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'Mi papá era un no violento que denunciaba la violencia'

'Mi papá era un no violento que denunciaba la violencia'

Héctor Abad Faciolince y su familia recuerdan a su padre en el documental 'Carta a una sombra',

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de julio 2015 , 12:36 a. m.

“Cuando mi mamá y yo encontramos a mi papá en un charco de sangre, lo primero que hicimos fue buscar en sus bolsillos. Mi mamá le quitó el anillo de matrimonio y yo le saqué la billetera y un par de papeles que tenía enrollados en un lado de la chaqueta. Uno era la lista de amenazados por los paramilitares, donde estaba su nombre, y el otro, casi envolviendo el anterior, contenía el soneto de (Jorge Luis) Borges: El olvido que seremos”.

El ya célebre recuerdo del escritor Héctor Abad Faciolince vuelve a estremecer en el documental Carta a una sombra, que se puede ver en los cines del país y que hace una semblanza del patriarca antioqueño Héctor Abad Gómez.

El escritor fue el primero en llegar, junto con su madre, Cecilia Faciolince, a la céntrica calle de Medellín donde yacía el cadáver del médico antioqueño Abad Gómez, asesinado el 25 de agosto de 1987.

Las imágenes de mi abuelo en el suelo son muy fuertes; pero el cine te acerca a eso de forma violenta”, cuenta Daniela Abad, hija del escritor Abad Faciolince y codirectora del documental, junto con el cineasta Miguel Salazar.
Esta es la primera vez que se ve masivamente esa escena, capturada aquella fatídica tarde. Ni siquiera los Abad Faciolince la recordaban.

“Los noticieros tal vez no la mostraron o nosotros, en el dolor de ese día, no vimos o no quisimos ver. Vinimos a verla cuando Miguel y Daniela estrenaron el documental en Cartagena (en el pasado festival de cine). Es duro volver a ese momento, pero al mismo tiempo confirma el recuerdo, dice que la herida que hay en nuestro pasado es absolutamente real (...). A mí me parece que ese documento le da una realidad a la película que las palabras de mi libro quizá no podían transmitir del todo”, recuerda el autor paisa en entrevista con EL TIEMPO.

El libro que menciona es El olvido que seremos, un referente de la literatura colombiana y columna vertebral del filme.

“Yo escribí el libro casi sin documentos, basado en mi memoria, en la de familiares y amigos de mi padre. Miguel y Daniela hicieron la película basándose en documentos (...). Lo revelador para mí fue comprobar que la memoria amorosa que yo tenía de la vida de mi papá, y la memoria terrible de su asesinato, se podían comprobar”, agrega.

El asesinado Héctor Abad Gómez nació en Jericó, en 1921. Se graduó de médico e hizo una maestría en Salud Pública en la Universidad de Minnesota. Desde muy joven se dedicó a las campañas preventivas y a desvelar problemas de sanidad que afectaban a los habitantes de Medellín; por ejemplo, la potabilidad del agua. Como profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, se distinguió por sus clases charladas. Ya jubilado, se dedicó a su familia; a la jardinería, otra de sus pasiones, y a las peligrosas causas políticas, como activista de derechos humanos.

“Encontramos archivos privilegiados, como la participación de mi abuelo en la marcha del silencio (...). Nos ayudó mucho lo que tenía Carlos Bernal, un publicista y realizador audiovisual, que en aquella época le estaba haciendo la campaña a la alcaldía”, cuenta Daniela.

Para Salazar, el mayor reto fue “convertir la vida de Héctor Abad Gómez en un relato cinematográfico. Cómo llevar las letras a la pantalla”, agrega el también historiador.

El otro documental

La relación de Miguel Salazar con los Abad Faciolince empezó con el novelista, poeta y columnista paisa, quien hizo las veces de narrador en el documental La toma (2011), acerca de los trágicos hechos del Palacio de Justicia, que dirigió Salazar.

Abad Faciolince le pidió al cineasta que formara parte del proyecto sobre su padre, que tenía en mente su traductor al holandés, Jos den Bekker.

“En ese primer documental, yo solamente ayudé a gestionar cosas con la familia. Pero sentí que los holandeses no terminaban de entender la historia. Yo no dije nada. Sin embargo, Miguel sintió lo mismo. Nos pusimos de acuerdo para retomar la historia, hace poco más de dos años. Ahí nació Carta a una sombra”, cuenta Daniela, quien se formó como cineasta en Barcelona.

Creo que Miguel puso la experiencia y el profesionalismo; y mi hija, la cercanía: tal vez hay cosas que una familia solamente le confesaría a un miembro de su propia familia”, agrega el también autor de textos como Tratado de culinaria para mujeres tristes, Traiciones de la memoria y La oculta.

