A desescalar el conflicto

A desescalar el conflicto

O comenzamos a construir una paz duradera o nos hundimos definitivamente en el fango de la guerra.

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14 de julio 2015 , 05:55 p.m.

Nuestro premio Nobel, Gabriel García Márquez, decía que los conflictos con su mujer Mercedes Barcha no podían prolongarse más de veinticuatro horas. Creo que esta fórmula sencilla y pragmática fue la que salvó a esta familia de un tsunami matrimonial, y los llevó a vivir felices durante toda una vida.

Esta misma fórmula es la que acaba de acordar la mesa negociadora de la paz, que, ante la crisis del proceso, definió dos cosas importantes: primera, acelerar los diálogos entre el gobierno y la guerrilla; segunda, desescalar el conflicto hasta llegar a un cese bilateral del fuego definitivo y verificable.

Las dos partes en cuestión se pusieron un tiempo de cuatro meses. Esto quiere decir que, en este tiempo, el Gobierno y la guerrilla deben ganar la confianza perdida y dar muestras fehacientes de paz, que nos permitan a corto plazo ver la luz al final del túnel.

En este sentido, vale la pena destacar la tregua unilateral que acaba de anunciar la guerrilla, que esperamos sea definitiva.

Si durante estos cuatro meses una de las partes en cuestión no da muestras de ir reduciendo las acciones bélicas y pretende dilatar la negociaciones, es mejor que el proceso termine.

Estamos ante uno de los mayores retos de la historia. Ante una encrucijada determinada por nuestro pasado: o los colombianos (incluyendo a los guerrilleros) llegamos a un acuerdo de cese definitivo del conflicto y comenzamos a construir una paz duradera o nos hundimos definitivamente en el fango de la guerra.

Desescalar el conflicto significa abandonar el leguaje bélico e insultante que hasta ahora se ha mantenido y mantener un espíritu de diálogo, donde la razón y los argumentos primen en el debate.

Desescalar el conflicto indica que el Gobierno debe suprimir los bombardeos. Esto no quiere decir, como lo han expresado el procurador Ordóñez y el Centro Democrático, que las fuerzas militares vayan a doblegarse ante la guerrilla.

Hoy en día el país cuenta con uno de los ejércitos más profesionales del continente. Si el Gobierno ve que la guerrilla continúa atacando a la población más vulnerable, destruyendo la infraestructura y causando daños ecológicos como el que hicieron en Tumaco, estén seguros de que ni al presidente Santos ni al ministro de Defensa Villegas les temblarán la mano para bombardear los campamentos guerrilleros.

Desescalar el conflicto exige que la guerilla debe entregar inmediatamente al subteniente Cristián Moscoso, abstenerse de hacer viles ataques contra la población civil y contra el medioambiente, y entregar a los niños que tiene entre sus filas.

Si de verdad hay hechos contundentes de paz por parte del Gobierno y la guerrilla, podemos llegar al fin del conflicto.

Si no es así, le estamos dando la razón al procurador Ordóñez, al expresidente Uribe y a las señoras del Centro Democrático, que quieren ver a este país incendiado por otros cincuenta años.


Fabio Martínez
www.fabiomartinezescritor.com

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