Nuevo Whitney

Nueva sede para el museo de arte norteamericano

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15 de julio 2015 , 04:10 p. m.

La nueva instalación es diseño de Renzo Piano, quien cuenta con larga lista de museos nuevos y renovaciones comenzando por el Pompidou de París hasta el Menil de Houston. Ubicado en la calle Gansevoort, el edificio es uno de los más significativos de instituciones culturales construidas en estas décadas en la ciudad. Contribuye a renovar la zona del Meatpacket District, complementando el parque elevado de la Highline con la que colinda y abre su espacio con paredes de ventanales y terrazas en dirección al Hudson, constituyéndose en magnífico lugar de contemplación no solo de arte sino de la vista, uno de los pocos lugares públicos donde eso se disfruta con amplitud. El espacio para exhibiciones –4 niveles de galerías con terrazas interconectadas– tiene un área de más del doble que la del anterior en Madison Avenue. Piano aprendió el manejo de simplicidad y luz de Louis Khan; el Museo es acogedor, sereno y luminoso: sus amplios espacios ininterrumpidos incorporan altos techos que modulan la luz, ventanales que miran hacia las terrazas y materiales sencillos, como concreto y piso de madera de pino. Su clasicismo evoca un idealismo renacentista que sublimiza el arte, favoreciendo las obras y el trabajo curatorial y educativo.

Aspectos del nuevo edificio del Whitney Museum en Nueva York.

La exhibición inaugural, América es difícil de ver, lleva un nombre apropiado para una selección de 600 obras de una colección que refleja la complejidad que caracteriza el museo al calificarse de arte americano. Difícil ha sido definir qué es americano: a veces por nacionalidad, otras por residencia y otras por relaciones difíciles de comprender, caso de artistas incluidos. La curaduría intentó reescribir la historia del arte estadounidense moderno desplegando matices de regionalismos y peculiaridades, y más variadas e inclusivas presencias; reinscribe mujeres, afroamericanos, inmigrantes de variado origen además de tendencias que se consideraban secundarias. Jimmie Durhan es único indígena con ‘Autorretrato’, 1986. La selección está organizada cronológicamente alrededor de 23 temas o secciones que equivalen a etapas del arte estadounidense relacionándolas con su contexto.

La sección Ocho de la ocho oriental remite al comienzo del siglo XX cuando el museo comenzó en Greenwich Village como Whitney Studio Club, patrocinado por Gertrude Vanderbilt Whitney con Juliana Forcé como curadora. Su gusto se refleja en su apoyo al Grupo de los Ocho –también llamado Ashcan school– artistas locales que cultivaron un áspero realismo urbano. Obras como ‘Patios de Greenwich Village’, 1914, de John Sloan, están acompañadas de una serie completa de estudios de Edward Hopper, estrella del Whitney y del arte norteamericano. En la sección relacionada con el surrealismo, de décadas posteriores, se incluyen otras imágenes de la ciudad, que evocan soledad o despersonalización, como ‘Domingo temprano en la mañana’ de Hopper, 1930 y ‘El Subway’, 1950, de George Tooker.

En la sección Formas abstraídas aparecen quienes adaptaron cubismo y futurismo europeos para enfocarse en Nueva York como ciudad futurista al lado de las primeras abstracciones de Georgia O’Keeffe y Marsden Hartley. Estas contrastan con obras de la sección Música, rosado y azul, de los que exploraron analogías entre música y color y se inspirarían en la naturaleza en una abstracción más lírica: entre ellas ‘Ruido número 13’, 1925, de E.E. Cummings, ‘La última noche del año’, 1929, de Oscar Bluemner, ‘Coro de grillos en la arboleda’, 1917, de Charles Burchfield, y fotos de nubes de Alfred Stieglitz. Alrededor de los años treinta, en el área Ornamentación de la máquina se presenta el desarrollo del llamado precisionismo, enfocado en paisajes de plantas industriales como ‘Mi Egipto’, 1927, de Charles Sheeler, y ‘Planta de River Rouge’, 1932, de Charles Demuth. También atendieron realidades regionales, aunque más rurales, artistas de la sección Rompiendo la pradera, que examinaron paisajes, personajes y tradiciones y que incluyen a Hopper, el ‘Bautismo en Kansas’, de John Steuart Curry, y coloridos grabados de estilo oriental con que el japonés Chiura Obata representó el paisaje de California.

