Francisco Leal y Karen Daccarett, el poder de crear moda en pareja

Francisco Leal y Karen Daccarett, el poder de crear moda en pareja

A las 7 p. m. es el desfile de este dúo, de la mano de la revista Carrusel y el Banco de Bogotá.

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27 de julio 2015 , 04:15 p. m.

Romper paradigmas es uno de los mayores atributos de esta pareja de diseñadores colombianos. A la hora de crear moda, la barranquillera Karen Daccarett y el bogotano Francisco Leal no temen arriesgarse e inventar nuevas formas de presentar y usar prendas y accesorios.

Y esto se aprecia en la maestría de su colección primavera-verano 2016. Sorprenden con una propuesta orgánica, inspirada en la naturaleza, llena de finos acabados que se observan en detalles minuciosamente trabajados, como las flores cosidas tela sobre tela, técnica que dominan a la perfección las artesanas con las que laboran desde sus comienzos como empresa en el 2008.

Una de ellas es María Elcy Guzmán, una tímida bogotana que con su oficio sacó adelante a sus hijos. “Ella y las otras son como parte de la familia”, apunta Francisco. María Elcy hizo la capa de matrimonio de Karen y el toldillo de la cuna de Jacobo, el hijo de cuatro años de esta pareja de diseñadores.

Gloria Rodríguez, de Chocontá (Cundinamarca), con más de 30 años en el oficio, es la decoradora de alta costura.

Ella borda con asombrosa rapidez la pedrería que les da forma y movimiento a vestidos pensados para una mujer que no teme explotar su lado más femenino y que la hace única. Gloria tarda dos días, en promedio, para finalizar el bordado que –como ella asegura con cierta picardía frente a Karen y Francisco, sus jefes– “es lo que le da vida a cualquier vestido”.

La apuesta orgánica de la nueva colección de Leal Daccarett se hila con la presencia de las abejas. La pareja de diseñadores resalta la participación de este laborioso insecto en el equilibrio ecológico, “clave en ciclos tan elementales como la polinización de las flores y en la vida misma del hombre”, dice Karen.

Es una especie de homenaje a las abejas, cuya población mundial se ha diezmado, algo que atiza el caos en el medio ambiente. Las llevan a la pasarela en anillos y aretes que proponen usar de maneras poco convencionales en manos y orejas.

Y en las prendas lo inusual también hace presencia. La perfección de los panales que fabrican estos insectos se ve en ciertas piezas. Y la mezcla arriesgada de colores como los clásicos negro y blanco con otros más estridentes o vibrantes como amarillo, verde jade y verde esmeralda recuerda el acento divertido que caracteriza sus propuestas.

Karen, de 35 años, y Francisco, de 36, confirman una y otra vez que romper paradigmas es parte de su esencia. Eso y confabularse con acierto para que las mujeres venzan prejuicios, como ya lo han hecho en colecciones anteriores, y pierdan, por ejemplo, el miedo a lucir colores en apariencia poco ‘vestidores’, como el azul oscuro o el lila. Eso y que se arriesguen “a verse elegantes sin recargarse, a soñarse y sentirse como princesas con vestidos de volúmenes importantes”, precisa Karen.

Y como para estos diseñadores del Istituto Marangoni, de Italia, la moda comunica, ese interés de expresar historias con sentido sale a flote permanentemente. Esta vez no es la excepción. Por eso en su proceso de invención se confirma el absoluto deleite de Francisco con la historia, una de sus pasiones. Y de Karen, esa imaginación que echa a volar con fluidez y que se junta con ese toque excéntrico que alaban en los diseños de la firma. A ambos les gusta contar historias con sentido, pero historias que no sean predecibles.

La musa de la inspiración los visita en los lugares más inesperados. Fue durante un paseo por los jardines del Central Park, en Nueva York, cuando se les ocurrió el punto de partida de su colección: Dos hermanas cubanas que entran a una antigua librería en esta ciudad y abren libros que las transportan a la época de la Expedición Botánica. Ese fue el pretexto perfecto para hilvanar esta nueva propuesta de diseño, inspirada en jardines y abejas.

Y en esta no desaparece el colorido y la alegría del Caribe que tanto los apasionan. Se refleja en vestidos cuyas siluetas evocan los boleros de los trajes de fiesta en los días de esplendor de la vieja Habana, Cuba, porque esta joven pareja extraña los tiempos de celebración en grandes salones. Una tradición que en su adolescencia alcanzaron a disfrutar y que recuerdan en sus vestidos imponentes que traen a la memoria esa época en que “la diversión tenía una magia que hoy ya no está”, insiste Francisco.

Hasta en esas añoranzas se entienden. Leal-Daccarett se complementan muy bien y conocen el poder de hacer las cosas en pareja. Como socios y compañeros de trabajo han conformado una dupla exitosa desde que se conocieron en Milán (Italia), y como esposos comparten, entre muchos otros sueños y aficiones, como su gusto por la jardinería, un gran proyecto de vida: Jacobo, su hijo de cuatro años.

Ellos fluyen en perfecta sintonía en su trabajo. Por eso no pueden ocultar mirarse extrañados cuando les preguntan amigos, periodistas o conocidos si no se cansan de verse las caras a diario. “¿Por qué habría de pasar? Es imposible aburrirse con Karen”, dice Francisco, y suelta una carcajada. Y Karen agrega: “Nosotros pasamos mucho tiempo juntos en el taller o en el almacén; lo curioso es que, en la noche, en la casa, siempre tenemos tema de conversación”.
Con ellos el humor y la diversión siempre están presentes. Diversión se respira en su taller, en el centro de Bogotá.

Ese espíritu relajado y alegre que los caracteriza quieren contagiarlo a las mujeres para que hagan de la tarea cotidiana de vestirse un ritual divertido. “Casi como un juego”, agrega Francisco.

Un juego en el que Karen, cuando están afinando los detalles de una colección y corriendo contrarreloj, “se convierte en la mariscal de campo. Es perfeccionista al extremo, se fija en los más mínimos detalles”, apunta Francisco. Él, que es de temperamento más acelerado, en los momentos de presión se transforma y aporta la serenidad que se requiere.
Y en ese juego permanente de crear, lo que saben con certeza es que seguirán disfrutando cada momento juntos, como esposos y como socios, patrocinándose locuras y confabulando para borrar de la mente femenina prejuicios a la hora de vestir.

FLOR NADYNE MILLÁN
Revista Carrusel

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