Editorial: Corrupción en Florencia

Editorial: Corrupción en Florencia

En Colombia no se ha logrado imponer aún el concepto de que los recursos públicos son sagrados.

31 de julio 2015 , 07:56 p. m.

Se ve sonriente en las fotos oficiales que circulan en las páginas de internet. Pero la señora alcaldesa de Florencia (Caquetá), María Susana Portela, no tiene de qué reírse, pues fue capturada el jueves a primera hora en una operación conjunta de la Fiscalía y la Dijín. Se les acusa a ella, a su esposo, a dos secretarios de su gobierno y a 11 concejales de la ciudad –que asimismo fueron capturados– de cohecho, prevaricato, falsedad ideológica y enriquecimiento ilícito. Ya en febrero de este mismo año su marido había estado en la cárcel por ofrecerles 200 millones de pesos a funcionarios de la Fiscalía, supuestamente, para que archivaran las investigaciones contra la Alcaldesa. Ella misma estuvo detenida en el 2014 por presuntas irregularidades en contratos de construcción de interés social. Se trata, pues, del más reciente episodio de una historia oscura y digna de lo que el escritor Enrique Santos Molano ha estado llamando en estas páginas ‘una corruptocracia’.

Ha sido el Vicefiscal General de la Nación, ni más ni menos, quien ha explicado que la mandataria y su marido les habrían pagado 800 millones de pesos a los concejales de Florencia, en tres contados, en el lobby de un hotel y en un par de escenas semejantes a las de una película de gánsteres, para que les aprobaran un escandaloso cupo de endeudamiento superior al permitido para la ciudad. La señora Portela, economista, especialista en Administración de la Universidad Central de Bogotá, fue elegida hace tres años con la votación más alta en la historia del municipio.

Cumple años en la vida pública de Caquetá. Es, pues, una enorme decepción para sus electores y una demostración de que el robo de lo público, el robo del Estado como un botín cualquiera, se ha vuelto una costumbre más del hampa.
Casos como este prueban que en Colombia no se ha logrado imponer aún el concepto simple, pero incuestionable, de que los recursos públicos son sagrados. Queda esperar que la justicia actúe, que no permita que los funcionarios corruptos se salgan con la suya, como si nadie estuviera mirando, es la mejor manera de acabar con semejante podredumbre.

editorial@eltiempo.com

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