Corrupción y angustia

Corrupción y angustia

Aproximación desde la psicología a un mal sociopolítico

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15 de julio 2015 , 08:55 a. m.

Es frecuente la pregunta de si la corrupción es un hecho inherente a la naturaleza humana. Algunos lo afirman otros lo niegan, acertos que generalmente no están basados en conceptos científicos sino en simples opiniones a la ligera.

La corrupción debe verse como una manifestación psicopatológica tanto individual como colectiva. Son dos caras de una misma moneda, hay individuos corruptos y hay sociedades corruptas, lo uno retroalimenta lo otro.

Acaba de ser publicado un estudio de la organización Trasparencia por Colombia, donde se enumeran los grupos sociales más proclives a la corrupción en nuestro país. Los encabezan las cámaras legislativas y el poder judicial, lo que lleva a la pregunta de por qué esas entidades estatales, que están destinadas a salvaguardar al país, entre otras cosas de la corrupción, son las más inmersas en esta. Pregunta inquietante y alarmante. Si los dirigentes sociales son corruptos necesariamente corromperán a la sociedad que pertenecen. Infortunadamente, a estos dirigentes, a quienes habitualmente se les llama ‘honorables’, el estudio publicado pone esa honorabilidad en evidente cuestionamiento. No me referiré a los mecanismos psicológicos que operan en los grupos sociales, tema que ya traté en otro escrito en este mismo medio. Me ocuparé del individuo corrupto. El corrupto es un psicópata larvado, no un abierto delicuente. Posee los mecanismos propios de los psicópatas, pero además tiene una característica fundamental, el buscar el beneficio principalmente económico, llevando a cabo actividades que no le representen mayor dificultad. Es decir, no es el delicuente franco que inclusive arriesga su vida para cometer el acto delictivo, sino que solapadamente delinque tratando de aminorar todo riesgo. De esta forma consigue ‘dinero fácil’ mediante el soborno o la llamada eufemísticamente ‘comisión’.

“Este cáncer social se ve favorecido cuando la clase dirigente se torna corrupta. Los individuos aislados se sienten autorizados y estimulados por esos dirigentes delicuentes” .

¿Por qué ‘dinero fácil’? Porque generalmente son individuos mediocres que se sienten incapaces de conseguir el dinero mediante el trabajo honrado. Es decir, pervierten el significado del dinero en el sentido de que sea el producto de una labor social constructiva y lo reemplazan por el de sentirse avispados y sagaces menospreciando el esfuerzo de una labor honesta. “El trabajo es para los imbéciles”, podría ser su lema.

¿De dónde viene ese sentimiento de incapacidad? Desde el punto de vista psicológico los psicoanalistas hemos encontrado algunas raíces psicológicas inconscientes como los sentimientos de inferioridad, que Alfred Adler denominó complejo de inferioridad. ¿Y cómo se origina ese complejo? Sigmund Freud describió lo que llamó “la angustia de castración”, que es el resultado de conflictos inconscientes con las figuras parentales, en que el niño al sentirse rival de sus padres se siente incapaz de competir con ellos, fundamentalmente en la esfera sexual, pero que trasciende a toda actividad cotidiana. Esta situación puede ser alimentada por padres ‘castradores’, es decir, padres que no estimulan las capacidades de sus hijos sino más bien las minimizan, haciéndolos sentirse inferiores.

De tal manera, que un individuo con sentimientos de inferioridad (angustia de castración), buscará compensarlos con actividades que considere fáciles y lucrativas, llevándolas a cabo con desprecio de los valores morales. De esta manera busca sentirse “triunfante y más capaz” frente a sus figuras parentales y la sociedad, pero como sus conflictos inconscientes persisten, continúa el camino delincuencial sin tomar conciencia de que esos ‘triunfos’ no solucionan su conflictiva psicológica sino que la empeoran.

Y este cáncer social se ve favorecido cuando la clase dirigente se torna corrupta. Los individuos aislados se sienten autorizados y estimulados por esos dirigentes delicuentes. Se origina entonces una forma colectiva de manejar la angustia de castración.

Alfonso Sánchez Medina

 

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