Editorial: Dos miradas a Bogotá

Editorial: Dos miradas a Bogotá

La capital mejoró en varios de sus indicadores sociales, pero no sucede lo mismo con otros frentes.

30 de julio 2015 , 08:01 p.m.

Esta semana la capital fue objeto de dos importantes estudios, que revelan cuáles han sido los avances que, en materia de calidad de vida, infraestructura, desarrollo económico, seguridad y otros, permiten concluir si ha habido o no mejoras en la situación de sus habitantes.

Nos referimos a la encuesta Multipropósito 2014 –de la Alcaldía Mayor, con el respaldo del Dane– y al informe de calidad de vida del programa ‘Bogotá, cómo vamos’, que promueven EL TIEMPO, la Cámara de Comercio de Bogotá, la Universidad Javeriana y la Fundación Corona.

El primero entrevistó a 140.000 personas en esta capital y 31 municipios de Cundinamarca, y en todos los estratos socioeconómicos. Ya se había hecho en el 2011 y desde entonces, al comparar los resultados, hay evidentes cambios y adelantos en temas sociales.

Por ejemplo, cabe resaltar la disminución del número de personas en condiciones de hacinamiento, que pasó de 2,4 a 1,8 por ciento; hoy, menos gente percibe que sus condiciones sean peores, y el índice de quienes hace tres años decían que por falta de dinero uno o más miembros de su familia solo podía consumir una comida al día bajó de 7,2 a 4,9 por ciento.

El estudio también mostró características de la ciudad que a veces se olvidan y que, al analizarlas a fondo, pueden contribuir a diseñar políticas públicas en torno a ciertos grupos sociales o temáticas que coadyuven a seguir mejorando los indicadores. Por ejemplo, no deja de despertar interés el incremento del número de personas solas –subió tres puntos porcentuales–; el 32 por ciento de la población es inmigrante, y el número de madres jefes de hogar también creció.

Hay que destacar estos esfuerzos en lo relativo a lo social, que han ayudado a miles de personas a alejarse de la línea de pobreza y a generar equidad. Pero la distancia aún es amplia. Bogotá sigue siendo desigual y persisten en ella graves falencias, que no se resuelven a punta de subsidios generalizados.

Y es eso lo que en parte refleja ‘Bogotá, cómo vamos’, que, si bien destaca la educación y la salud como los sectores con mejores resultados, no muestra lo mismo en otros campos.

Según el programa, en el último lustro la vivienda ilegal aumentó a un ritmo de 1.240 casos por año; el acceso a casa propia es cada vez más difícil –solo el 36,8 por ciento goza de ese privilegio–; estamos por debajo de las metas en vacunación; crece la atención a la primera infancia, pero no lo hace a igual ritmo el equipamiento, y sigue la deuda ambiental, particularmente con la calidad del aire. Los homicidios aumentan y bajan las lesiones personales, y la movilidad pasa su cuenta de cobro en accidentalidad.

Bogotá vive la paradoja de tener, por un lado, indicadores sociales aceptables en distintos frentes, y, por otro, ser una urbe rezagada en lo estructural. Este gobierno no dejará una megaobra, ni una nueva troncal, ni nuevos andenes, ni espacios públicos libres, o un transporte público con un futuro menos incierto.

Hacer compatibles estas dos realidades es tarea urgente. De nada vale dignificar las condiciones de las personas si ellas no encuentran una ciudad que les permita disfrutar de su nueva condición. Así también se construye equidad. Ese es el desafío que tenemos, y ojalá así lo estén entendiendo los candidatos.

editorial@eltiempo.com

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