El arte de vivir lento cuando todo va rápido

El arte de vivir lento cuando todo va rápido

El movimiento slow tiene cada vez más adeptos en el mundo. Buscan mejorar la calidad de vida.

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09 de julio 2015 , 08:36 p. m.

Justo cuando la tecnología y la productividad obligan a las ciudades a tener un ritmo frenético, miles de ciudadanos en todo el mundo han decidido cambiar su estilo de vida y forzar a las ciudades a que les devuelva la calidad de vida.

Se trata del movimiento slow (lento), que ha exportado desde Europa hacia el resto del mundo una filosofía que busca recuperar formas de vivir que se desvanecen cuando no hay tiempo para disfrutar los lugares donde vivimos. (Gráfico: ¿Cómo va el desempleo en las principales urbes del mundo?)

Lo primero, en esta tendencia, está en la mesa. Tomarse el tiempo para comer, no comida chatarra, sino con ingredientes que no exijan largos viajes ni consumo energético, y que ayuden al mundo a vivir así, más lento. (Lea también: Usar tecnología geoespacial para urbes sostenibles)

Justamente, de esa reflexión nace el movimiento, en Roma (Italia), con la llegada de una cadena multinacional de comida rápida en 1986. Para la capital de la pasta, esa forma de alimentarse era la evidencia de que algo andaba mal con la sociedad. No obstante, teóricos como Jane Jacobs ya concebían esa corriente al menos 20 años antes.

Luego, está el transporte. Para Carl Honoré, una de las autoridades en el tema, “esto implica conducir menos y caminar, pedalear o patinar más; que construir una red fuerte de transporte sea una prioridad para los políticos”. (Lea: Cómo hacer mejor las ciudades / cápsulas)

Así, lo ideal es vivir cerca al trabajo para poder llegar en poco tiempo y sin afán, preferiblemente, a bordo de una bicicleta o a pie; que cuando se use algún medio de transporte, este no supere los 30 kilómetros por hora. Los ahorros en tiempo de viaje se pueden invertir en actividades que permitan aprovechar la ciudad en ocio, en el encuentro con la familia y los amigos.

Esto implica un reto para el transporte público, pues debería dejar de verse como un medio para llegar rápido y convertirse en un cúmulo de experiencias que permita el encuentro entre personas, tal y como lo propone Georges Amar, director de Prospectiva RATP Francia.

Un tercer pilar de este estilo de vida les exige a las ciudades proveer acceso al espacio público, al ocio y al entretenimiento.

Según Jan Gehl, reconocido urbanista autor de libros como ‘Ciudades para la gente’ y ‘La vida entre edificios’, esto es posible si en los primeros niveles de los edificios hay comercio como restaurantes, galerías y cafés para que la gente comparta tiempo junta; también, si los barrios se construyen de tal manera que las relaciones entre vecinos sean fuertes y si la escala de la ciudad es humana.

¿Qué es la escala humana? Gehl dice que los tamaños de los edificios y de las plazas deben permitir que las calles tengan rostros, que las personas puedan reconocerse. Casi como pequeños pueblitos dentro de los centros urbanos.

En palabras del propio urbanista, esto es lo que debe cambiarse: “Los obstáculos urbanos, el ruido, la polución, la poca cantidad de espacio, el riesgo de accidente y condiciones de uso casi siempre deplorables son el panorama general con el que deben enfrentarse los usuarios”.

Pero tal vez uno de los mayores retos para el movimiento slow es cambiar el ritmo de trabajo, cuando hay horarios extenuantes y herramientas que permiten laborar a cualquier hora. Según el manifiesto de esta corriente, hoy “las multitudes confunden el frenesí con la eficiencia”.

¿Cómo revertir la tendencia? ¿Qué tanto de esto es responsabilidad de los gobiernos locales y qué tanto de los privados? Ese es un debate que aún se da, pero Carlos Felipe Pardo, de la fundación Despacio, considera que acogerse a esta filosofía es lo mejor para las empresas.

“Está demostrado que la productividad decae cuando se trabaja más de ocho horas diarias. Cuando las empresas, por ejemplo, bloquean el acceso al correo electrónico a ciertas horas y exigen que se cumpla un horario, los empleados entienden que las horas laborales son para trabajar y no dejan para casa o para tiempos de ocio algunas tareas”, señaló.

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