Tradición oral afro se renueva con la poesía de sus mujeres

Tradición oral afro se renueva con la poesía de sus mujeres

EL TIEMPO reconstruyó la vida y las historias de tres mujeres poetas negras.

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27 de julio 2015 , 07:12 p. m.

La tradición oral ha sido la manera como los grupos étnicos, afrocolombianos e indígenas han reconstruido su historia e impedido el olvido de sus tradiciones.

La poesía, al igual que los cuentos, relatos, leyendas y mitos, plasma la vida social y cultural de los descendientes de personas esclavizadas traídas de África por los colonizadores españoles. En 1851, tras la abolición de la esclavitud en el país, obtuvieron la libertad.

Dentro de esa tradición oral ha estado presente la mujer negra, que por medio de la poesía ha contribuido a conservar los conocimientos ancestrales a través de los tiempos.

“La mujer ha sido generadora de saberes y la transmisora mayor de la cultura afrocolombiana dentro de la sociedad y la familia, porque es ella la que está en el hogar y así trabaje tiene una relación más profunda con los niños y los abuelos”, dijo Fernando Palacio, gerente de Negritudes de Antioquia.

Por eso, la semana pasada fue celebrado el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora por medio de un recital de poesía que tuvo la presencia de escritoras y cuenteras afrocolombianas, algunas de las cuales han sido reconocidas el Museo Rayo con el título de Almanegra, otorgado a las mujeres poetas que han logrado la excelencia.

Las invitadas a este certamen, por la Gobernación de Antioquia, fueron Mary Grueso Romero, Lucrecia Panchano y Dionicia Moreno Aguirre. Ellas recitaron sus poemas, con voces fuertes y sonoras, a un público de más de 100 mujeres afrocolombianas del departamento.

EL TIEMPO las entrevistó y recopiló sus historias, las historias de estas artistas que utilizan el lenguaje para expresar ideas y resistir al olvido a la que las que fueron condenadas por muchos siglos por ser mujeres y negras.

Por eso, su trabajo contribuye de manera significativa al contenido cultural de la sociedad.

“Los arrullos, cánticos, cuentos e historias se escucha al lado de la madre y la abuela. La mujer tiene la necesidad de contar, cantar y transmitir todo ese conocimiento que le ha sido dejado por sus descendientes. Por eso lo escriben como lamento en los rezos, arrullos y lamentos”, dijo Palacio.

Para él, apenas ahora se está visibilizado la poesía femenina afrocolombiana, pues el énfasis ha estado siempre en la música, el baile y el canto.

Por eso, para Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano, en el prólogo del libro de Mujeres Poetas Afrocolombianas, el trabajo de las poetas negras está renovando y subvirtiendo el viejo canon de poesía.

“Recogen la tradición rítmica de la poesía que heredaron de sus vertientes africanas, transmitida en forma oral y musical, y establecen una nueva perspectiva con su dicción, con su intención, dándole una nueva significación a su cultura y a la sociedad”, dicen en el prólogo.

En sus escritos no solo se escucha la voz de protesta, sino también el ritmo autóctono de la poética afrodescendiente donde “se escucha la percusión de los tambores africanos y en especial del tambor yoruba. La complementan con la utilización de onomatopeya y palabras musicales inventadas”, aseguran los investigadores.

Estos ritmos y sonidos musicales se transmiten entonces a través de la música y del canto, pues la estructura cantada es dominio de voces femeninas, de las mujeres negras que habitan todas las regiones del país.

Para Palacio, esa música que ha sido creada por las madres y abuelas se inscribe en el amor por la etnia negra, por sus hijos y abuelos, por las tradiciones aprendidas, por las historias y mitos. Esto es lo que articula la poesía negra.

“El sentimiento de las negras es lo que le da valor a sus creaciones artísticas. A esto se agrega que son mujeres con pocas oportunidades”, agrega el gerente.

‘La poesía es resistencia’

Dionicia Moreno Aguirre es profesora de primaria en Buenaventura. David Sánchez/EL TIEMPO

Dionicia Moreno Aguirre comenzó a escribir a los 8 años epístolas o cartas de amor a sus padres y hermanos, que vivían en Cali, mientras ella se encontraba en la casa de una de sus tías en Buenaventura, ciudad que ama y de la que hoy en día se inspira para escribir sus poemas.

“Yo que soy muy romántica navego en las nubes anaranjadas y rojas del cielo de mi ciudad. También escribo del amor que engendra a los niños negros, de las raíces de mangle y del mar”, dice.

Esta mujer, profesora de primaria, cuenta que su madre era indígena emberá y su padre negro, pero caló más en ella su ancestro africano, por la música, la tradición oral, la fiesta y el folclor.

“Mi papá nos recitaba poesía, nos sentábamos a la mesa a escucharlo cuando declamaba el Indio Rómulo y otros poemas de Candelario Obeso”, cuenta. La poesía se ha convertido en su forma de resistencia, por eso a pesar de que su familia fue amenazada por grupos armados no deja la ciudad.

