Sin oposición convincente

Sin oposición convincente

La izquierda se desdibuja en todas partes como opción de reforma.

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10 de julio 2015 , 07:04 p. m.

Del ocaso de expectativas con la izquierda tradicional la culpa la tiene ella misma. Es apolítico el descontento, en una Colombia usurpada por reacción, extremismo o excrecencias bipartidistas, prolifera el populismo sin oposición seria del estado de cosas. Ha sido recurrente el desperdicio de lo que precipita la infamia del gamonalato: la tragedia gaitanista y galanista, MRL y Anapo, luego el M19, sumado hoy el fracaso estruendoso sucesivo izquierdista en Bogotá, la inexistencia de Garzón, el horror de los Moreno abrigado por su partido. La arrogante e ineficaz demagogia actual de la izquierda es merecedora de una sanción electoral, en caso de creerse que sea al menos diferente a lo que pretende sustituir. Sin que eso valide la propaganda oficialista en la que esfumaron maravillas de su administración tres períodos, desmentidas por el tercermundismo tradicional de la ciudad en infraestructura o movilidad.

El desconcierto de tal izquierda es mundial. El desgaste de la presencia progresista llegó a ser convincente y se puede atribuir a la discordancia entre idea, agente y ejecución, aunque en un tiempo tuvo peso geopolítico. Para un comentarista, el mayor experimento en curso –el chino– está anquilosado entre el autoritarismo militar, estatal y de partido; entre el pragmatismo de Deng y el fundamentalismo maoísta; entre la mano visible del mercado y la invisible del Partido Comunista Chino (PCCH). Otro ejemplo es Rusia que pasó del monopolismo estatal al librecambismo, que va de la mano con una autocracia nostálgica propia del socialimperialismo soviético. Estos fueron los dos polos del socialismo real, que ahora están entre dirigismo y neoliberalismo.

En Europa la anemia es manifiesta; los grandes partidos comunistas del proletariado como clase universal, del estalinismo maximalista del todo o nada, se resignaron al ‘mejor algo que nada’ del eurocomunismo, de la socialdemocracia, del Frente popular. No obstante con logros del Estado bienhechor del new deal, en acomodo al parlamentarismo, su intervencionismo para algunos apenas aseó al mercantilismo, que está en lo suyo sin siquiera interesarle el republicanismo. El primer ministro socialista francés dice: “Los mercados no tienen fronteras y la competencia es dura; el costo de la mano de obra, la innovación y los avances tecnológicos son factores determinantes. Todo eso ha golpeado el programa de la izquierda, nuestras ideas y soluciones han perdido impacto”.

El reformismo es hoy vergonzante, reducido al mejoral de la sopa de socialiberalismo y centroizquierda, real aumento de desigualdad y productividad enloquecida, inviable regulación de la rentabilidad. Los Objetivos del Milenio muestran una disminución de la pobreza que nadie podría objetar, aunque más alivió a la mala conciencia sobre realidades inaceptables. En efecto, la sensación del proyecto de sociedad democrática, en serio, ya no convence, como lo reflejan la apatía o la inconformidad remediada con asistencialismo. Donde nació la democracia, se sufre sin mediación política la pugna entre acreedores y población, entre Estado nacional y tecnocracia comunitaria. En Colombia se autodenomina oposición a la equidistancia extremista de derecha caudillista e izquierda anacrónica o militarista.


Jorge Restrepo

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