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Enrique Santos presenta a un Antonio Nariño recargado

Enrique Santos presenta a un Antonio Nariño recargado

El historiador transportará a los lectores 200 años atrás con 'Mancha de la tierra', su actual obra.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de julio 2015 , 07:17 p. m.

Ya han pasado los vientos de la conspiración. Triunfaron los ejércitos rebeldes y se han comenzado a construir los cimientos de una nueva nación. Antonio Amador José de Nariño y Álvarez del Casal, en su lecho de enfermo en Villa de Leyva, comienza a narrarle a su difunta esposa, Magdalena Ortega y Mesa, su historia.

De esta manera, Enrique Santos Molano, como si fuese un espectador más de los hechos, ha escrito 'Mancha de la tierra', primera obra de una trilogía de novelas que tienen por título general 'Los hermanos libertadores', en la que se narran toda la epopeya de la independencia y cómo esta se fue gestando muchos años antes de que comenzaran a darse los hechos definitivos. Ahí están Nariño, José Antonio Galán, José Celestino Mutis, José Antonio Ricaurte, el marqués de San Jorge, Magdaleno Ortega, Francisco de Miranda, Pablo Morillo, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Pedro Fermín de Vargas y una larga lista de personajes que fueron apareciendo en la vida de Nariño y participaron en los acontecimientos, dejando todo en su lucha por defender sus ideas.

Ahí, en la riqueza de la historia, están los ingredientes que Santos Molano, quien además de gran historiador deleita al lector con su pluma, tomó para construir una novela en la que nos transporta más de 200 años atrás en la historia y nos sumerge en los acontecimientos que vivían los criollos en medio de la opresión impuesta por la Corona española y los vientos subversivos que entraban en los libros, los comentarios de voz a voz y panfletos que viajaron desde Europa y entraron y se regaron como pólvora desde Norteamérica hasta el sur del continente.

Y no podría ser otro el personaje central de la historia que Antonio Nariño, de quien, a propósito, se conmemora este año 250 de su nacimiento y del que Santos Molano ha sido su investigador por excelencia y se ha ocupado de su vida, ya como biógrafo o como autor de ficción. Ahí es donde uno ve al escritor moverse como pez en el agua por las calles de la antigua Santa Fe, describiendo a los personajes que vivieron el conflicto, sus relaciones, excesos de poder, de amor o despotismo, el tipo de vestuario, peinados, pelucas importadas, posiciones políticas, muebles, comidas, tarjetas de invitación, celebraciones, cortejos, conspiraciones, desplazamientos, etc., contado con los ritmos propios de los acontecimientos que va narrando y que seducen tanto que nos apropiamos de ellos.

En 1971 Santos Molano comenzó su camino por la novela, con la publicación de las Memorias fantásticas, en las que van apareciendo los personajes que serán los compañeros inseparables del escritor desde entonces.

'Mancha de la tierra' está narrada en primera persona por su personaje principal, y Santos Molano aprovecha para deleitarnos con un recorrido por las raíces históricas de la rebelión americana contra España, y de entrada nos deja ver el nerviosismo y el crujir de dientes de los realistas con la marcha de los Comuneros y la posible toma de la capital del Nuevo Reino de Granada.

‘Mancha de la tierra’. Despectiva manera de referirse a los criollos, a los hijos de españoles nacidos en estas tierras por parte de los peninsulares. ¿Muy parecido al sudaca de hoy?

Más o menos. Es el mismo desprecio que sienten los conquistadores por los conquistados; y, en el caso suramericano, y colombiano en particular, es el complejo de inferioridad que nos dejó esa “mancha de la tierra” con respecto a los europeos, y en general a lo extranjero. El complejo criollo. Sin embargo, el marqués de San Jorge descubre que la “mancha de la tierra” no es tal mancha, sino la marca que legitima nuestro ser criollo, nuestra autenticidad como americanos.

¿Cuál es la esencia de la novela?

Es una novela que abarca toda la epopeya de la Independencia, vista desde la vida cotidiana, y que narra los hechos de sus libertadores, por boca de uno de ellos, Antonio Nariño; pero también es una novela de amor, como me dijo hace poco una lectora.

La novela comienza con un Nariño de tan solo 17 años, y a través de la narración nos permite ver de dónde provenía su rigurosa formación...

Antonio Nariño fue un autodidacta muy afortunado, que tuvo el mejor maestro que se podía tener en ese momento, el doctor José Celestino Mutis; y que además se crio en un ambiente de elevadísimo nivel cultural, como era el que imperó entre la alta clase criolla de la época. A los diecisiete años Nariño domina, como su propio idioma, el latín, el griego, el francés y el inglés. Con Pedro Fermín de Vargas se aplicaron –siempre bajo la guía de Mutis– al estudio de las ciencias botánicas y médicas, y a la economía que surge a partir de los ensayos de Bernardo Ward (español) y del fundamental trabajo de Adam Smith. Nariño era un lector infatigable que conoció a fondo distintos sistemas filosóficos, estudió la historia universal y se empapó de la más importante literatura, desde los clásicos hasta los autores de moda entonces. Y le sobra tiempo para conspirar por la libertad.

¿Por qué Antonio Nariño? ¿Qué le atrae tanto de la figura del Precursor, que lo ha llevado a dedicarle más de cincuenta años de estudio?

