya el Parque Olímpico de la Barra será la base del futuro centro olímpico de entrenamiento, responsable por la preparación de los futuros atletas de alto rendimiento del país. Ayudará también a intensificar la cooperación deportiva con otros países, especialmente con los vecinos de América del Sur.

El esfuerzo está siendo incrementado por las inversiones hechas en todo el Brasil. Son 12 centros de entrenamiento y 261 de iniciación deportiva, además de 46 pistas oficiales de atletismo. La inversión en el legado deportivo de Río y del país ya suma 1.200 millones de dólares.

Nosotros estamos permanentemente atentos también a la eficiencia del gasto y a la sustentabilidad de las instalaciones. La Arena del Futuro, escenario de las competiciones de handball en el Parque Olímpico, es un ejemplo. Construida en módulos, la Arena será desarmada después de los Juegos y transformada en cuatro escuelas.

La buena marcha de este grandioso proyecto ha exigido la atención permanente y el trabajo conjunto de los gobiernos nacional, provincial y municipal, además del Comité Organizador y de la Autoridad Pública Olímpica. El esfuerzo de todos se mantendrá hasta el fin de los Juegos Paraolímpicos, en septiembre de 2016.

Un evento de esta complejidad exige la atención constante de los mínimos detalles. Las obras y la estructura de Río ya comenzaron a testearse con los primeros eventos que se propagan por la ciudad. Hasta el comienzos de 2016 habrá competiciones de 40 modalidades deportivas.

Como pueden ver, Brasil está totalmente preparado para la llegada de los Juegos. Junto con la organización del evento, vamos a mostrarle al mundo, orgullosamente, nuestras recientes conquistas de una democracia fuerte y consolidada, empeñada en reducir las desigualdades sociales por medio del desarrollo económico y la inversión. Ese es el esfuerzo colectivo de todo un país.

Vamos a mostrarles a los 15.000 atletas olímpicos y paraolímpicos, a miles de aficionados y a miles de millones de espectadores nuestra energía para superar tantos desafíos.

La sociedad brasileña va a recibir a los atletas y a los turistas tan bien como lo hizo en la Copa de 2014, cuando el país deleitó al mundo con el clima de fiesta, de seguridad y de eficiencia. En aquella época, todos los que veían nuestra fiesta por la TV querían estar aquí en Brasil.

No se queden, por lo tanto, solo con el deseo, vengan a disfrutar de todo lo bueno que una olimpiada puede darle temporalmente y de todo lo que, en cualquier momento un país, como el Brasil, le puede ofrecer: ¡paz, amor, alegría y mucha, mucha felicidad!

Los esperamos con el corazón y los brazos abiertos.

DILMA ROUSSEFF, presidenta de Brasil
Especial para EL TIEMPO

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