Editorial: Un salvador para la capital

Editorial: Un salvador para la capital

Tres de cada cuatro habitantes de Bogotá consideran que las cosas en la ciudad van por mal camino.

11 de julio 2015 , 08:59 p. m.

Restan poco más de 100 días para que los ciudadanos cumplan una nueva cita con las urnas, con motivo de las elecciones regionales en las que se escogerán alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. A lo largo y ancho del país empieza a animarse el ambiente, sea con la conformación de listas, el otorgamiento de avales o la inscripción de candidatos, si bien faltan semanas para que la temperatura proselitista suba.

Quizás la única excepción a esa regla general es Bogotá, en donde todos los que aspiran a suceder a Gustavo Petro han destapado sus cartas. A estas horas todavía tempranas de la carrera es difícil hacer cuentas de la cantidad de debates en los que ya han participado quienes lideran en las encuestas.

El motivo de ese arranque un tanto prematuro es claro. La capital de la República atraviesa una de las épocas más complejas de las últimas décadas. De acuerdo con el más reciente sondeo de Gallup, tres de cada cuatro habitantes de la urbe consideran que las cosas van por mal camino. Se han completado cinco años desde que el pesimismo se entronizó en la ciudad, por causas que van desde la corrupción hasta la inoperancia de las políticas adoptadas por las administraciones distritales.

Una mirada a la evolución de los temas claves sugiere que ese negativismo tiene asidero en la realidad. Y es que, a decir verdad, son pocas las áreas en las que se puede hablar de pasos hacia adelante, cuando lo que se constata es un deterioro en la calidad de vida de los cerca de 8 millones de habitantes de la zona metropolitana.

Por ejemplo, en el delicado asunto de la seguridad hay retrocesos. El año pasado, tras un largo periodo de reducciones, la cifra de homicidios subió, apuntalada por el resurgimiento de fenómenos como el sicariato. No menos inquietante es que los delitos contra el patrimonio crecen sin cesar, encabezados por el hurto a personas. Incluso el robo de bancos registró en el 2014 un alarmante salto del 173 por ciento.

A su vez, el parte en movilidad es preocupante. Los tiempos de desplazamiento son mayores, pues los resultados positivos de las políticas ensayadas son efímeros, en el mejor de los casos. Hoy por hoy, una persona gasta más que nunca para ir de un punto a otro del Distrito, lo que se traduce en pérdidas en productividad y bienestar.

Las causas de la situación son múltiples, comenzando por la expansión del parque automotor. Frente al desafío, es incomprensible la pasividad del Palacio Liévano, cuyo actual inquilino entregará un balance a todas luces lamentable, en el que quedará claro que la mayoría de obras no se ejecutaron a tiempo. Casos como el de la todavía en veremos Avenida Longitudinal de Occidente o los atrasos del deprimido de la NQS con calle 94 resumen la gestión de Petro.

En respuesta se dirá que se avanzó en el metro, hasta el punto en que la licitación para la construcción de la primera línea se podría abrir en diciembre. Esa es una luz de esperanza, sin duda, pero contrasta con el compromiso del plan de desarrollo distrital de entregar 5 kilómetros construidos en esa misma fecha.

En lo que hace a indicadores sociales, hay luces y sombras. En materia educativa, mejoró la calidad de la enseñanza, pero no se cumplió el plan de construcción de colegios. Con respecto a la pobreza, tuvo lugar una notoria disminución, acorde con lo sucedido a nivel nacional. Lamentablemente, la desigualdad va en aumento. En lo que atañe a la salud, la mortalidad materna creció, si bien la infantil bajó.

Así mismo, preocupa que el déficit habitacional es mayor, pues las señales que recibió el sector edificador fueron contradictorias, cuando no hostiles. Los indicadores de estos meses dan para pensar que hay una desaceleración en la economía local, que podría traducirse en mayores tasas de desempleo o informalidad.

Para completar la lista, hay que lanzar una alerta sobre un posible deterioro patrimonial en las finanzas distritales. Por una parte, la sostenibilidad de la nueva empresa recolectora de basuras está en entredicho. Por otra, la medida de haber bajado la tarifa de TransMilenio en las horas valle puede haber ocasionado un gran faltante.

Todo lo anterior deja claro que quien gane la carrera por la alcaldía de Bogotá tendrá mucho trabajo por delante. No solo se requiere una persona capaz y honesta, sino alguien que lidere transformaciones largamente aplazadas y les devuelva la confianza a los capitalinos. El abanico de aspirantes, sobre el cual habrá oportunidad de pronunciarse, tiene nombres llamativos. Sin embargo, su número es muy amplio, con lo cual se corre el riesgo de elegir a alguien con menos del 40 por ciento de los votos.

Un escenario en el que primen las mezquindades y los intereses individuales, por encima de los de la ciudad, es indeseable. Seguir con la fragmentación y repetir los errores del pasado sería la peor opción posible para los enormes problemas que afronta la capital de los colombianos.

EDITORIAL

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