Fernando Botero y su homenaje a las santas

Fernando Botero y su homenaje a las santas

"Después de dibujar poses del Kamasutra me pusieron de penitencia pintar santas", dice.

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01 de julio 2015 , 03:00 p.m.

Como si fuera omnipresente, el reconocido artista colombiano Fernando Botero, a través de sus obras, se encuentra en muchas partes del mundo. No es extraño encontrarse con dos o más exposiciones suyas al mismo tiempo.

Tal es el caso de ‘Santas’, la exposición que presenta en Zúrich, en la Galería Gmurzynska, que lo representa. Fue allí mismo donde, hace dos años, el antioqueño presentó una serie de dibujos llamada Boterosutra.

También se destaca su participación en el Festival de los Dos Mundos, (Spoleto, Italia), que va hasta el 12 de este mes, y cuyo afiche oficial es una obra de Botero. En el evento se exhiben 48 esculturas de su colección privada, y su participación fue reseñada por Elaine Sciolino, en 'The New York Times'.

A propósito de la serie de óleos de gran formato que se exponen en donde el maestro representa a Santa Clara, Santa Casilda, Santa Isabel o Santa Catalina, el maestro cuenta, a manera de broma, que después de dibujar poses del Kamasutra "me pusieron de penitencia pintar santas”.

Aunque no cree en santos, pues no le parece muy lógico que haya personas que intercedan por nosotros en el más allá, le llamó la atención la manera como estos personajes son retratados a través de la historia del arte, como en el siglo XIII, cuando eran predominantes las pinturas religiosas.

El artista, junto a una de las obras de la serie 'El circo', que expuso este año en Medellín, en el Museo de Antioquia. Foto: Raúl Arboleda / AFP

“Después de la Revolución Francesa, el tema se dejó de tratar bastante”, le dijo a EL TIEMPO vía telefónica desde Pietrasanta, donde tiene un taller. Y por eso mismo, le interesó retomarlo. Se puso a investigar, a través de libros y por internet, la historia de mujeres que han sido canonizadas.

Así llegó a conocer, por ejemplo, la historia de Santa Bárbara, que fue martirizada debido a su fe. De hecho, una falange de su dedo reposa en una iglesia, la de San Jaime de Moncada, en Valencia (España).

Por eso, en la representación que hizo Botero esta mujer aparece con uno de sus senos descubiertos, que muestra una incisión profunda. O la de Santa Adriana, una mujer de la que se dice fue esclava de un príncipe frigio,  que murió ejecutada por creer en Cristo. En este cuadro, un pequeñísimo Fernando Botero aparece arrodillado frente a ella. “Fue una decisión de último momento (risas)”.

Y es que aunque Botero se interesa en temas en cuya época no eran tan flexibles, como el hecho de pintar santos, lo cierto es que al momento de realizar una pintura, en palabras del artista, "se tiene mucha libertad”. Lo anterior, refiriéndose a otro elemento que llama la atención de las pinturas, los trajes que visten las santas. Tienen tacones, visten fadas largas o a las rodillas y usan guantes. “Es un homenaje, como si fueran princesas”.

El antioqueño cuenta que no le ha llamado la atención retratar otras religiones. Admite que “a veces es agnóstico, y a veces no”, pero que el hecho de haber nacido y crecido en Antioquia hace que la religión católica sea muy cercana a él. Es más, la ve como algo incluso folclórico, refiriéndose a las costumbres que existen en nuestro país alrededor de esta religión, como las festividades, por nombrar algunas.

Por eso, a lo largo de sus más de cinco décadas como pintor y escultor, el tema religioso ha estado muy presente. Como su serie ‘Viacrucis’, que le donó al Museo de Antioquia y que ha viajado por Chile e Italia, y que se presenta hasta septiembre en el Palazzo Reale di Palermo, y que ha recibido más de 100.000 visitantes. “Este es un palacio muy importante”, comenta con orgullo el pintor.

El 11 de julio, Botero inaugura otra exposición. Será en el Museo Hangaram, en Seúl, con 90 pinturas, como ‘Bailarina en la barra’, y algunas obras recientes.

Esta es una de las 48 esculturas que se exhiben del maestro en el Festival de los Dos Mundos, en Spoleto (Italia). Foto tomada de www.festivaldispoleto.com/

A diferencia de muchas personas que buscan reposar del trabajo, Botero encuentra en este su principal descanso, y lo ha repetido en varias ocasiones. Por eso, a sus 83 años, pinta mínimo ocho horas diarias.

Luego, sale con su esposa, la escultora griega Sophia Vari, a recorrer la ciudad o pueblo donde estén; salen a comer o se toman un trago. Un aguardiente, si están acá en el país. Es ahí, en su trabajo en el taller, donde entre bocetos y anotaciones surgen estas series: “Siempre se me van ocurriendo ideas en el taller”.

A la pregunta de si veremos una exposición de él en el país, aparte de la serie 'El Circo', que se presentó en febrero en el Museo de Antioquia, el artista dice que siempre está la posibilidad de ver algo de él, refiriéndose a las obras que se exponen en el Museo de Antioquia y en el Museo Botero, en Bogotá.

Frente a la reciente participación de artistas colombianos en bienales de arte como la de Venecia (Italia) o la Habana (Cuba), Botero dice que es algo muy positivo y que los artistas “deben ser exhibidos” para darse a conocer por fuera del país, tanto por museos como por galerías que estén interesados en representarlos.

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