La 'clínica' del teléfono celular en Barranquilla

La 'clínica' del teléfono celular en Barranquilla

Jóvenes aprendieron, de manera empírica, incluso, a cambiar los talcos de cristal que traen algunos.

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19 de julio 2015 , 02:43 p.m.

“Si los chinos vieran lo que aquí sabemos hacer hasta nos llevan para allá o nos contrata la Nasa”. Con esa frase, Ronald Rojas, técnico empírico de dispositivos electrónicos, especialmente de teléfonos inteligentes, se refiere al ingenio de los que como él se le miden a dejarlos como nuevos sin importar con qué tipo de daño lleguen.

El ‘universo del teléfono celular’ que funciona en el primer piso del edificio de Fedecafé, en El Centro de Barranquilla, donde confluyen cerca de 500 negocios dedicados a su comercialización y venta de accesorios, está completo de un año para acá, desde que 12 jóvenes inquietos, así como Ronald, se lanzaron a poner en práctica las técnicas que por sus propios medios aprendieron para reparar circuitos, integrados, el reemplazo de todo tipo de piezas y hasta de la parte exterior, incluso, de los que vienen cubiertos de cristal.

“Solo ‘neceando’ y dañando pude aprender cómo funcionan los teléfonos celulares, desde el más básico hasta el más sofisticado. Hoy sirvo para prolongarle el tiempo de utilidad a equipos que son costosos y que la gente tiraba a la basura cuando pasaban cosas que nadie reparaba, cuando se les partía la pantalla, por ejemplo”, explicó Rojas, de 34 años, uno de los más experimentados.

Detrás del mostrador de ‘La Oficina’, el local 12 de Fedecafé, donde tiene su taller, es normal ver a Rojas tratando de ‘salvarle’ la vida a un Iphone 6 que le llevaron con el talco de vidrio partido, un Samsung S4 con el botón de Home dañado o un Sony Xperia Z3, que no enciende.

Pese al barullo que persiste en esta especie de plaza de mercado, su concentración tiene que ser la de un experto cirujano para no quemar los integrados y circuitos con el calor que bota el secador de pelo con el que busca retirar el pegante que cada equipo trae de fábrica.

La anterior es una técnica aprendida a punta de ensayo y error y que se utiliza para el desarme del equipo para luego repararlo.

Con calor o con una solución especial se logra el afloje de la soldadura de los integrados, pero para ello se debe contar con suficiente pericia.

Rojas explicó que gracias a las redes sociales y la existencia de tutoriales en plataformas como youtube es posible aprender el funcionamiento de un celular y lo que habría que hacer para darle solución a uno de los daños que pueda presentar.

Sin embargo, asegura que su pericia obedece a los más de 12 años que lleva investigando por su propia cuenta.

“Aquí hemos dejado como nuevo un Iphone que cayó dentro de una lavadora que cumplió con el ciclo de lavado completo. A lo largo de estos años he aprendido que cada pieza o circuito tiene una función específica. El éxito está en descubrir sus secuencias y reemplazar por repuestos que cumplan la misma función”, agregó Rojas.

Incrédulo, Emiro Grisales llegó a Fedecafé para comprar un nuevo teléfono celular y con la intención de encontrar a alguien que se le midiera a repararle el Iphone 6 por el que recién pagó casi los dos millones de pesos y cuya pantalla quedó inservible tras sufrir una caída desde lo más alto de su mesita de noche.

Un buen amigo le había contado que allí le podían arreglar el teléfono, lo que poco creyó hasta pasadas las dos horas que Álvaro Mattos tardó en cambiarle la pieza.

Tras frotarle cuidadosamente la pantalla con un paño y demostrarle que el aparato había quedado como recién salido del almacén, Grisales no vaciló en sacar los 120 mil pesos que le cobraron por prestarle ese servicio.

