De cuándo escupir los vinos / Hablamos de vinos

De cuándo escupir los vinos / Hablamos de vinos

No escupa el vino en la cena so pretexto de que es eso lo que se hace en ámbitos de conocedores.

04 de julio 2015 , 06:23 p. m.

Es probable que alguna vez lo hayan visto. En situaciones, digamos, profesionales en torno al vino, está bien visto escupirlo.

Así, tal como suena. Hay una cubetera especial en donde la persona que cata, y sin disimulo alguno, vierte el líquido que acaba de saborear en su boca.

A veces me han preguntado si es que esto es parte también del protocolo del vino en la mesa. Y desde luego que no lo es. De hecho, cuando a uno lo invitan a catas en restaurantes en donde hay otros clientes que nada tienen que ver, yo no escupo, por respeto a las otras personas que están comiendo allí.

Así es que no. No se les ocurra escupir el vino en la cena so pretexto de que es eso lo que se hace en ámbitos de conocedores. Aparte de absurdo, sería una falta de educación con sus compañeros de mesa.

Por obvias razones

La razón principal por la que se escupe el vino es bastante obvia: si uno no lo hiciera, al vino número diez estaría borracho o, al menos, con los sentidos lo suficientemente adormecidos como para no entender mucho de lo que se está degustando. Y como las degustaciones profesionales suelen ser largas, de veinte o treinta vinos cada una, escupir es la norma.

Hay excepciones, claro. Un amigo periodista chileno se jacta de que él no escupe nunca, ni en degustaciones. Yo he estado con él, lo he visto zamparse treinta muestras y más, y luego salir lo más compuesto, como si nada.

Si yo intentara hacer algo así, les garantizo que terminaría bailando encima de una mesa. Y si ya sobrio soy un bodrio de bailarín, imagínense el espectáculo.

Lo que también me preguntan con frecuencia es cuántos vinos, escupiendo, puede uno probar sin agotarse. La respuesta depende de cada uno y también depende de para qué es la cata. Yo, por ejemplo, voy por los 80 vinos en un día, lo que suena a una enormidad, pero lo cierto es que no es tanto una vez que uno domina la técnica. Y esta técnica no tiene nada de física cuántica. Es solo cuestión de práctica y ya.

Ochenta vinos catados y, quizás más agotador aún, con sus notas de cata. Pues esos 80 vinos equivalen perfectamente a unas 15 páginas de texto.

Sin embargo, el asunto cambia cuando solo se trata de un sí o de un no. Este me gusta, este lo selecciono y este otro no. Así, yo puedo hacer el doble, lo que también suena muy impresionante, pero la verdad es que, entre mis colegas, ese número es promedio.

¿Y ustedes, cuánto pueden catar? Hagan la prueba, pero escupiendo, porque de lo contrario el ejercicio terminará en otra cosa y al día siguiente no tendrán ni idea de lo que probaron.

Patricio Tapia
Especial para EL TIEMPO

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