Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

Los colegios son instituciones tan viejas que ya no saben cómo funciona el mundo. Eso tiene cambiar.

notitle
06 de julio 2015 , 05:42 p. m.

No entiendo muy bien en qué momento los colegios empezaron a diagnosticar. A partir de cuándo encontraron potestad para decir que un niño inquieto e inteligente es un niño enfermo. Tampoco comprendo bien qué criterios están utilizando para que el niño que se aburre con el lúgubre ambiente de un salón escolar termine siempre obligado a asistir a consulta con un terapeuta. ¿En qué momento nuestros niños empezaron a ser enfermos y los colegios se transformaron en experimentados doctores que convierten las virtudes en condiciones médicas?

Los niños deben jugar, correr, experimentar el mundo y no pasarse ocho horas del día en un asiento poniéndole atención a un profesor que les habla de quién sabe qué tema aburrido que en unos meses olvidarán. El desarrollo de un niño depende de su interacción con el ambiente y no de conocimientos puntuales que a fuerza le quieren imponer. La comprensión, la creatividad, la curiosidad y otras tantas virtudes propias de todos los niños que son, en palabras de los planteles, ‘indisciplinados’ son más importantes que esa cualidad en la que siguen sustentadas las prácticas pedagógicas colombianas: la torpe y olvidadiza memoria que no cuestiona nada.

Es fácil decir que un niño tiene un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, cuando se utilizan metodologías pedagógicas que datan de finales del siglo antepasado. Cualquier ser humano se aburre después de dos horas de estar sentado escuchando un tema al que no le encuentra sentido ni aplicación práctica. La pedagogía que se utiliza en la mayoría de los colegios debe replantearse por completo, modernizarse, encontrar un sentido nuevamente.

Pero para sacar a la educación de la era industrial y de producción en masa, se requiere pensar, algo a lo que los colombianos no estamos del todo acostumbrados. Si no hacen algo previamente en Suecia, Suiza, Alemania, Inglaterra o Norteamérica para que lo podamos copiar, somos generalmente incapaces de innovar, incapaces de creer en las ideas propias, en las estrategias autóctonas con sentido. Estamos tan acostumbrados desde el colegio a solo memorizar lo que otros han inventado y lo que otros han descubierto que se nos olvidó cómo hacer las cosas de una forma diferente. Ese es el eterno problema de nuestro sistema de educación.

Los colegios tienen que hacer mejor el ejercicio. Dejar de ser doctores y volver a lo que les compete, cuestionando por qué hay niños que son tremendamente inteligentes e inquietos y se aburren, y qué pueden hacer para potencializar las capacidades de ese niño en vez de reprimirlas enviándolo a un consultorio.

Ahora que está tan de moda en el país este concepto de la innovación que lleva años desarrollándose en otros lugares, acuñaré la expresión ‘Colombia necesita innovación pedagógica urgente’. Necesita que los niños puedan educarse más en la práctica, en competencias para la vida diaria, en cuestionarlo todo, en inventar y en crear, en pensar por sí mismos, en comprender, en soñar, en trabajar para hacer sus sueños realidad.

Los colegios son instituciones tan viejas que ya no saben cómo funciona el mundo. Y esto tiene cambiar.

Y que piensan que estas metodologías antiguas forman personas disciplinadas, responsables y respetuosas; deberían mirar a su alrededor para darse cuenta de la gran cantidad de personas que han sido educadas en las supuestas mejores instituciones y colegios de este país y a diario dan ejemplo de que la educación, con sus antiquísimas prácticas pedagógicas, tal y como las conocemos, ha fallado por completo. Los niños inquietos no son enfermos, no tienen ningún problema. El problema real es de la educación colombiana, que se resiste a cambiar. No me malinterpreten, hay colegios que están haciendo muy bien su trabajo, pero desafortunadamente no son la mayoría.

Arturo Argüello
arturo.arguello82@gmail.com

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.