El empresario, que se la pasa viajando entre Barranquilla y Bogotá, y ya había llevado su equipo a un lugar en Estados Unidos donde le dijeron que mejor se comprara otro, no dudó sino un par de segundos tras sacar cuentas mentales y percatarse de que por uno nuevo iba a ser capaz de gastarse otra generosa suma de dinero.

“La mejor garantía es ver la cara del cliente cuando ve que su teléfono quedó como si nada le hubiera pasado. Sin embargo, no todos vienen dispuestos a pagar lo que les cobramos y ahí se hacen algunos descuentos. Este es un servicio que muy pocas personas saben que se hace y cerca sin tener que viajar mucho”, explicó Mattos, de 23 años, propietario de otro local de Fedecafé.

Repuestos son clave

Como su colega Rojas, el joven Mattos nunca tomó un curso en electrónica ni nada que se le parezca. Es más: es de los que no cree mucho en la necesidad de hacerlos de no contar con la curiosidad y el ingenio frente a la tecnología, algo que asegura poseer desde que tiene uso de razón aunque comenzó a perfeccionarlo hace un año.

Los ires y venires en el negocio de la venta de teléfonos celulares y accesorios le enseñó las rutas que hay que seguir a la hora de adquirir los repuestos que le sirven para reparar los cerca de 10 equipos en malas condiciones que en promedio le llegan cuando la semana es muy buena.

En el caso de los talcos de cristal, por ejemplo, asegura que se mandan a traer de países como China a proveedores que se especializan en ese tipo de servicio.

Si se trata de otras piezas, tanto él como sus colegas aseguran que en muchos de los casos se acude a teléfonos que no se pudieron reparar, pero que todavía cuentan con partes que están en buen estado. Sin embargo, agregan, lo ideal es siempre cambiarlas por unas nuevas y que sean originales.

“Aquí prestamos el servicio técnico porque casi todo se puede arreglar siempre y cuando se le imprima el cuidado adecuado. Al principio dañé como cinco teléfonos intentando cambiarle el talco exterior, pero con el tiempo se va convirtiendo uno en un experto”, anotó el joven, quien llegó hasta sexto semestre de Derecho y que hace cuatro años se gana la vida con este oficio.

José Páez, otro de los que se dedica a esta actividad, a sus 19 años es consciente de que la curiosidad ha sido su mayor virtud.
Su corta edad ha sido importante para no tener limitantes a la hora de intentar aprender una nueva técnica que pueda aplicar en los teléfonos que interviene.

Lo mismo piensa su hermano, Emerson Páez, quien aunque unos años mayor, también es de los que trabaja ‘salvándoles’ la vida a teléfonos celulares.

“Una cosa es el armado o ensamble del teléfono, que muchos sabemos hacer muy bien y otra cosa es lo que hace Ronald, por ejemplo, que ya se especializa en circuitos e integrados, lo que conoce como un maestro. De todos modos, aquí prestamos un servicio que no se consigue en tiendas de los operadores reconocidos”, sostuvo el mayor de los Páez.

‘Un boliche tecnológico’

El ingeniero electrónico Óscar Barceló, quien conoce lo complejo que es intervenir un equipo de alta tecnología para intentar repararlo, compara el servicio que prestan estos jóvenes con el que se encuentra en otro sitio emblemático de Barranquilla, donde el ingenio gira en torno a la mecánica de todo tipo de vehículos de transporte.

Se trata del sector de El Boliche, ubicado también en El Centro, entre las calles 17, 28 y 29 con carreras 38, 39 y 40, donde se han fabricado artesanalmente piezas de carros que ni los concesionarios ofrecen en sus catálogos. Hasta partes de la mecánica de un barco y repuestos que viajan a diferentes partes de Estados Unidos y Europa han salido del ingenio de los que han hecho de El Boliche un lugar famoso desde hace muchos años.

“Es valioso lo que hacen estos muchachos. Como en El Boliche, en Fedecafé el hecho de no haber estudiado no es un obstáculo para obtener excelentes resultados”, describió Barceló.

No es mentira. Ronald Rojas y sus colegas quisieran que los chinos vieran su trabajo.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla.

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