Sexo en la arena, delito grave / Sexo con Esther

Sexo en la arena, delito grave / Sexo con Esther

Que la sociedad pacata califique un polvo callejero como un delito mayor es una exageración atávica.

12 de julio 2015 , 12:32 a. m.

Dos años y medio de cárcel por tener sexo en una playa es una noticia que, sin duda, despierta curiosidad en un mundo donde la justicia, por lo general, flaquea frente a criminales peligrosos.

Pues, es real y ocurrió en Florida (Estados Unidos), donde un tribunal del condado de Manatee condenó a José Caballero por dedicarse al aquello sobre la arena a plena luz del día.

Aunque sobra decir que no estaba solo, el asunto es que este ganoso de 40 años fue sorprendido por una familia de bañistas, con niños y todo, que grabó un video del acto que no tardaron en enviar a las autoridades y que a la postre se convirtió en la prueba reina del proceso. Comportamiento lascivo y exhibicionismo fueron los cargos.

Más allá del desenlace, que incluye la exagerada inclusión de la pareja en la lista de depravados sexuales de Florida –lo que les limita sus derechos civiles–, lo insólito del caso son la cantidad de sandeces y sinsentidos que adobaron las circunstancias y argumentos esgrimidos por todos los involucrados en este proceso.

Para empezar, la mujer que hizo el video dijo que los había observado por 25 minutos, al cabo de los cuales “se fueron tranquilamente a bañar, volvieron y lo practicaron una vez más”, y remató con un “nunca he visto nada igual”.

Si nunca vio nada igual, ¿quiere decir que nunca presenció un polvo de esa duración y con repetición? Pregunto eso porque su actitud es la de una franca voyerista y no la de una persona preocupada por preservar la “moral”. De serlo, valga decirlo, hubiera procurado instar o espantar a los amantes para que cesaran en su empeño de pervertir a los niños –que, como ella, miraban– y no poner en marcha un cronómetro para medir el tiempo del coito playero. Fatal.

Y qué tal el estúpido “ella no está bailando” que esgrimió el fiscal del caso, al ver el video y que reforzó con un “es un insulto a nuestra inteligencia decir que ella estaba bailando”, con lo que convenció a un jurado que tardó quince minutos –10 menos que la faena en la arena– para marcar de por vida como depravados a una pareja cuyo pecado fue dar rienda suelta a sus ganas frente a unos mojigatos con cámara. Increíble.

Y por si algo le faltara a este novelón, las declaraciones de los papás de los cariñosos asoleados tampoco fueron afortunadas. “Va a la iglesia, es muy amoroso. Está renovando su vida. Si lo conocieran”, dijo la mamá de José, y “después de tantos años de haberla cuidado tanto”, sollozó el padre de Elissa, tratando de demostrar, sin lograrlo, que sus hijos no son criminales.

Y no lo son. Punto. Que la sociedad pacata califique un polvo callejero como un delito mayor (siendo una contravención) es una exageración atávica. Que se vuelva noticia, mucho más, y que haya alguien que lo filme ya es una aberración. Déjenlos tranquilos. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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