‘El circo’ de Calder, una de las obras más populares del Museo, es la central de la sección de temas de la prosperidad de los años veinte, del espectáculo y celebridades de cine y teatro. Contrastan las obras de los años treinta que capturan preocupaciones y conciencia de la depresión, caso de ‘La pasión de Sacco y Vanzetti’, 1931, de Ben Shan. Entonces se asumió el arte para temas sociales, lo que contribuyó también al auge del grabado; fotógrafos como Walkers Evans y Dorothea Lange trabajaron con Roosevelt para documentar la situación. Otros artistas, de la sección Peleando con todas nuestras fuerzas, expresan la participación en la Segunda Guerra en obras como ‘Serie de la guerra’, 1947, del afroamericano Jacob Lawrence; esta situación se repetiría en los sesenta con Vietnam, a lo que se refieren obras como ‘Saigon’, 1967, de Saul Peter.

New York 1955 refleja la crisis existencial después de la guerra; al idea de alejarse de lo europeo dio lugar al expresionismo abstracto, aunque están la escritura automática, el antropomorfismo y el desarrollo de lenguajes simbólicos personales propios del surrealismo que exploraron la vida interior. Obras reconocidas como las gestuales de Pollock, las mujeres de De Kooning, las caligrafías de Kline, las de Rothko y un gran número de esculturas de David Smith en la terraza, se incluyen –para reinscribir el canon de este movimiento– mujeres como Lee Krasner y Joan Mitchell. Se presentan tendencias formalmente reductivas alrededor de ‘White target’ de Jasper Johns y las rígidas geométricas de terminados perfectos del minimalismo puro de Donald Judd, Alvin Loving, Robert Morris, Richard Serra y Thomas Downing. En contraste aparecen las que incorporan lo accidental y materiales no tradicionales, como ensamblajes de Louise Nevelson, instalaciones de Eva Hesse o ‘La Rosa’, 1958-66, de Jay DeFeo, construcción de alto relieve de capas de pintura al óleo, madera y mica.

En este desfile estadounidense, la inclusión latinoamericana asombra y completa la visión de presencias importantes de décadas recientes. En la sección Grandes marcas, ‘Mujeres y perro’, 1963, de la venezolana Marisol, es ejemplo de pop latino, que contrasta con obras con bagaje comercial como ‘Gran logotipo con 8 focos de luz’, 1962, de Ed Ruscha o de James Rosenquist. En otros lugares están la cubana Carmen Herrera, Ana Mendieta y Liliana Porter, además de Luis Camnitzer y Orozco. En la sección de los setenta, conceptual, con énfasis en lenguaje, fotografía y performance se destacan obras feministas de Laurie Simmons y Cindy Sherman. De los ochenta se refleja la situación bajo Reagan y de los noventa la del Sida en desoladoras fotos de Nan Goldin.

Última sección de este maravilloso recuento es Curso del imperio, título de obra de Ed Ruscha, que estimula la reflexión sobre historia, progreso y calamidades de este milenio. Incluye selección de su inmensa colección de videos sobre el pasado reciente y el papel de los medios. Es un libro abierto, pues sabe contar una historia a través de obras, unas conocidas y otras rescatadas del olvido haciéndolas parecer novedades. Dos pisos serán de obra permanente, y 4 para temporales. Todo con excelente manejo curatorial, modelo de funcionamiento de un museo vivo que explora incansablemente la relación de identidad nacional con producción artística.

NATALIA VEGA

 

 

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