'Tenemos sed, pero sin peces también tendremos hambre'

'Tenemos sed, pero sin peces también tendremos hambre'

200 mil habitantes de Tumaco sufren por la falta de agua. Ataque dejó sin alimentos a la comunidad.

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05 de julio 2015 , 12:33 a. m.

Fueron cinco horas las que decenas de mujeres con sus hijos menores y adolescentes esperaron bajo un intenso sol a una orilla de la carretera de ingreso a Tumaco. Llegaron poco después de las 7 de la mañana llevando ollas, vasijas plásticas y tinajas ante el anuncio de la repartición de agua. La sed no daba espera.

Madres y jóvenes de todas las edades del barrio El Porvenir hicieron una fila ordenada y hasta alinearon sus recipientes por turno de llegada, todos pendientes de un carrotanque que les suministraría el agua que ya empezaba a escasear. Sin embargo, hacia las 12:30 del mediodía del viernes y con la angustia de no haber recibido una sola gota del preciado líquido, decidieron bloquear la vía en ambos sentidos. De inmediato se formó un enorme trancón y minutos después el lugar estaba lleno de policías y soldados.

El cierre duró una media hora y se evidenció la angustia por la falta de agua que es casi generalizada en Tumaco, pese a los esfuerzos de las autoridades locales para atender el desabastecimiento provocado por el atentado de las Farc el 21 de junio contra el oleoducto Transandino, cuyo derrame de unos 10.000 barriles de crudo –unos 400 mil galones– afectó tres ríos, entre ellos El Mira, donde se halla la bocatoma del acueducto que abastece la población de casi 200 mil habitantes.

Llevamos aquí toda la mañana, unos carrotanques han llegado con agua hasta La Carbonera que está unas cuadras abajo y otros han seguido derecho; dicen que es para las veredas. Pasan de largo y nosotros aquí muriendo de sed. La única agua que hemos tenido es de lluvia y de hace siete días, pero se nos acabó. No tenemos para cocinar y para nuestro aseo personal. Estamos sin bañarnos”, dice Martha Lucía Torres.

Claudia Fuentes, que hace parte del grupo de ciudadanos inconformes, resalta que les toca comprar entre cuatro y cinco bolsas de agua al día para preparar los alimentos, cada una a unos 3.000 pesos. “No hay bolsillo que aguante y no queda agua para los sanitarios ni para lavar la ropa”, anota.

El drama se repite en un centenar de barrios de las cinco comunas. Con el río Mira por un costado, que en sus tramos finales mide hasta 600 metros de ancho, y con el océano Pacífico al frente, los habitantes de este puerto en el extremo suroccidente del país viven, paradójicamente, un intenso drama por la falta de agua.

Compra de agua agota los recursos

Niños y adultos con vasijas, unos a pie, otros en triciclos acondicionados para llevar cargas, en motos o carros. La escena es recurrente en cada sector. Edward Campaz, taxista, dice que cada día sale con la angustia de saber que en su casa su esposa Silvia y sus dos niños, de apenas 3 y 7 años, quedan sin nada de agua y que la compra de botellas y bolsas de agua está agotando sus recursos. “Eso es lo de consumo vital. Con lo poco que traigo hacemos lo que podemos. A los niños nos toca bañarlos en platones y esa agua se aprovecha luego para los sanitarios”, cuenta.

Las autoridades estiman que la población requiere 600 mil litros diarios, pero que con los carrotanques y el agua donada que ha llegado desde Pasto y otros municipios, apenas se alcanzan a cubrir 400 mil litros. Para agilizar los recursos fue decretada la emergencia sanitaria y ambiental.

El secretario de Gobierno de Tumaco, Jader Chillambo, asegura que hay todo un trabajo interinstitucional de la Nación, la Gobernación y el municipio con apoyo de organismos de socorro y la Fuerza Pública para abastecer la comunidad, pero advierte que las necesidades superan los recursos. “La Armada está colaborando. Inicialmente llegó un buque cargado de agua desde Buenaventura con 7.000 galones. Ahora hay tres que hacen un ‘puente’ desde Ecuador”, sostiene.

Las canoas de los pescadores también son usadas para llevar agua a las veredas y comunidades retiradas. Gustavo Martínez Cordero, de la Oficina de Gestión de Riesgo de Nariño, expone que “ninguna distribución será suficiente para suplir el servicio del acueducto, pese al arduo trabajo interinstitucional”.

Por su parte, Álvaro Salcedo Restrepo, gerente de Poliductos de Ecopetrol y quien está al frente del comité incidental constituido para atender la emergencia, indica que se crearon 28 puntos de control con barreras para contener y extraer el crudo. “Son 435 personas en estas labores. Se ha logrado recuperar unos 3.000 de los 10.000 barriles derramados. Un 38 por ciento se evapora. Hoy se mantienen 22 de esos puestos de control y el trabajo seguirá hasta que sea necesario”, dice.

Aunque ya se hizo una limpieza de la bocatoma del acueducto, se deben realizar pruebas de laboratorio para determinar cuándo se puede reabastecer el servicio con normalidad.

