Editorial: Un camino empinado

Editorial: Un camino empinado

La bonanza en los precios de materias primas llegó a su fin. La nueva realidad viene con desafíos.

29 de julio 2015 , 07:03 p. m.

Es muy posible que este julio, que ya termina, acabe figurando en los libros de historia como el mes en el cual finalizó la bonanza en los precios de las materias primas, que fue la constante durante la mayor parte de lo que va del siglo. Y es que prácticamente todos los productos básicos –ya sean insumos energéticos, metales o alimentos– han visto caer sus cotizaciones a niveles incluso más bajos que los observados tras la crisis del 2008.

El efecto que esta situación tiene sobre decenas de países no es despreciable. Mientras los exportadores de bienes primarios enfrentan dificultades, que se traducen en una menor tasa de crecimiento, los compradores netos se han visto beneficiados.

En América Latina las cosas no pintan bien. Tal como lo confirmó este miércoles la Cepal, al dar a conocer sus más recientes proyecciones, el aumento en el producto interno bruto de la región llegaría escasamente al 0,5 por ciento este año. Debido al frenazo, empiezan a verse alzas en el desempleo que podrían llevar a dar marcha atrás en las conquistas hechas en la lucha contra la pobreza.

Son muchas las causas de una destorcida que lleva cierto tiempo, pero los expertos identifican una en general: la ralentización de China, que es un gran consumidor de materias primas en las que es deficitario. Como es bien sabido, el gigante del otro lado del Pacífico tuvo una impresionante expansión que duró varias décadas, gracias a la cual se multiplicó no solo el ingreso por habitante, sino también la población urbana y la infraestructura física. Treinta años después de haber comenzado el auge, el ritmo se ha moderado, y con este el apetito por bienes básicos.

Adicionalmente, el petróleo sigue reflejando la guerra que comenzaron los productores de bajo costo, especialmente los de Oriente Próximo, para sacar del mercado aquellos yacimientos que tienen un punto de equilibrio más alto. Así, el crudo se encuentra en la mitad del nivel de hace un año, y hace poco inició una nueva senda descendente, que genera no pocos interrogantes.

Algunas de esas inquietudes son compartidas en Colombia. Los cuatro renglones principales de nuestras exportaciones –los mismos que representan casi tres cuartas partes de las ventas totales– se encuentran en la categoría de materias primas: petróleo, carbón, café y oro. Todos han visto caer sus precios en forma notoria, algo que se manifiesta en una elevación súbita del saldo en rojo en la balanza comercial.

A lo anterior hay que agregar que la descolgada en las cotizaciones tiene efectos negativos sobre los recaudos fiscales. El proyecto de presupuesto nacional que fue radicado ayer en el Congreso refleja una realidad en la que queda claro que la época de vacas gordas quedó atrás.

El consuelo es que no estamos solos. En Latinoamérica el apretón se vive desde México hasta Chile, con pocas excepciones y por la misma causa. También en África, Asia u Oceanía hay gobiernos a los que no les queda más remedio que apretarse el cinturón.

La súbita variación no solo ha apagado el entusiasmo con respecto a las economías emergentes, sino que se ha sentido en las tasas de cambio. El dólar sube de precio aquí y allá, mientras a muchos les queda difícil acostumbrarse a la idea de que la bonanza terminó y de que el camino se ha puesto empinado.

editorial@eltiempo.com

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