Pasaron de capturar ladrones a atender el parto de una niña indígena

Pasaron de capturar ladrones a atender el parto de una niña indígena

Se convirtió en una odisea de la que hoy se sienten orgullosos. Menor tiene tan solo 14 años.

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07 de julio 2015 , 08:02 p. m.

En una sola habitación, donde escasamente hay una cama, un colchón extendido en el suelo, una estufa a gasolina y ropa que cuelga de tendederos improvisados, vivía la pequeña indígena de 14 años que dio a luz este lunes en la tarde, luego de que dos policías hicieran las veces de parteros.

Cerca de las 2 de la tarde, cuando un subintendente y un patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá estaban a pocos minutos de terminar su turno, recibieron una llamada de la central de radio que los alertó sobre “una mujer embarazada, con dolores y que no tenía quien la atendiera”, recordó el patrullero Luis Alberto Villalobos.

Estaban en la calle 13 con carrera 14, centro de Bogotá, haciendo una jornada de patrullaje cuando comenzó su odisea. De perseguir delincuentes en la calle, pasaron a atender un parto. Salieron en su moto hacia la carrera 15 con 19, en el barrio La Favorita.

La primera imagen –asegura Villalobos– no se le borra de su mente. La pequeña estaba sentada sobre una cobija, en medio del desorden. Al lado, una anciana que les habló poco. Lo suficiente para saber lo que tenían que hacer. “Le duele”, fueron sus palabras.

Villalobos y el subintendente Javier Silva se pusieron guantes de látex (los cargan por si los requieren en algún evento donde haya heridos) e iniciaron el procedimiento. “Ella no hablaba y yo tenía nervios. Lo único que le decía era que respirara e hiciera fuerza en el abdomen (...). Fui el primero en recibir a la pequeña en las manos. Fue una experiencia muy bonita y estamos felices”, agregó.

Las únicas palabras que la menor de 14 años pronunció –con la voz entrecortada– fueron dos: “Gracias, policía”.

Madre e hija fueron trasladadas al Hospital Materno Infantil, en una ambulancia, que solo tardó tres minutos luego de que diera a luz.

Aunque ya habían hecho mucho, los policías se negaron a dejarla a su suerte. “Vimos la pobreza en que vivía esa niña –señaló Villalobos– y es muy duro”.

Tras acompañarlas al hospital, a donde fueron trasladadas del lugar donde se hallaban, salieron a comprarle cuatro pacas de pañales, tres vestidos, un semanario (juego de camisetas para la primera semana del bebé). Incluso, en la tienda les regalaron dos cobijas.

Lo que estaba a medias

Pero esa historia, más allá de la valiosa labor de los uniformados, causó impacto entre los ciudadanos. Ni las propias autoridades se explicaban por qué la niña resultó embarazada a su edad ni cómo estas comunidades –ella pertenece al grupo de los embera chamíes– se hospedan en lugares prácticamente inhabitables cuando llegan a la ciudad.

En sus cuentas, solo en la casa donde fue hallada la niña, viven unas 10 familias. Estos sitios son conocidos como ‘pagadiarios’, casas que cumplen la función de los inquilinatos (donde viven varias familias), pero cuyo costo se cancela diariamente, y no quincenal o mensualmente. En general, viven en hacinamiento.

Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), es en el centro de Bogotá donde se concentra la mayor población indígena (pijao, nasa, wayú, embera, etc.) que llega a la capital, y lo hace en casas de este tipo. Vienen de regiones como la Orinoquia, el Amazonas, el Cauca, Nariño, Santa Marta y La Guajira.

Las razones por las que deben iniciar una nueva vida aquí –muchos de ellos, víctimas de la violencia– están relacionadas con desplazamiento forzado o voluntario. Precisamente, sobre el caso de la pequeña, que se recupera satisfactoriamente, se sabe que ella y su familia habían arribado a la ciudad con el ánimo de que pudiera recibir una atención médica oportuna. Incluso, ya se preparan para regresar al departamento del Cauca, de donde son oriundos.

Sin embargo, la pregunta que este martes se hacían varios usuarios de redes sociales era si el embarazo de la menor fue producto de un abuso sexual, pues tener relaciones con una mujer menor de 14 años es un delito que, como tal, es castigado por la justicia.

Pero, de acuerdo con el ICBF, entidad que ya conocía el caso de la menor y que, asegura, la apoyó durante su embarazo, en este no se aplica una restitución de derechos de la bebé, como sí pasa cuando hay violencia intrafamiliar, agresión sexual, abandono u otros comportamientos en los hogares, porque oficialmente existe una unión marital.

La pareja, de acuerdo con la entidad, se casó en su territorio, como es común en su cultura. “El concepto de adolescencia no existe, en la mayoría de los casos. Son niños y niñas que pasan a la adultez, por lo que conforman familia”, explicó Carlos Arenas, sociólogo del ICBF, Bogotá.

A eso se suma que la menor, de 14 años, hacía parte del grupo madres Fami (hogares comunitarios donde se encargan de madres gestantes y lactantes, y de los niños hasta de 2 años) y que la recién nacida goza de buena salud.

Con campaña Policía ayuda a madre

La Policía Metropolitana de Bogotá también inició una campaña para ayudar a la joven madre y a la recién nacida. Este martes, a las instalaciones de la Policía (en la avenida Caracas n.° 6-05) habían llegado pañales y ropa.

Los uniformados insistieron en la necesidad de esta madre de recibir aportes e hicieron un video, que publicaron en la cuenta de Twitter @PoliciaBogota, para pedir donaciones. Para hacerlas puede comunicarse con el 300-2135973.

Población infantil indígena rodea los 3.000

Cientos de niños de distintas comunidades indígenas viven en Bogotá. De acuerdo con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), tanto ellos como sus familias necesitan de una atención diferencial.

Para Carlos Arenas, sociólogo de la entidad, regional Bogotá, la razón es que deben tener un conocimiento sobre sus costumbres y tradiciones, de manera que se reconozca a sus líderes indígenas, y trabajar con sus cabildos.

Esta menor, que dio a luz el lunes, por ejemplo, hacía parte del grupo madres Fami, para mamás lactantes y embarazadas.

La Secretaría de Integración Social atendió el año pasado a 1.727 menores de edad y, hasta abril del 2015, 659 pequeños recibieron atención en jardines infantiles, casas de pensamiento y en el ámbito familiar.

Llegan a estas zonas de Bogotá no solo porque allí se ha logrado ubicar su comunidad, sino también porque la vida es más barata. Sin embargo, viven en condiciones de hacinamiento.

Entre otros esfuerzos que se hacen para preservar su cultura, en los sitios “se han incluido preparaciones autóctonas que buscan el acercamiento a las tradiciones culturales y la preservación de la identidad étnica”, explicó la Secretaría de Integración Social. Solo pertenecientes a los embera chamíes, hay unas 5.000 personas en el país.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
Escríbanos al correo electrónico aleser@eltiempo.com o, en Twitter, a @alejandraPSG.

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