Omar Sharif: el actor egipcio al que amaron las cámaras

Omar Sharif: el actor egipcio al que amaron las cámaras

Famoso por películas como 'Lawrence de Arabia' y 'Doctor Zhivago', falleció a los 83 años.

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10 de julio 2015 , 06:29 p. m.

Al final de su existencia, Omar Sharif no recordaba quién era. El alzhéimer que padecía, y que siempre se negó a reconocer, le fue jugando malas pasadas.

Sin embargo, “olvido” no era una palabra asociada a su imponente figura en la gran pantalla, pues su talento delante de las cámaras sembró en la mente de los amantes del cine personajes indelebles, en películas como Lawrence de Arabia y Doctor Zhivago.

Este viernes, su corazón se detuvo. Había sido recluido por su familia en un hospital para pacientes en un estado avanzado de la enfermedad, donde pasó sus horas finales en El Cairo, a poco más de 200 kilómetros de su natal Alejandría (también en Egipto). La noticia fue confirmada por su agente, Steve Kenis, desde Londres.

Michel Demitri Chalhoub –el nombre de pila de Sharif– tenía 83 años. Su único hijo, Tarek Sharif, había revelado en mayo pasado la enfermedad que aquejaba a su padre, en una entrevista con el diario El Mundo de España.

El joven heredero del actor egipcio contó en ese artículo que su papá no entendía por qué mucha gente lo saludaba cuando daba un paseo callejero. Eran sus fanáticos emocionados, rindiéndole un tributo, pero Omar no comprendía el alboroto. Sabía que era alguien importante, pero las fechas y ciertas situaciones estaban atrapadas en algún lugar de su cerebro.

“No era un actor intenso, sino un rostro que, quieto y casi fijo, expresaba la identidad de su terruño desde el lugar en que Hollywood veía a este tipo de personajes: misterio, lejanía, exotismo. Desde ahí también puede entenderse la inmensa seducción que transmitía. Ya no hay actores que encandilen a las mujeres desde una genuina virilidad ligada a la aventura y la revelación. Más que actores, son mitos”, opina el periodista argentino Marcelo Stiletano, especialista en temas de cine y televisión del diario La Nación.

Reconocido como un actor de la vieja escuela, con una presencia escénica impresionante frente a la cámara y una interpretación signada por la influencia teatral pura y dura, Sharif se robaba el show en los proyectos cinematográficos y se convirtió en uno de los mejores actores de reparto de la historia del cine. Además, porque nunca tuvo miedo de enfrentarse a cualquier género o proyecto cinematográfico.

Nacido el 10 de abril de 1932, Sharif empezó en el cine en la década de los 50, pero solo en 1962, con su personaje del príncipe Sherif Alí en el drama épico Lawrence de Arabia, dio el gran salto. Esa interpretación le mereció su única nominación al Óscar, en el apartado de actor secundario, y el primer Globo de Oro en la misma categoría.

“Fue una cinta increíble. Cuando uno piensa que es una película de cuatro horas en el desierto, con árabes que iban de la derecha a la izquierda en la pantalla, es un milagro, gracias a la genialidad de David Lean (el director)”, comentó Sharif en una entrevista con el programa de televisión Días de cine.

De izquierda a derecha, las películas: ‘Doctor Zhivago’ (1965), ‘Lawrence de Arabia’ (1962), con Peter O’Toole, y ‘Rock the Casbah’ (2013), su último largometraje. Fotos: archivo particular

“Esta película permanecerá por mucho tiempo en la historia del cine”, agregó. Y tenía razón. Antes de llegar a la meca de Hollywood, el intérprete de origen siriolibanés actuó en filmes egipcios, cuando tenía 21 años.

Sus pretensiones artísticas estaban claras, cuando se trasladó a Inglaterra para estudiar inglés, en Victoria College, después de que abandonó sus estudios de matemáticas y física en la Universidad de El Cairo, y dejó de lado el trabajo junto a su padre, Joseph Chalhoub, un comerciante de maderas exóticas.

Ya formado como actor, y luego de convertirse en galán de producciones egipcias, el año 1953 fue clave para Sharif. Struggle in the Valley se convirtió en uno de los filmes más trascendentales, no tanto para su carrera, sino para su vida, pues en el rodaje conoció a Faten Hamama, con quien se casó doce meses después.

Ya en 1962 vino el reconocimiento, con Lawrence de Arabia, que significó su llegada a Hollywood y uno de sus mayores ejercicios de resistencia física y psicológica.

“Yo estaba haciendo películas en árabe y me dijeron que había un trabajo en un filme inglés, un papel pequeño. Había un actor para ese trabajo, pero yo me quedé con el papel y, al final, eso cambió mi vida”, recordó en otra entrevista que concedió a Televisión Española, en el 2013.

