La vida en el pueblo donde la gelatina se congela al aire libre

La vida en el pueblo donde la gelatina se congela al aire libre

#PueblosInsólitos: En Vetas (Santander), sus habitantes viven a 3.350 metros sobre el nivel del mar.

06 de julio 2015 , 07:02 p.m.

Desde septiembre del 2013, fecha en que fue inaugurada en el pueblo una cancha de minifútbol o fútbol 8, en Vetas (Santander) se han perdido más de 50 balones que han caído a un inmenso precipicio desde la parte más alta del municipio, situado a 3.350 metros sobre el nivel del mar.

A pesar de que el lugar está rodeado por una malla de 9 metros de altura, una permanente brisa gélida, que ‘cala’ en los huesos, desvía la trayectoria de las pelotas que terminan en el fondo de un abismo en la población considerada como la más alta del país.

En los primeros ocho partidos que se disputaron en la cancha de gramilla sintética, donde la Gobernación de Santander invirtió cerca de 1.000 millones de pesos, se extraviaron 12 balones que permanecen en el fondo de una de las montañas del páramo de Santurbán.

Ángelo Arias Arias, coordinador de Recreación y deportes del pequeño pueblo habitado por 2.000 personas, precisó que el ‘soroche’ (falta de adaptación al poco oxígeno en la altura) es muy común entre los jugadores que llegan de Bucaramanga o poblaciones vecinas.

“En los torneos que hemos organizado en la cancha institucionalizamos que los cambios en los equipos sean ilimitados para evitar los desmayos que produce la altura. También nos acostumbramos a jugar con la espesa niebla que a veces cubre todo el pueblo afectando la visibilidad en el día”, agregó el funcionario.

Para sentir la falta de oxígeno, con los consecuentes síntomas de fatiga y el corazón palpitando aceleradamente, basta con recorrer algunas de las calles empinadas del municipio donde por el intenso frío no usan neveras en las 19 tiendas que hay en sus pequeños barrios.

En el establecimiento ‘El sol es para todos’, situado frente al parque principal, las botellas de gaseosas, vinos, champañas, jugos, maltas, yogur, bebidas hidratantes, cervezas y barras de mantequilla, entre otros productos, se encuentran en los viejos estantes de madera del negocio familiar fundado hace más de 70 años.

Para sorpresa de los visitantes las bebidas tienen una temperatura similar a la que manejan los envases que se mantienen en los refrigeradores.

Alba Mercedes Villamizar suele tener sus productos por fuera de refrigeradores en la tienda que administra. Jaime Moreno / EL TIEMPO

Alba Mercedes Villamizar, dueña de la tienda que a sus 76 años de edad tiene menos arrugas que cualquier mujer de 60, asegura que el frío, sumado al consumo de infusiones con plantas del páramo, la han ayudado a mantener en buen estado su piel y salud.

Adolfo García, propietario del micromercado La Marmaja, dice que la fruta tampoco requiere refrigeración porque los 10 grados centígrados de temperatura promedio en el día –en la madrugada desciende a 2 grados- conserva los alimentos que se exhiben fuera de las neveras.

Intenso frío

Por estar ubicado en medio de las montañas y el exuberante ecosistema que conforman el páramo de Santurbán, en Vetas, situado a 67 kilómetros al nororiente de Bucaramanga, son muy comunes las temperaturas bajas y un viento fuerte que atraviesa los huesos de hasta los más calenturiento.

En el Colegio San Juan Nepomuceno, donde estudian 310 jóvenes, las ventanas de los salones nunca se abren y, según el rector, Hernando Santana, los alumnos prefieren usar sus sudaderas completas en las clases de deportes que se realizan en un viejo coliseo en la institución o la cancha de fútbol que, por su ubicación, es conocida como ‘La milagrosa’ o ‘La Increíble’.

Mostrando un recipiente en el que mantiene sólida en su escritorio la gelatina que consume todos los días, sin requerir de nevera, la secretaria de Gobierno local, Rosmary Lizcano, narra que en todos los hogares tienen duchas eléctricas para bañarse con agua tibia, pues nadie soporta la baja temperatura del agua que produce dolores de cabeza a quienes se “atrevan” a mojar con agua fría.

“Vetas es la nevera más grande del país. Hace dos semanas vinieron de Bucaramanga varios artistas a una actividad cultural y uno de ellos se desmayó. Les tuvimos que suministrar aguadepanela con aguardiente para que lograran terminar su presentación. En diciembre, la época más fría, las pilas (lavaderos) amanecen tan congelados que tenemos que partir con cuchillo el agua”, reveló Lizcano.

Mito, realidad o simple agorismo, el aguardiente se convirtió en el ‘tónico’ que para los vetanos los ayuda a combatir el frío, principalmente en la noche.

Para mitigar el frío puede ayudar el consumo un vaso del licor, que cuesta en las tiendas 2.000 pesos, o la mezcla del aguardiente con café (carajillo) o panela y canela (canelazo) “para que el cuerpo resista tanto frío. En las ferias, en enero y julio, los turistas traen el aguardiente en termos”, añadió la secretaria de Gobierno.

Comida y ropa

En los seis almacenes que hay en el pueblo minero los guantes, sacos, chaquetas y bufandas son los elementos que más se venden en cualquier época del año porque siempre hace frío.

Luz Esther Pérez, técnica de apoyo de la Umata, cuenta que el caldo de papa y la típica mazamorra (sopa de maíz con tripa y papa) son platos infaltables en la gastronomía local pues proporcionan las calorías necesarias para soportar el intenso frío que en las noches de diciembre, la época más extrema, registra temperaturas de hasta -2 grados centígrados.

Pero Vetas no solo tiene el casco urbano y la cancha de fútbol más alta del país. También tiene la escuela que a más metros sobre el nivel del mar se encuentra en Colombia.

En la cancha de fútbol de Vetas el mayor reto no es hacer goles, sino que los balones no se vayan por un abismo. Jaime Moreno / EL TIEMPO

En una de las dos vías de acceso al municipio se encuentra una variante donde aparece un aviso de la CAR CDMB en la que advierte que la zona forma parte de las 11.700 hectáreas incluidas en el Parque Natural Regional de Santurbán para proteger las fuentes de agua y el ecosistema de la actividad minera y agrícola.

Por esa pequeña vía se accede a una escuela donde una profesora y 11 alumnos se reúnen todos los días en un salón ubicado a 3.620 metros de altura. Allí, aunque el viento es más fuerte y el frío más penetrante, los niños y su maestra realizan sus actividades sin ningún reparo en el pueblo que con su cancha de fútbol y sus costumbres soportan las inclemencias de un clima adverso.

FÉLIX LEONARDO QUINTERO
Enviado especial EL TIEMPO
Vetas (Santander)

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