Aunque en Colombia hay multitud de personajes que han tenido vidas muy interesantes, dignas de ser noveladas, no he encontrado ninguno como Nariño cuya vida sea una novela de suspense desde el día en que nace hasta el día en que muere. Como lo anota Ricardo Silva Romero en las palabras tan generosas que escribió sobre Mancha de la tierra: “Nariño es un hombre que parece de ficción, pero que es de verdad”. Jorge Restrepo lo puntualiza en una de sus columnas: “Nariño pagó el precio de la lucha por la civilidad”. Y fue un precio bien alto el que pagó, dieciséis años de su vida en las prisiones españolas. Y más alto es el precio que hemos pagado los colombianos por no haber seguido el ejemplo liberador de civilidad que nos dio Nariño: el precio de una violencia sin fin.

Además, vivió intensamente, entre carcelazo y carcelazo...

Antonio Nariño vivió intensamente cada segundo de su vida. Aun en la cárcel no dejó de conspirar, no dejó de preocuparse por cómo iban los acontecimientos en su patria. Cuando cae preso en Pasto le escribe a su tío, el presidente de Cundinamarca Manuel de Bernardo Álvarez: “Debes estar presente en todos los lugares de peligro”; y, en Cádiz, fomenta desde la Real Cárcel la rebelión de Riego en Las Cabezas de San Juan contra el absolutismo de Fernando VII.

Entre reuniones donde se confabulaban y se escribían panfletos para ser pegados en las calles, puentes y atrios, usted aborda de manera muy sutil el tema de la masonería. ¿Cómo llega al Nuevo Reino? ¿Fueron muy perseguidos?

La intervención de los masones es decisiva en la Independencia de América, incluida la de los Estados Unidos. Llegan al Nuevo Reino de Granada en el mismo año en que estalla la Revolución de los Comuneros (que es el episodio central del libro), y en poco tiempo la juventud granadina, con Nariño a la cabeza, hace parte de la masonería; pero las autoridades españolas no persiguen a los masones. No podían hacerlo. Los masones no eran visibles y el secreto de sus actuaciones es tal que las autoridades realistas ni saben que existe la masonería. La persecución de la Real Audiencia es concretamente contra los conspiradores criollos, a los que somete a estrecha vigilancia a raíz del movimiento de los Comuneros.

Antes se decía que la letra con sangre entra. ¿Hoy se podría decir que la historia novelada pega?

Si me pregunta si la historia novelada atrae más lectores que la historia académica, no tengo duda. Por cada libro de historia académica se venden diez o veinte de lo que llaman novelas históricas. Ahora, si la pregunta es si la historia novelada enseña más que la historia académica, pienso que son dos maneras diferentes de enseñar lo mismo, y que la una, amena y apasionante, puede conducir hacia la otra, rigurosa y metódica, que no le deja margen a la imaginación.

Usted siempre ha tenido una fuerte inclinación hacia la investigación histórica. ¿Tiene algún método particular?

Parto de la estructura académica con la organización de las fichas, cronológicas y onomásticas. Situados en el escenario los personajes y los hechos, desaparezco el método académico y entro en la novela. La trama es un delicado trabajo de costura.

¿Qué debe tener una ficción histórica para cautivar?

Que contenga todos los ingredientes novelescos, sin faltar un ápice a la verdad histórica; que sea amena y que los personajes se ganen al lector.

Llama la atención la manera en que se describen hasta los mínimos detalles. Es como si usted hubiese estado ahí...

Es que estuve ahí todo el tiempo que duraron la investigación y la redacción. Me volví un hombre del siglo XVIII, un miembro de la Ilustración. Si uno quiere retratar una época, tiene que vivirla, ser uno más de la multitud que se mueve en la trama, y conocer el entorno hasta los últimos detalles.

Los personajes aparecen con sus bondades y sus excesos, con sus odios y sus genialidades, con sus amores y venganzas...

Sí, y como en cualquier novela en que el autor pierde la autonomía casi desde el principio, los personajes me fueron diciendo cómo tenía que retratarlos, no solo en su físico, sino en sus interioridades. El caso más notable es el de Juan Francisco Berbeo, a quien pensé plasmar como el traidor por antonomasia, y él mismo, a lomo de sus hechos, me demostró que era un patriota abnegado y un valiente defensor de la causa.

Además rinde tributo al virrey José Solís, con sus cualidades de gobernante, su amor secreto y la manera como pasó de agache...

La historia del virrey Solís, y de sus amores clandestinos con la Marichuela, es una novela dentro de la novela, y tan verdadera e intrigante que puede leerse como si fuera ficción.

El libro está narrado de manera muy cinematográfica...

Sí, ensayé combinar en la novela el ritmo literario con el ritmo cinematográfico, a ver cómo suenan.

Este primer libro cubre de 1734 a 1781. ‘El santuario de la libertad’, el segundo, va de 1781 a 1797, y ‘El ruido del tiempo’, de 1798 a 1823, que cierra con la muerte de Antonio Nariño. ¿Cómo va el proceso de escritura?

El título general de la trilogía, o saga, es 'Los hermanos libertadores'. El segundo libro está escrito, en borrador, en un setenta por ciento y confío en terminarlo en diciembre y tener pulido el texto final para abril del 2016. Del tercer libro ya tengo escrito lo más importante, que son el primer párrafo y el último. No falta sino la tripa.

VÍCTOR OGLIASTRI POSSO
Especial para EL TIEMPO
Periodista y director de CyC Radio, emisora virtual del Instituto Caro y Cuervo

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