“No huimos porque no le hemos hecho daño a nadie y nos quedamos en la ciudad a pesar de la situación violenta por la que pasa”, agrega Dionicia.

Recobrando el pasado

Déjame ser negra de corazón/ Déjame sentir henchida el alma de alegría y de dolor/ déjame sostener en mis ojos esta lágrima de angustia/ de orgullo y de pasión/ Ver a mis viejos, viejos… de ancestralidad/ ver a mis viejos masticando el dolor de otros tiempos, déjame traspasar el umbral de mis antepasados, déjame remontar en mis raíces, recobrar un poco del mandinga que aún me toca/Déjame ser polvo de la tierra africana/ ser sol de tu desierto (...)

‘Escribo de la lucha y la resistencia’

La poeta dice que su universidad han sido las experiencias. Foto: David Sánchez

Lucrecia Panchano de García dice que es poeta desde que nació. “Elcías Martán, cuando me hizo un prólogo, aseguraba que esto era intrínseco, pues conoció una tía mía que hacía versos y era analfabeta”, dice con orgullo. Para ella ser mujer, poeta y negra le da otra mirada acerca de la vida, las personas, la naturaleza y el amor.

“Yo le escribo a quien nadie les a escrito: gamines, pescadores, a los pobres y desplazados”, explica Lucrecia, de 80 años de edad. Su poesía es -cuenta la mujer- rural, fácil, común, del entorno y de la cotidianidad del día a día, “es un grito de protesta”, dice.

De los paisajes y personajes de Buenaventura, donde vivió y trabajó durante 22 años, inspiró muchos de sus poemas. Trabajó en la empresa Puertos de Colombia en Buenaventura como interlocutora del muelle con l os barcos. Cuando se jubiló, en 1982, se fue a vivir a Cali, donde ha trabajado como profesora en barrios marginales de esa ciudad.

Después de 50 años dedicados a la escritura, Lucrecia ha publicado siete libros y ha sido invitada a España y otros países europeos a declamar sus poemas, que los recita de memoria, como cantando una cumbia. “Me alimenté de mucha cabeza de pescado, quizá por eso puedo grabar todo en mi cabeza”, agrega.

Afrodescendencia

En tu fisonomía, pelo y piel, África grita/ Grita en la mezcolanza de la pigmentación/ grita en el alma, allí donde lo noble de todo ser habita/y hace eco, en los vericuetos de la imaginación/ África grita en las mil voces del ancestro como fuerza telúrica/ estremece nuestro ser/ Grita todo lo suyo, que también es lo nuestro en todos nuestros actos y nuestro quehacer/ África grita, en todo aquello que significa vida/ y en el dolor sin nombre de siglos de opresión/ África grita, en la esperanza y en la fe perdida y en las reconditeces de nuestro corazón/ África grita, no para inventariar un pasado infamante ni hacer recordatorios de humillante racismo/ África grita, para impulsarnos a seguir adelante/ para que nuestra identidad no se vaya al abismo/ África grita en la sangre que corre por las venas (...)

"Quiero que los niños se reconozcan en la cultura negra”

Lleva una muñeca negra a las presentaciones. Foto: David Sánchez

"La muerte y la pérdida, me hicieron poeta”, dice Mary Grueso Romero, poeta afrocolombiana, para quien la muerte de su esposo hace 25 años la obligó a plasmar su pena. Así fue como descubrió el poder de las palabras en el proceso de sanación.

“Cuando superé la pérdida me enfoque en la gente del Pacífico, mi tierra y mi mar. En mis poemas encuentra agua salada por todas partes, porque es por donde yo navego la literatura”, dice y ríe, parece que canta cuando habla. Para Mary el talento que tiene con las palabra obedece a la tradición afrocolombiana, pues es desde allí, desde la cultura, donde se expresa el lenguaje literario.

“Eso viene de generación en generación. Mi mamá cantaba muy bien, contaba historias, también recitaba. Lo que quiero ahora es que nuestros niños se reconozcan en esa cultura y que los otros nos miren y admiren”, dice Mary. Por eso, escribió’ ‘La muñeca negra’, un libro con 14 cuentos ilustrados con personas y niños negros.

Desde que fue publicado, son muchos los colegios de Buenaventura, donde reside y trabaja Mary, que utilizaron la muñeca negra como símbolo de premiación. “Por ejemplo, en el colegio Santa isabel de Hungria a los mejores estudiantes ahora les dan una muñeca negra”, agrega.

Naufragio de tambores

En mi sangre de mujer negra/ hay tambores que sollozan/ con rumor de litorales/ naufragio de marimba/ en los esteros de la manglaria/ Oigo sonar el guasá/ con sonidos incitantes/ y siento un clamor en el cuerpo/que me recorre hasta el alma/ cuando me llama de adentro/ de las profundas entrañas/ los gritos de mis ancestros/ formando tempestades/ en mi corazón y mi sangre/ Entonces se encienden hogueras/ en mi ánfora pagana/ y me muevo como palmera (...)

PAOLA MORALES ESCOBAR
inemor@eltiempo.com - @PaoLetras
Redactora de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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