El malquerido Zhivago

Su despegue mundial lo llevó a participar en filmes de corte histórico, en los que se aprovechaban su imagen exótica y su mirada profunda. Trabajó en La caída del imperio romano y en Genghis Khan, así como en Behold a Pale Horse, de Fred Zinnemann, antes de convertirse en el protagonista de Doctor Zhivago, con la que volvió ser postulado al Globo de Oro, en 1966, el cual ganó, como actor principal. Fue, además, su segunda colaboración con el realizador británico David Lean.

Es insólito que al actor casi no le emocionaba hablar de esta película, a la que consideró siempre muy melosa o exageradamente sentimental y a la que responsabilizó de su divorcio de Hamama.

“El surgimiento de Sharif coincidió con el momento final de la gran época del cine, previo a la crisis terminal de los grandes estudios de Hollywood y de las producciones multitudinarias de aliento épico, como las de Lean. Esa manera de actuar se fue perdiendo con el tiempo. Quedaron para él papeles episódicos en miniseries históricas europeas y algún homenaje en vida, como el de sus últimos papeles en pequeñas producciones”, agrega Stiletano.

El rostro de Sharif pasó por comedias y otros filmes de menor escala. Fue notable su participación en la cinta Funny Girl, un musical de William Wyler, con Barbra Streisand –con quien sostuvo una relación fuera de cámaras–; así como la extraña interpretación del líder revolucionario Ernesto ‘Che’ Guevara, en la cinta Che! También una divertida y breve aparición, como asesino, en La pantera rosa ataca de nuevo. Y su inolvidable caracterización en Super secreto (Top Secret!)

En el 2008 fue el narrador del filme 10.000 antes de Cristo, de Roland Emmerich. Y sus últimas actuaciones fueron en Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran (premio César en la categoría de mejor actor, en el 2003), en la película franco-marroquí Rock the Casbah y en el corto 1.001 Inventions and the World of Ibn Al-Haytham. Este último se encuentra en posproducción y fue avalado por la Unesco.

En total, el paso de Sharif por el cine y la televisión incluye 117 producciones.

“Estoy muy triste por el fallecimiento de Omar Sharif. Tuve la oportunidad de trabajar con una leyenda”, tuiteó Emmerich. Así mismo, Antonio Banderas, quien compartió con él en 13 guerreros (una fallida apuesta de acción y épica), expresó su dolor en las redes sociales: “Mi gran amigo Omar Sharif ha fallecido. Lo extrañaré. Él fue uno de los mejores”.

Y en otro mensaje, lo describió como un “magnífico contador de historias, un amigo fiel y un alma sabia”.

De viajes y adicciones

Como artista, al actor egipcio se lo consideró un nómada: la sala de su casa eran los estudios y las locaciones de los cientos de rodajes en los que participó.

Le gustaba hablar en español y siempre recordaba una etapa de su vida cuando vivió en Madrid, junto con su familia, o las extenuantes jornadas de trabajo en Almería, mientras rodaban Lawrence de Arabia. Buena parte de su existencia la pasó hospedado en hoteles.

Al divorciarse de su esposa, apostó por la soledad y no se volvió a casar. A pesar de la fama de seductor y de amante del juego, lo cierto es que el actor egipcio siempre desmintió “esas leyendas excesivas”.

Aseguró en muchas ocasiones que llevaba una vida sencilla y que la fama siempre fue una sorpresa efímera en su carrera.

“Duermo en hoteles, como en restaurantes y las mujeres no tienen interés en vivir conmigo”, bromeó en una entrevista.

Durante la década de los 90, fueron famosas sus andanzas por los casinos europeos, donde se especuló que en noches de apuestas llegó a perder más de un millón de dólares jugando bridge.

Sharif nunca estuvo del todo satisfecho con su carrera, y su gusto por el juego y los casinos fue solo una manera de romper la monotonía y luchar contra la soledad; así como la expresión de una característica de su personalidad: el riesgo.

“Nunca veo más de una vez mis películas –comentó en una charla con el programa español Días de cine–. Por ejemplo, de Doctor Zhivago solamente he visto el principio y es porque aparece mi hijo, que interpretó a mi personaje cuando era niño”.

Sus últimos comentarios siempre estuvieron enfocados en el amor por sus nietos y su familia, su gusto por el vino y el sueño de cerrar su ciclo vital aprendiendo griego antiguo.

“Cuando conozca el idioma, voy a leer los textos de Homero en griego. Eso es lo que quisiera hacer antes de morir”, señaló.

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