El día que la ciencia aterrizó en Quibdó

El día que la ciencia aterrizó en Quibdó

La chocoana Bonnie Prado lidera el primer campamento, en alianza con la Universidad de Purdue.

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01 de julio 2015 , 10:42 p.m.

Compartió el sueño de muchos niños: llegar a la Nasa. Pero cada vez que lo decía, los comentarios de la gente alejaban su ilusión hasta los confines del universo.

La pregunta siempre fue la misma: ¿Cómo una niña del Chocó iba a llegar a la Nasa? Bonnie Jessenia Prado nació en Quibdó, capital chocoana, tierra que padece todos los males. Donde cuando hay para comer, no hay para estudiar. Donde no siempre hay agua ni luz. Un territorio olvidado por el Estado.

Las necesidades de su pueblo nunca le avergonzaron. Al contrario, la motivaron a buscar una oportunidad. Así logró su título de Ingeniera Electrónica de la Universidad Javeriana en Bogotá.

Con la ayuda del ingeniero aeroespacial colombiano César Ocampo, hoy decano de la Escuela de Ciencias Exactas e Ingeniería de la Universidad Sergio Arboleda y entonces docente de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos), consiguió una pasantía para un proyecto de investigación en esa universidad estadounidense.

Esto le abrió puertas a una maestría en Ingeniería Aeroespacial. Hoy, adelanta sus estudios de doctorado en Astrodinámica y Aplicaciones Espaciales en la Universidad de Purdue.

Lleva siete años viviendo en Estados Unidos, pero cada diciembre hace lo imposible para volver a casa a visitar a la familia y los amigos. Este año llegó antes de esa fecha y con un motivo especial: ayudar a su gente. No trajo comida, que escasea. Tampoco dinero. Volvió para compartir conocimiento.

Logró una alianza con la Universidad de Purdue para tener en Quibdó, por primera vez, un campamento de verano de ciencia y tecnología.

¿Ciencia si hay hambre y necesidades? “Sí, porque abre oportunidades para cumplir los sueños por más imposibles que se vean”, dice.

Impulsando la Experiencia Afrolatina

Los participantes del campamento fueron elegidos entre estudiantes de octavo grado de tres colegios de las zonas más vulnerables de Quibdó: la Institución Educativa Pedro Grau y Arola; la Institución Educativa Gimnasio de Educación Media, y la Institución Educativa Departamental José del Carmen Cuesta Rentería.

Entre ellos conformaron grupos para, en jornadas de 10 de la mañana a 5 de la tarde, recorrer un tema diario: matemáticas, física, agricultura, biología y electrónica.

Weimar Pacheco, de 16 años, es uno de los elegidos. Desde el inicio del campamento, el lunes, ha participado en los talleres de física, electrónica y biología. “En física creamos una especie de pista para manejar un carro y medir velocidad y tiempo. En electrónica, una especie de circuito para hacer funcionar alarmas y una especie de ventilador, y en biología estamos aprendiendo de los roedores”, señala.

Confiesa que llegó con poca expectativa, porque se imaginaba algo más básico. “La verdad es que no me esperaba ver algo tan bueno”, reconoce, y resalta que es una muy buena oportunidad para la región.

“La idea es despertarles las ganas de estudiar ciencia y de perseguir tecnología”, señala Bonnie, de 29 años.

Su propósito es, a futuro, fortalecer una organización que produzca talento humano en zonas vulnerables. La base ya está, se llama Experiencia Afrolatina (en inglés, The Afrolatina Experience, ALE) y nació hace un año por iniciativa de Bonnie.

“Empecé a tocar puertas y así el Centro Cultural Latino de la Universidad de Purdue fue el primero que me apoyó. La mayoría de comunidades afro no solo en Colombia sino en Latinoamérica comparten una situación social de marginalidad, sin mucho desarrollo tecnológico y poco interés en la ciencia”, explica Prado.

Empezaron con foros y proyectos sociales para hacer su labor más visible. Con aliados y más personas involucradas lanzaron su propuesta: sacar a esas comunidades de la falta de oportunidad acercándolas a la ciencia y la tecnología.

Así se gestó la idea del campamento, que comenzó el lunes y se extenderá hasta este viernes. Junto a Bonnie llegaron a Quibdó el director del Centro Cultural Latino de la Universidad de Purdue, Aurelio Curbelo-Ruíz; el profesor de agricultura Morris Levy, que hace parte de un convenio que tiene esa universidad con Colombia, y que se llama CPI, Colombia Purdue Institute, y Benji Loney, quien trabaja con Google y hace parte del proyecto.

El diseño del currículo y las actividades, que mezclan clases, juegos y actividades prácticas, lo ideó Bonnie con Clara Mosquera, chocoana también, quien acaba de finalizar su doctorado en la Universidad de Texas en Ingeniería Electrónica.

“Esperamos de acá a algunos años poder exportar estos talentos que estamos formando hoy, pero no solo que se vayan sino regresen a la región para que el progreso sea nacido acá mismo. No tenemos que esperar a que alguien venga a solucionarnos los problema, el ideal es poder formar el talento para que se quede en la región y ayude al desarrollo de la misma”, insiste Prado.

Por eso quieren que este proyecto sea anual y que los participantes de este campamento sean la primera promoción. “Esperamos en cuatro años tener la primera promoción y que esta pueda ir a la universidad. A ellos, año a año se les sumarán nuevo grupos. Es una propuesta ambiciosa, pero sabemos que podemos conseguirla”, dice Bonnie.

En busca de apoyo

Al apoyo de la Universidad de Purdue se sumaron entidades locales y departamentales, como el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, la Personería y Cochechocó, que empujaron para hacer realidad el campamento.

Pese a esa colaboración, tuvieron que sacar algún dinero propio los impulsores y acudir a una campaña en Internet para recaudar más fondos. “Utilizamos una plataforma reconocida en Estados Unidos para lanzar una campaña y buscar donaciones. Logramos 3.225 dólares hasta ahora de unos 3.600 que nos faltaban. Funcionó y estamos muy contentos por ese apoyo”, celebra Bonnie.

Pero mantener su proyecto y lograr continuidad requiere de mayor apoyo. “Una vez este primer programa termine queremos usar el resultado para mostrarles a entidades que hay forma de salir adelante, que es un proyecto que promete. Ojalá logremos conseguir nuevos colaboradores o un patrocinador grande que decida invertir en los niños y el talento que hay acá”, añora Prado.

Su sueño de llegar a la Nasa sigue intacto. Y está cerca. “Tal vez porque las estrellas se alinearon hoy estoy trabajando proyectos que financia esta agencia”, dice.

Ahora, a esto le suma la consolidación de Experiencia Afrolatina y multiplicar iniciativas de ciencia y tecnología que transformen a Chocó.

NICOLÁS CONGOTE GUTIÉRREZ
Redactor de EL TIEMPO

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