La periodista paisa que escribe cartas de amor por encargo

La periodista paisa que escribe cartas de amor por encargo

Carolina Calle se especializa en convertir sentimientos de sus 'clientes' en palabras sobre papel.

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02 de agosto 2015 , 10:04 p. m.

Tiene alma de psicóloga, pero es periodista. Y escribe historias de amor, de otros, de los que deciden contarle sus dolores, sus tristezas. Que acuden a ella en busca de que ponga en palabras sus sentimientos. Carolina Calle Vallejo hace cartas por encargo y se ve a sí misma como una periodista al servicio del amor. No cobra, tiene sus propias reglas y sabe muy bien hasta dónde puede llegar su labor. “No prometo magia, no soy adivina”, dice.

“¿Que cómo comencé, querés que te cuente toda la historia?”, afirma Carolina, sorprendida de estar respondiendo la entrevista: ella es siempre la que escucha, la que hace las preguntas.

Todo arrancó con un gusto por el género epistolar, una obsesión, como ocurre con las cosas que se convierten en proyectos de vida, que la transformó en una escribana de historias de amor. (Lea también: La investigación que encontró las cartas de amor)

Desde el colegio adoraba las cartas y las leía, estudiaba con voracidad tanto las que Florentino Ariza le escribió a Fermina Daza, en El amor en los tiempos del cólera; las de Simón Bolívar, Joyce o las Cartas cruzadas, de Darío Jaramillo Agudelo, hasta las que publicaban en la serie de televisión Cartas de amor, con Marcelo Cezán, o las que aparecían en la película cubana Cartas del parque.

Pero las usaba también para su vida diaria: escribía cartas a su familia, amigos, jefes, al portero del edificio y hasta a su gata, Venus, que murió hace unos meses. Carolina presintió la muerte de la mascota y prefirió hacerle una carta en vida. “Una carta siempre ha sido el mejor regalo que me pueden dar”, admite la periodista.

Incluso, cuando estaba en quinto semestre de la universidad una amiga suya terminó con el novio. Ella le escuchó el cuento, como cualquier amiga, la consoló y, entre las dos, decidieron escribirle a ver si se arreglaba el noviazgo. Carolina pulió las ideas, y le enviaron el mensaje. (Lea también: Manteneme al tanto)

Los resultados fueron sorprendentes. Llegaron más amigas, algunos hombres, y su fama de escritora por encargo comenzó a crecer. Se graduó, trabajó con presos de la cárcel Bellavista y realizó el documental Se alquilan chanclas, sobre el negocio de alquiler de sandalias en las afueras del centro penitenciario.

Pero en realidad fue un problema de salud lo que empujó a Carolina a escribir cartas para desconocidos. “Desde los 17 años empecé a notar que me estaba quedando sorda, tenía hipoacusia (un tipo de deficiencia auditiva) en los dos oídos. Me aterraba la idea de alejarme de las personas, y entonces le prometí a Dios que si me dejaba volver a escuchar bien iba a poner mis oídos a disposición de los demás”, cuenta Carolina. (Lea también: La carta de la mujer cometa)

“No creás que soy religiosa”, aclara en un tono muy paisa que pone el acento al final de las palabras, “pero llevaba siete años de exámenes, hasta que encontré un especialista que dio con el problema”. La operaron y volvió a escuchar como antes. “Vos no te imaginás. En mí se hizo el sonido; empecé a escuchar, a oír la música de la vecina que ponía rock y yo no sabía, los pájaros...”, recuerda. Y con el sonido llegaron las historias, las cartas.

Las reglas de juego

Carolina recalca que lo que ella hace es puro periodismo. “No sé si llamarlo periodismo poético, comunicación afectiva; aún no sé cómo nominarlo, pero lo que hago es aplicar un proceso periodístico para escribir cartas y solucionar problemas de amor, que en el fondo siempre son problemas de comunicación”, señala en su blog Cartas a la Carta. (Lea también: Su amor es perjudicial para la salud).

En el blog o en Twitter y Facebook comienza todo el proceso. Ella les pone una cita a los interesados y hace una entrevista como si fuera a escribir un texto periodístico. Necesita saber cómo son los personajes, los escenarios, los sentimientos. Por eso las citas duran lo que sea necesario y se repiten tantas veces como lo amerite la historia. La periodista escucha, toma notas, y se aísla para escribir la carta.

Luego de un tiempo, tres días o una semana, quién sabe, vuelve a reunirse con la persona y le presenta el resultado. Entre los dos leen la misiva, la editan y afinan detalles, hasta que en un último paso el ‘cliente’ la transcribe a mano y la entrega. Eso sí, no siempre el proceso amerita que Carolina le dedique tiempo a un caso. “Hubo una carta que nunca escribí porque no le creí al man. Le pedí que me mandara correos de él y de la novia. Leí los de ella y dije ‘pobre vieja’, por ese desgarre con el que escribía. Le puse unas tareas y que narrara unas cosas, viera unas películas, pero él no lo hizo. El muchacho estaba esperando que la carta fuera un milagro, y así no es”, dice.

Esas es justamente una de sus principales reglas, la primera del manifiesto: ‘la verdad sobre todas las cosas’. “¡Gas! Es lo único que tengo que decir sobre la mentira. Bastantes se dicen en el día a día como para escribir más, así que si no me va a decir la verdad, ni se le ocurra hacer parte del proceso Cartas a la Carta, porque aquí solo hay tiempo y espacio para la verdad”, sostiene Carolina.

Hay otras condiciones: que la carta tengan un propósito noble, no debe incluir cursilerías, ella decide el tiempo que necesita para escribirla y no la pueden afanar, porque “el proceso periodístico implica tiempo y compromiso”, aclara. Una vez terminada, debe ser transcrita a mano, sin errores de ortografía, fechada y firmada por el remitente.

Tampoco permite plantillas de cartas, porque ninguna debe parecerse a la otra; podrá incluir pasajes de canciones o textos literarios y, lo más importante, quien la busque deberá donarle la carta. “Esto implica que, aunque reservaré la identidad de los involucrados y cambiaré los nombres –si así ellos lo exigen–, la historia podrá ser publicada acá o en otros medios y, por qué no, adaptada al cine, a la televisión o a la literatura. Será de acceso público, y lo más posible es que su historia de amor, aquí o en cualquier parte del mundo, le esté enseñando algo a alguien”, indica el manifiesto.

Hasta ahora van 110 cartas publicadas en el blog, de las cuales 25 han sido por encargo; las demás son donaciones de amigos o colegas que deciden regalarle sus cartas para el proyecto, que tuvo un apoyo de Crea Digital, del Mintic. También ganó una beca de Creación de la Alcaldía de Medellín. Algunas de las misivas terminarán en un libro-objeto, para el que busca apoyo, y hará una publicación periódica de una carta y una historia de amor ilustradas, cada mes. “Lo que queremos es tener un espacio para la microficción”, concluye.

* Para comunicarse con Carolina Calle Vallejo lo puede hacer a través del twitter @cartasalacarta.

CATALINA OQUENDO B
Cultura y Entretenimiento
@cataoquendo

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