Los idiotas

Trump es un mago de la comunicación, y los medios, unos arribistas e hipócritas.

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12 de julio 2015 , 08:54 p. m.

No me gusta Trump. Es un payaso. O lo que es peor: un excéntrico billonario de bisoñé falso. Un lobazo con un imperio de construcción, finca raíz y reality shows. Pero hay que reconocerle dos cosas: es un mago de la publicidad y un genio manipulando medios. Lo que está haciendo como precandidato a la presidencia –lanzar frases incendiarias para que toda la prensa mundial le haga eco– es prueba de su talento.

Hasta la prestigiosa cadena CNN cayó en su juego. Su presidente, Jeff Zucker, ordenó en mayo a sus productores no cubrir a Donald Trump. Ya en tres ocasiones –1998, 2004 y 2012– este había amenazado con lanzarse a la Casa Blanca, pero nunca salió con nada. Lo único que buscaba era publicidad. Así que CNN no se dejaría volver a manipular. Todo cambió hace unas semanas, cuando Trump atacó a los mexicanos en suelo norteamericano. Desde entonces, CNN ha cubierto más de 400 veces a Trump en televisión y en su página web, según Nexis.

Univisión también picó el anzuelo. Picó y capitalizó. Logró zafarse de la retransmisión de Miss Universo –el concurso del cual Trump es dueño de un 50 %–, y cuyos ratings vienen cayendo. La cadena se hizo la publicidad de su vida: se posicionó como una empresa altruista y comprometida con la comunidad latina. Una jugada más efectiva que todos sus programas juntos de filantropía. A la supuesta ola de indignación se sumaron otras compañías, que también cancelaron sus negocios con Trump: Televisa, NBC, Macys, Serta, Nascar y hasta Carlos Slim.

Donald Trump

Juan Felipe Sanmiguel

Como resultado del escándalo mediático, Trump avanzó 10 puestos en las encuestas del partido republicano. Pasó del doceavo al segundo lugar en los sondeos, en menos de lo que canta un gallo. Hoy le pisa los tobillos a Jeb Bush, la gran carta republicana para las presidenciales del próximo año.

Trump está barriendo con candidatos serios como Marco Rubio, Ted Cruz, Rand Paul, Ben Carlson o Mike Huckabee. Figuras de gran renombre en la política norteamericana, que llevan meses debatiendo temas complejos sobre economía, inmigración y reforma a la salud. A todos los barrió de un plumazo con el mejor eslogan político de los últimos años: “los inmigrantes mexicanos son violadores y narcos”.

Aún no entiendo por qué tanta indignación de Univisión y Televisa. ¿Acaso no han visto los noticieros y novelas que transmiten en Estados Unidos estas dos cadenas? ¿Acaso no están repletos de historias sobre delincuentes mexicanos, sobre latinos violadores y narcos? Qué pena con mis colegas, pero nada más amarillenta que Univisión y Televisa.

Tampoco entiendo por qué Carlos Slim se ofendió con los comentarios de Trump. ¿Desde cuándo Carlos Slim se preocupa por el futuro de los mexicanos de más bajos estratos, los mismos que tienen que cruzar la frontera, por la falta de oportunidades en su propia tierra?

¿Desde cuándo el hombre más rico del planeta, dueño de uno de los mayores monopolios, le importa el porvenir de los más necesitados? Slim es billonario porque le clava a los mexicanos –y en general a todos los latinoamericanos– las llamadas más caras de la tierra. Nadie hace una fortuna de 80.000 millones de dólares sin poner su granito de arena para dejar en la pobreza a 53 millones de mexicanos y 160 millones en toda Latinoamérica.

Slim, Univisión y Televisa son una parranda de hipócritas. Se indignan con las palabras de Trump, pero no con sus actos. ¡Qué arribistas! ¡Embolsillarse a los hispanos en Estados Unidos de la forma más fácil y expedita! Les juro que si yo fuera mexicana, estaría tan indignada con ellos como con Trump. O hasta más.

Lo que ha pasado con todo este episodio debería servirnos a los periodistas como reflexión. Donald Trump estará ahora en el debate presidencial del 6 de agosto. Media humanidad tendrá que escucharlo. Por fortuna, jamás será presidente. Lo único que busca es llamar la atención. Publicidad gratis para aumentar su recordación. Y aumentar así el valor de sus empresas, que llevan por igual su apellido como si se tratara de una zaga de televisión.

No podemos ser bobos útiles de cualquiera que diga pendejadas. No podemos abrirle los micrófonos a cualquiera que hable con palabras incendiarias. No podemos hacerle eco a quien solo nos usa para lograr titulares y primeras planas. No podemos volcarnos a las redes sociales para convertir en hashtags a personajes tan cínicos como Trump.

Tampoco podemos olvidar que, por encima de nosotros, están los dueños de los medios. Dueños que, como Slim, no son ningunos ingenuos. No los graduemos de defensores de causas nobles. Son de todo menos desinteresados.

Paola Ochoa
En Twitter: @PaolaOchoaAmaya

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