Suicidio: una mirada seria

Suicidio: una mirada seria

Un análisis de este fenómeno reconoce que estos decesos se pueden prevenir casi en su totalidad.

10 de julio 2015 , 08:40 p. m.

En el tema del suicidio, ninguna estadística, por favorable que parezca, es grata. Pero si los números que describen esta situación se toman como referente para buscar la forma de evitarlo o de atenuarlo, hay que recibirlos positivamente.

Tal es el caso del primer análisis descriptivo que de este fenómeno hizo el Observatorio Nacional de Salud (ONS), en el que se detallan con rigor todas las variables relacionadas con el suicidio en Colombia en los últimos 15 años, y que se convierte en un referente obligado a la hora de abordarlo desde cualquier arista.

Saber, por ejemplo, que las tasas se han mantenido relativamente estables y que el número absoluto de personas que optan por este desenlace se mantiene constante –en una población que crece– atenúa la percepción de que han existido picos o temporadas en los que la situación parece desbordarse. Por otro lado, al observar las edades se diluye el concepto (casi arraigado) de que los niños y los adolescentes son las principales víctimas de este flagelo.

El contraste, sin duda, se evidencia en los grupos de mayor edad, primordialmente en los hombres, que al pasar los 60 años disparan las cifras, al punto de que por cada 11 de ellos que terminan con su vida, solo una mujer lo hace. Indicador preocupante y que pone en tela de juicio la atención que los adultos mayores reciben de una sociedad que parece negarse a aceptar que la población se envejece a pasos agigantados.

Aunque, de acuerdo con los investigadores, el suicidio ocupa el puesto 25 entre las causas de muerte en el país, también hay que reconocer que estos decesos se pueden prevenir casi en su totalidad. La evidencia científica se ha encargado de demostrar que en 9 de cada 10 suicidios subyacen enfermedades mentales cuyo diagnóstico temprano y tratamiento adecuado contribuirían a que esas muertes descendieran de manera relevante.

Y justo ahí parece concentrase el problema. Sabida es la falencia que en lo tocante a salud mental muestra el sistema de salud. No en vano se dice que menos del 10 por ciento de las personas que requieren atención especializada la reciben, tanto que la Asociación Psiquiátrica de América Latina se adelantó a recomendarles a las autoridades sanitarias el cierre de esta brecha como el primer paso para enfrentar efectivamente el suicidio.

De igual forma, hay que enfatizar en la contención de factores como la pobreza, la inequidad, la violencia de todo tipo y el desempleo, entre otros, que actúan como detonantes de muchos de estos episodios y que, desafortunadamente, en el marco de los planes en estas áreas tienen un trato tangencial, cuando no nulo.

Hay que ser claros: las cifras no son escandalosas, pero tampoco tranquilizadoras. En ese sentido, el análisis del ONS se convierte en una oportunidad para mirar de frente el problema, replantear las estrategias tomando como base estos datos reales y definir con claridad los indicadores que miden el impacto de las políticas oficiales contra el suicidio, sobre la premisa de que estas deben involucrar varios sectores, y no solo el de salud.

Es hora de abrir los ojos y de ir más allá del asombro y los titulares, que dicen que 8 de cada 10 suicidas son hombres y que esta conducta es más frecuente en el centro del país; cosas que desde hace tiempo se saben y que, al permanecer, demuestran que en 15 años se ha hecho poco en esta materia.

editorial@eltiempo.com

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