Editorial: La falsa denuncia

Editorial: La falsa denuncia

Deben investigarse las causas que llevaron a la conductora del SITP a mentir sobre su violación.

27 de julio 2015 , 07:57 p. m.

No fue poco el despliegue mediático que se le dio la semana pasada al episodio de una mujer, conductora de uno de los buses del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) de Bogotá, que denunció haber sido objeto de asalto, maltrato y violación mientras cumplía con su labor.

Y no era para menos. Semejante caso indignó a la ciudadanía y puso en alerta a las autoridades, que de inmediato desplegaron un gigantesco operativo, con decenas de hombres que acordonaron la ciudad y siguieron pistas para dar con los supuestos delincuentes.

Este lunes se vino a saber que todo era falso. Que no hubo tal atraco ni tal violación, y que aquello había sido fruto de la imaginación de una mujer que decidió armar tal trama para protestar contra el maltrato que estaría recibiendo de la empresa a la que prestaba sus servicios.

Resulta inconcebible y condenable esa conducta. El proceder de la conductora ocasionó alarma en la sociedad; las redes no tardaron en organizar campañas en favor suyo, convencidos todos de que se trataba de una víctima más de abuso sexual; la Policía montó retenes, detuvo sospechosos y hasta ofreció recompensas.

Peor aún: ello derivó, como era de esperarse, en una actitud de repudio que alimentó el ya alicaído optimismo de los bogotanos. Volvió a hablarse de la terrible inseguridad que golpea a la capital, y una nueva mancha se posó sobre la imagen del Sistema Integrado.

Por supuesto que el caso debe conducir a esclarecer lo sucedido, y debe la ley actuar ante esta falsa denuncia, so pena de que historias similares, que desgastan el aparato policial y provocan desconfianza en la comunidad, se sigan repitiendo.

Lo anterior no es óbice, sin embargo, para que se indaguen las causas que llevaron a dicha mujer a actuar como lo hizo; si es cierto que la falsa víctima estaría siendo objeto de algún tipo de discriminación y cuál fue la actitud asumida por la empresa. Por ahora, el daño quedó hecho y hay que asumir las consecuencias. Y la ciudadanía, a aprender de las lecciones que deja semejante historia.

editorial@eltiempo.com

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