El documento fílmico alterna, durante 73 minutos, imágenes y audios de archivo con los relatos de las vivencias y recuerdos de la viuda de Abad Gómez y de sus hijas; así como de amigos, entre otros, el fallecido exmagistrado y candidato presidencial Carlos Gaviria.

La producción revela emociones desconocidas de Abad Gómez, como el amor que sentía por su hija Martha, cantante y compositora, a quien el cáncer se llevó prematuramente a los 16 años. Sin embargo, y tal como ocurre en el libro, el hilo argumental de la historia recae en la relación del único hijo varón de la casa con su papá: de Héctor con Héctor.

“Lo que más me enorgullece de él es algo obvio: que nada de lo que hizo me avergüenza. Que lo que hizo lo hizo por convicción, no por oportunismo. Y que lo mataron por defender ideas justas, y no por hacer nada malo”, dice Héctor Abad hijo.

Un relato de no violencia

Incluso por encima de convencer a la familia Abad Faciolince para que participara –algo que más bien sucedió de forma fácil y fluida–, el problema mayúsculo para Daniela Abad y Miguel Salazar era reconstruir la vida de este hombre de gran influencia para el pueblo antioqueño, y situar el relato en el contexto histórico y político del país, marcado por los prejuicios y la violencia.

“Mi papá era, ante todo, un hombre no violento, que propiciaba siempre la vía del diálogo y la reconciliación. Un no violento que denunciaba con furia la violencia, viniera de donde viniera: desaparecidos, secuestros, atentados, asesinatos selectivos o masacres. Él mismo nos enseñó en la familia a odiar la violencia, a amar la vida siempre y a no ser vengativos. Yo espero que ese mensaje de tolerancia, e incluso de perdón, se aprecie en la película”, aduce el escritor, de 57 años.

Además de la vasta investigación de los realizadores, varios golpes de suerte acompañaron el rodaje, como el recorrido a caballo que hace Abad Faciolince desde la finca paterna hasta el centro de Jericó, que recrea uno de los actos de rebeldía que hicieron famoso a su abuelo y por el que fue excomulgado: entrar a la iglesia sin desmontarse.

“De eso me enteré en el momento de rodar allá; así que fue perfecto para lo que queríamos: un documental poético; claro, inevitablemente político e histórico, pero, sobre todo, que tuviera poesía, en donde se leyeran versos y se vieran las montañas”, comenta Daniela, para quien buena parte de lo que investigó fue novedoso, pues tenía un año de edad cuando su abuelo, de 65, fue asesinado a tiros por un sicario. Un crimen que permanece aún en la impunidad.

El médico de Jericó

Fragmentos en video, fotografías, recortes, registros sonoros de Héctor Abad Gómez –de su programa radial y mensajes para su familia–, folios con investigaciones médicas y documentos y textos escritos a máquina o a mano. El testimonio de su sonrisa amplia, su compromiso con los demás y el amor por lo que hacía: Carta a una sombra recoge su legado para la posteridad.

Siento que con el paso del tiempo el documental va a ganar fuerza. Hay una sensación que dejó la publicación del libro, y espero que a la película le pase lo mismo: la batalla contra el olvido”, explica Daniela Abad, quien solo le enseñó la película a su papá cuando la finalizó. “Esa fue la primera vez que me emocioné; discerní lo duro que iba a ser para él y mi familia. Nos pusimos a llorar los dos”.

El cierre de la producción denota otro punto de la vida del fallecido Abad Gómez: su devoción por la poesía y la música. Una canción interpretada por la familia ensalza el amor incondicional de un hombre por una mujer. “Se la compuso mi abuelo a mi abuela, y la cantaba mi tía Martha, él la escribió y ella le puso melodía”, recuerda Daniela.
Carta a una sombra llega a las salas en un momento crucial para la historia del país, en medio de un proceso de paz. “Es una coincidencia casual. Hay un mensaje claro de una familia que no tiene ni pensó nunca en el rencor”, explica Salazar.

¿Fue el corazón de su padre algo ingenuo para la violencia que lo rodeó?

“Él tenía la ingenuidad que caracteriza a muchas personas buenas, que, por el mismo hecho de serlo, atribuyen la bondad a los demás –responde Abad Faciolince–. Creía que mediante el diálogo racional y los argumentos se podía llegar a acuerdos. No creía que por sus protestas y artículos lo fueran a matar, salvo, quizá, las últimas semanas de su vida. Decía todo lo que pensaba, como un niño, sin medir las consecuencias de su franqueza. En ese sentido, sí; él era inocente, como usted dice: inocente en todas las acepciones de la palabra”.

SOFÍA GÓMEZ G.
Cultura y Entretenimiento

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