Sin agua ni sustento

Mientras la población, en general, sufre por el agua, los pescadores padecen el doble, pues se les acabó su sustento diario. Jaime Bedoya, presidente de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Tumaco, calcula en 10.000 millones de pesos las pérdidas, tan solo en el sector pesquero ante la contaminación marina y de los ríos.

Lo grave es que al afectarse el enlace entre el río y el mar –el 33 por ciento de las 76.000 hectáreas de manglar del sur de Tumaco terminaron afectadas por la mancha de crudo– puede tardar varios años el retorno del equilibrio ecológico y de la economía.

El ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, sostiene que el Gobierno asignó 2.000 millones de pesos para proyectos productivos con el fin de aliviar los efectos del desastre y estimó en 2.000 el número de pescadores afectados. A ellos les prometió “soluciones integrales que les permita garantizar su seguridad alimentaria”.

Uno de los afectados, Cristóbal Guerrero, dice que pasó de sacar peces a sacar petróleo. Su lancha de siete metros se veía negra por la maleza cubierta de crudo sacada a orillas del Mira. “No hay cómo coger picudo, camarón ni pez sierra. Yo salía a las 3 o 4 de la mañana y regresaba a las 5 de la tarde con unos 5 o 6 kilos de camarón que se vende a 35.000 pesos y unos 30 o 40 kilos de picuda a 6.000 pesos cada uno. Salíamos dos y eso nos daba para cada familia –expresa–. Esto me lo enseñó mi padre y con esto pude criar a mis 11 hijos”.

Pablo Fidel Estacio es otro de ellos. Recuerda que en los primeros días la mancha de petróleo era espesa y tras una semana de recolección ya son pocos puntos y se concentra en la maleza que crece en las orillas.

Ambos pescadores expresaron que no sabían cuánto les pagarían por su labor, pero que les habían manifestado que “sería buena paga”.

Ellos y otros 10 pescadores permanecían en el sitio El Tigre, un estero hasta donde llegaban con sus barcazas totalmente cubiertas de crudo. Unos 15 técnicos de Ecopetrol y contratistas dirigían la operación. En bolsas especiales, el material se recopilaba a orillas de la carretera Tumaco-Pasto y parte era llevada a un carro cisterna y otra a camionetas.

Aun cuando el crudo había sido retirado del río, seguían llegando trozos de madera y vegetación cubierta con el hidrocarburo.

En la labor participaban unas 15 mujeres cabeza de hogar de las veredas Cristo Rey, Inguapi, El Guadual, Nueva Reforma y Brisas del Acueducto.

Esperanza Benavides, una de ellas, expresó que el martes que el crudo llegó a la bocatoma era como una espesa ‘alfombra negra’.

Cubría todo el río, que en este punto tiene unos 300 metros de ancho, y eran unos 40 centímetros de espesor. Sacábamos crudo, peces y maleza. El pescado lo enterrábamos aparte para evitar epidemias al quedar podrido”, precisa.

Como la pesca se acabó y la agricultura no es sostenible, el temor es que cuando termine la recolección se retiren las operaciones y no quede ninguna ayuda, al tiempo que la repoblación de peces y camarón puede demorar meses y años.

Por eso la población teme que la tragedia sea mayor con el paso de las semanas, pues ya este año 352 negocios habían cerrado por los ataques de las Farc contra la torres de energía que provocaron apagones. “Ahora tenemos sed porque no llega agua y en unas semanas, sin peces, tendremos hambre porque no hay nada que hacer”, dice Yeini Quintero, una de las mujeres que ayuda, por estos días, a limpiar el crudo derramado.

Un drama de siempre

La falta de agua en este puerto no es un problema nuevo. Tanto en el Porvenir como en Viento Libre, San Martín, Pedro Arizala y otros barrios, la queja es que este es un drama de siempre, pero que se agravó con el atentado que contaminó el río Mira. “En Tumaco el agua se alterna un día por comuna a la semana. Uno se programa, llena las tinas y tanques, pero ahora es terrible la falta desde hace 10 días”, cuenta un habitante de Viento Libre.

Por eso, los pozos de agua subterránea constituyen un alivio, pero solo en algunos sectores, aunque hay que esperar horas para poder llenar los baldes. Enis Ramos, de 60 años y quien ha vivido siempre en Viento Libre, resalta el espíritu visionario y de servicio a la comunidad que tuvo su mamá Josefa Ramos, ya fallecida, al construir un pozo para extraer agua. “Ese pozo lleva aquí desde que tengo memoria. Antes solo yo lo usaba, pero estos días toda la comunidad se ha volcado acá para llevar agua”, comenta. El pozo tiene unos cuatro metros y está recubierto con concreto. A menudo los muchachos, mujeres y algunos pocos adultos mayores se congregan con recipientes plásticos, y otras mamás aprovechan para bañar a sus hijos y a sus nietos.

Desde allí y en un triciclo de carga, Anthony, de 16 años, recorre a fuerza de pedal cuatro cuadras llevando 11 tinas cargadas con el líquido. “En mi casa tengo que llenar tres tinas y para cada una son tres viajes”, señala. Además, debe surtir otras dos casas de allegados y varios amigos esperan a que termine para que les preste el rústico transporte.

IVÁN NOGUERA
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