¿Qué dirán?

El papa Francisco, con su encíclica Laudato Si, ha puesto a mucha gente a leer por primera vez.

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05 de julio 2015 , 03:52 a. m.

El papa Francisco, con su encíclica Laudato Si, ha puesto a mucha gente a leer por primera vez un texto de esta naturaleza. No puede negarse que tiene razón Yolanda Reyes porque, en cuanto a temas como el aborto, la homosexualidad y, de alguna manera, la equidad de género, nada de nada; pero, en cambio, la andanada que el Papa les da a los economistas, a la tecnocracia, a los poderosos y a los banqueros sí nos alegra mucho a quienes llevamos deseando que dejen de ser intocables.

Es una luz en el camino para estos sectores marginados de la corriente eficientista el hecho de que el Papa se salga del molde para atacar problemas estructurales de este mundo actual, causados por unas élites desproporcionadamente ricas y poderosas y, en demasiados casos, corruptas.

Palo para los economistas y la tecnocracia: “La política no debe someterse a la economía”, al tiempo que critica seriamente el eficientismo de la tecnocracia, además de plantear cambios en las relaciones actuales entre la economía y la política. ¿Será que sus palabras sobre la necesidad inaplazable de poner la economía y la política “al servicio de la vida, especialmente de la vida humana” tocarán por fin no el corazón, sino la mente de estos fríos profesionales (en el caso de los economistas) y de estos peligrosos políticos que pululan en Colombia? En estos momentos, cuando a unos y otros los une la frustración por su excesivo triunfalismo y por su descrédito, respectivamente, ¿será posible que estos planteamientos toquen a los jóvenes tecnócratas y nuevos políticos, que no muestran aún grandes diferencias con el pasado?

Palo para los empresarios y los políticos: mejor definición, imposible: “Las empresas se desesperan por el rédito económico y los políticos por conservar o acrecentar el poder y no por preservar el medioambiente y cuidar a los más débiles”. Reconoce el Papa en su encíclica algo que ha sido evidente para muchos, pero que estos protagonistas del siglo XXI consideran pura demagogia: el bien común, por encima del beneficio privado. En otras palabras, no solo el hoy y el ahora que dominan los análisis y los intereses de economistas y políticos.

¿Cuántas veces hemos escuchado a nuestra tecnocracia hablar del bien común por encima del beneficio inmediato? Pocas, pero esta visión es inexistente en la mayoría de nuestra clase política. El papa Francisco reconoce esta falencia de manera contundente: “La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación”.

Palo para los banqueros: en este momento es oportuno su llamado a los banqueros, superpoderosos en nuestro país: “La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que solo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación”. ¿Cuántos bancos les hemos regalado a los superricos? Mejor aún, ¿cuántas veces hemos salvado a los bancos con nuestros impuestos?

Palo para los gobiernos: esa obsesión por la inversión extranjera de nuestros dirigentes, que solo miran los dólares y no el desarrollo y sus consecuencias, encuentra en el papa Francisco un llamado perentorio: “Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras”. ElectriCaribe, por ejemplo.

Palo para el modelo económico vigente: esta es su frase, que lo dice todo: “La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”. ¿Alguien ha pedido perdón?

¿Tendrán eco estas reflexiones en nuestros arrogantes economistas; nuestros banqueros dueños de todo; en nuestros políticos indecorosos?

Cecilia López Montaño

cecilia@cecilialopez.com

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